Para las empresas, mantener una coherencia y un diálogo constante, explica Paola Basaure Barros, es clave para la gestión y protección responsable de los ecosistemas intervenidos.
La sostenibilidad, definida como la capacidad de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones para satisfacer las suyas, es fundamental en el contexto de la transición energética.
Este concepto abarca tres pilares principales: ambiental, económico y social.
En el ámbito ambiental, implica la gestión prudente de recursos y la minimización del impacto ecológico para mantener los ecosistemas y su capacidad de regeneración.
Económicamente, la sostenibilidad busca la eficiencia y la viabilidad a largo plazo de las inversiones y proyectos, ya sean energéticas, mineras o de otras industrias de desarrollo, asegurando que los beneficios económicos no solo sean inmediatos sino duraderos.
Socialmente, la sostenibilidad promueve la equidad y la participación, garantizando que los avances y beneficios de la transición energética sean accesibles para toda la comunidad.
Como líder del área de sostenibilidad de una de las empresas de transmisión energética más grande del país, Paola Basaure Barros analiza y plantea los desafíos en la materia gracias a su experiencia en participación ciudadana, vínculo con las comunidades y desarrollo de proyectos que potencian el desarrollo.
En ese sentido, para Basaure, Vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Transelec, en el marco de la transición energética en nuestro país, la sostenibilidad se observa, por un lado, en la integración de tecnologías limpias y renovables que aprovechan recursos naturales abundantes como el sol y el viento, sin agotarlos.
Pero, por otro lado, también reconoce los esfuerzos por establecer políticas claras de sostenibilidad se sustentan en la importancia de la relación con las comunidades y fortaleciendo un compromiso social consciente.
Cuando los desafíos de desarrollo se cimentan en las necesidades, como el desarrollo y la necesidad energética, empresas como Transelec marcan la pauta para llevar a cabo este tipo de procesos.
Desafíos futuros: Sostenibilidad y energías renovables
La estrategia de transición energética de Chile se centra en alcanzar una matriz energética con un 70% de electricidad proveniente de fuentes renovables para 2035 y la carbono neutralidad para 2050.
Este ambicioso plan se apoya en los abundantes recursos naturales del país, como la alta radiación solar en el desierto de Atacama y los fuertes vientos en sus costas, que son ideales para la generación de energía solar y eólica.
Gracias a la geografía local, la energía solar y eólica son particularmente relevantes, con la región de Atacama recibiendo algunos de los niveles más altos de radiación solar del mundo y extensas zonas costeras que ofrecen condiciones ideales para la generación eólica.
Sin embargo, los principales desafíos están relacionados con la integración de estas energías intermitentes en la red nacional. La infraestructura existente debe adaptarse para manejar la variabilidad de la producción de energía renovable y garantizar la estabilidad del suministro eléctrico.
Para abordar estos desafíos, el país ha invertido en la mejora de la infraestructura eléctrica, como la interconexión de los sistemas eléctricos del norte y centro del país, lo que ha permitido una mayor eficiencia en la transmisión de energía, cualquiera sea su fuente de origen.
La construcción de infraestructuras como matrices, interconexiones o líneas de transmisión, desarrollo de proyectos para alimentar la redundancia energética y la expansión de la capacidad son materias ampliamente reconocidas como desafíos a la hora de implementar planes de desarrollo sostenibles.
¿Cómo lograr esa relación y lo más importante, que sea vinculante? Para Paola Basaure, desde su expertise en la evaluación, desarrollo e implementación de proyectos, esto se logra a través de una combinación de políticas gubernamentales, inversiones en tecnologías renovables y una fuerte participación en el mercado global de hidrógeno verde.
“El camino hacia la transición involucra planes de infraestructura que apoyen la expansión de, por ejemplo, la capacidad de electrolizadores para la producción de hidrógeno verde, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y disminuyendo las emisiones de carbono”, expresa Paola Basaure.
Adicionalmente, debido a la fuerte penetración del mercado del litio y el enfoque inclusivo en la gestión de este mineral y otros recursos críticos refleja la dimensión social de la sostenibilidad, buscando una distribución justa de los beneficios y un desarrollo que respete tanto a las comunidades locales como al medio ambiente.
Transelec: compromisos con el desarrollo sostenible

Estas acciones, que enlazan la viabilidad económica con la responsabilidad ecológica y social, son claves para avanzar hacia una economía más verde y equitativa.
Y es que no es una materia sólo enfocada en la inversión y la gestión de las empresas, sino también en las necesidades crecientes de las comunidades y las generaciones futuras.
Desde el área, Paola Basaure destaca cómo Transelec, a través de seis pilares fundamentales de sostenibilidad basados en su política interna como en sus servicios, clientes, logran un importante vínculo con la ciudadanía y las autoridades.
Desarrollo y excelencia operativa son los objetivos que Transelec aplica en su trabajo diario. Según Paola Basaure, estos elementos guían sus funciones hacia la búsqueda de nuevas fuentes de desarrollo energético renovable, proyectos y análisis de impacto.
Los pilares de la empresa se basan en la relación con los colaboradores y servicios, dividiéndose entre la integridad, que con una conducción ética de los negocios busca fortalecer la confianza con sus grupos de interés y promoción de valores; la comunidad, que promueve instancias de mesas de trabajo, proyectos de inversión social y procesos de participación anticipada; medio ambiente y una mirada multidisciplinaria en coordinación con autoridades y comunidades para minimizar el impacto; seguridad, que establece planes para trabajadores y personas que conviven con la infraestructura y finalmente una política de transparencia a través de reportes y gestiones.
Así, la empresa aborda de manera proactiva los retos de la transición energética con un enfoque sostenible que integra consideraciones ambientales, laborales, sociales y económicas.
Iniciativas que aportan al objetivo de cero emisiones
Un elemento crucial de esta estrategia es la expansión y mejora de la infraestructura de transmisión eléctrica, lo que ha permitido una mayor integración de energías renovables variables en el sistema nacional.
Como ejemplo, los trabajos de interconexión de los sistemas eléctricos del norte y centro de Chile ha reducido el desecho de energía solar y eólica, pasando de un 22% de recorte en 2017 a solo un 1% en 2019.
Por otro lado, el rol de las industrias de extracción en el uso y explotación de los recursos es cada vez más relevante, siendo las empresas motores y canales de innovación y nuevos desarrollos a favor de fuentes renovables y limpias.
Como Vicepresidenta del área de sostenibilidad de Transelec, Paola Basaure reconoce el trabajo en investigación, innovación y participación para comprender y recoger las necesidades no sólo del rubro sino también de las comunidades que conviven con el impacto de la minería.
Esto representa un enfoque más amplio que busca diversificar los procesos industriales tradicionales eliminando la dependencia de fuentes de agua dulce y minimizando el impacto ambiental en las regiones afectadas por la escasez hídrica.
Sobre la contribución de estas iniciativas limpias, Basaure explica: “Este tipo de proyectos responden a las necesidades inmediatas de un sector tremendamente relevante para el desarrollo económico del país, pero también para el desarrollo de las comunidades. La ciudadanía convive con la minería y los desafíos de integración y aporte social son cada vez más exigentes”, señala.
“Al convertirnos en la primera empresa en suministrar agua de mar (desalada o no) e integrar nuestra infraestructura a la transmisión de energía, reforzamos nuestro compromiso con la sostenibilidad”, enfatiza.
Desafíos y oportunidades
Además, no sólo los desafíos hídricos son prioridad. Chile está invirtiendo en la innovación de hidrógeno verde con el objetivo de establecer la mayor capacidad de electrolizadores instalados a nivel mundial, buscando posicionar al país como un exportador líder de hidrógeno y sus derivados.
La estrategia incluye atraer inversiones privadas y establecer un ecosistema de hidrógeno doméstico que prioriza aplicaciones en refinación de petróleo, camiones mineros y de carga pesada, autobuses de largo recorrido, y la mezcla en redes de gas.
Todo esto, en el plano social y también económico, va de la mano con el diseño de políticas energéticas inclusivas y justas.
La nueva estrategia nacional de litio, por ejemplo, apunta a que la extracción y desarrollo de este recurso crítico para la energía renovable sea equitativa y ambientalmente sostenible. Esto incluye el control de la industria del litio al Estado, asegurando que los beneficios de su explotación se compartan con las comunidades y contribuyan al desarrollo del país.
A nivel internacional, Chile también se está posicionando como un destino atractivo para los desarrolladores de energía solar y eólica, gracias a su legislación favorable y la ampliación del rol del estado en la planificación energética.
Para las empresas, aplicar esta perspectiva con dimensión social es crucial en tiempos que demandan compromiso y transparencia, respondiendo ante las demandas de participación e involucramiento en el desarrollo de las comunidades con las que conviven.
Aplicando estas iniciativas, Chile no solo avanza hacia sus objetivos de sostenibilidad energética, sino que también establece un modelo de cómo una transición energética integral y justa puede ser implementada en un contexto de desarrollo económico y social.


