El Pabellón de la Santa Sede se ha presentado en la 61ª Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia como un refugio silencioso en el bullicio de la ciudad. Ubicado en el Giardino Mistico dei Carmelitani Scalzi, este espacio invita a los visitantes a experimentar una profunda contemplación a través de paisajes sonoros cuidadosamente curados. Bajo la curaduría de Hans Ulrich Obrist y Ben Vickers, la instalación «El oído es el ojo del alma» ofrece un contrapunto espiritual a la dinámica de la Bienal, enfocándose en la escucha atenta y en el surgimiento de la belleza sonora en un mundo habitualmente saturado de estímulos visuales y sonoros.
En el recién inaugurado pabellón, cada paso de los visitantes es un acto de descubrimiento, ya que se les proporciona auriculares y un mapa que guía su travesía por el jardín. A medida que se mueven entre la vegetación y los senderos, una experiencia sonoro-por-chant, obra de artistas como Brian Eno y Patti Smith, emerge y se disipa, creando un diálogo íntimo con el entorno. La puesta en escena exige una desaceleración de la percepción, abriendo un portal al silencio que nos rodea y empujándonos a conectar con los matices sutiles del sonido, como el susurro del viento o el canto de los pájaros que habitan en el jardín.
Las obras presentadas no solo buscan entretener, sino activar un sentido opuesto al de la inmediatez que consume nuestra existencia moderna. El pabellón es un eco fiel de la visión de Hildegard de Bingen, donde el sonido y la sanación se entrelazan en una sinfonía de conciencia sensorial. En este contexto, el colectivo Soundwalk ha hecho un trabajo excepcional integrando la bioacústica del jardín, convirtiendo los movimientos naturales de la flora y la fauna en un paisaje sonoro vivo que extiende la percepción más allá de lo visual, invitando a los visitantes a desarrollar una escucha activa que transforma su experiencia emocional.
La experiencia se extiende a otro espacio ubicado en Castello, donde el Complesso di Santa Maria Ausiliatrice acoge una instalación contemporánea que reúne texto e intervención arquitectónica. Este scriptorium no solo celebra la obra de Hildegard, sino que también presenta creaciones de artistas contemporáneos que enriquecen el diálogo entre el pasado y el presente. Entre estas, destaca la obra final de Alexander Kluge, que se erige como un testamento a la importancia de la escucha en el arte, desafiando a los visitantes a reconsiderar lo que significa ‘ver’ a través del concepto de la audición.
Al final de su visita, el Pabellón de la Santa Sede deja una huella indeleble en la atención de quienes han pasado por sus instalaciones. Al promover una práctica de escuchar como conexión, se propone que el silencio y la calma encontradas en el jardín son, quizás, los antídotos más potentes contra el agotamiento del mundo contemporáneo. Este pabellón se convierte en un recordatorio de que la sanación se encuentra en las frecuencias más suaves y sutiles que aún resuenan en el corazón humano, reafirmando que en un entorno donde predominan los gritos y la prisa, la verdadera urgencia descansa en la calma de la contemplación.

