La despedida de Francisco en Buenos Aires se convirtió en una emotiva celebración en la que la comunidad, compuesta mayoritariamente por jóvenes, marginados y militantes sociales, se unió para rendir homenaje al papa que tanto simbolizó la lucha por los excluidos. La misa, oficiada por el arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva, en las escalinatas de la Catedral, se transformó en una fiesta popular, reflejando el legado de un líder que abogó por una «Iglesia pobre para los pobres’’. A pesar de que no fue una despedida masiva comparable a su impacto global durante su papado, la Plaza de Mayo resonaba con los ecos de su llamado a la acción.
La presencia de asistentes como Miguel Infante y Federico Galiano, quienes llegaron desde Santa Cruz con un mensaje claro de agradecimiento hacia Francisco, simboliza la conexión que el papa logró establecer con los más vulnerables. Ambos compartieron sus historias de lucha contra las adicciones y cómo la figura del papa les dio esperanza. “El papa es para mí la liberación de las drogas, de la pobreza, la esperanza”, comentó Miguel, mientras sostenía una pancarta que agradecía al pontífice por su compromiso con los pobres. Esta conexión entre la figura de Francisco y los marginados refuerza la imagen de un líder que no solo habló de cambio, sino que inspiró acciones.
La Catedral de Buenos Aires, que fue testigo de los significativos momentos de la vida de Jorge Bergoglio, amaneció resguardada por un amplio operativo policial, preparándose para un evento que, lejos de ser débiles, prometía ser vibrante a pesar de la escasa asistencia. Con pantallas gigantes, ambulancias y hasta un despliegue similar al festival Lollapalooza, la misa pretendía capturar la esencia festiva de una comunidad que no se detiene. A pesar del extenso montaje, se observó una gran cantidad de sillas vacías, pero los presentes, en su mayoría jóvenes y marginados, trajeron consigo el espíritu combativo que Francisco alentaba: “hagan lío”, susurraban entre ellos.
El evento también destacó las voces de quienes están en la primera línea de la lucha social, como Sonia Martínez, directora de un comedor en Berazategui, quien con lágrimas en los ojos agradeció a Francisco por su apoyo constante. Sonia explicó la difícil situación que enfrenta su comedor, que ha visto aumentar la demanda tras la asunción de nuevas autoridades. Esta representación de la realidad social en la misa enfatiza el objetivo de mantener vivo el legado de Francisco, instando al futuro papa a seguir sus pasos en la lucha por los derechos de los más necesitados.
Finalmente, la ceremonia culminó en una notable procesión con la foto de Francisco montada en un jeep del Ejército, un acto simbólico que reflejaba su espíritu de servicio y compromiso con los que menos tienen. Entre el bullicio de la celebración, los asistentes regalaron al papa un último mensaje: «¡Andá al cielo y hace mucho lío desde allá!» El ambiente se llenó de música, baile y risas, recordando que la despedida de Francisco era mucho más que un mero adiós; era una celebración de su vida y de su implacable lucha por la justicia social. En medio de choripanes y murga, la comunidad adquirió fuerza, iniciando una nueva etapa donde el legado del papa seguirá vivo y activo.


