La tregua arancelaria de 90 días para el resto del mundo, excepto China, ha desatado un intenso debate interno entre los asesores económicos del presidente Donald Trump. Este periodo de espera se ha convertido en un campo de batalla donde los asesores intentan influir en las decisiones del mandatario estadounidense. Entre estos asesores, destacan dos figuras clave: Scott Bessent, secretario del Tesoro, y Peter Navarro, asesor comercial, quienes representan visiones divergentes sobre la política arancelaria. Bessent ha sido instrumental en convencer a Trump de dar marcha atrás en su guerra commercial contra diversas naciones, limitando su enfoque en la imposición de tarifas elevadas a China, que alcanzarían hasta el 145%. En contraste, Navarro, un aliado leal del presidente y defensor de políticas proteccionistas, ha visto cómo su influencia se ve amenazada.
Durante la reciente toma de decisiones, Navarro, quien no estuvo presente en la reunión final donde se debatieron estas estrategias, ha minimizado su ausencia, reiterando que la esencia del consejo es la capacidad colectiva del equipo que rodea al presidente. No obstante, aquellos que asistieron, incluyendo a Bessent y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, manifestaron su preocupación sobre la direccionalidad económica del país, sobre todo ante el aumento del rendimiento de los bonos del Tesoro. A pesar de la confrontación que estos hechos pueden causar, Navarro defendió al grupo, afirmando que su conjunto está dotado de múltiples habilidades que, sumadas, pueden ofrecer al presidente el mejor asesoramiento.
Bessent, motivado por el descontento respecto al caos administrativo tras el llamado «Día de la Liberación», tomó la iniciativa de volar de urgencia a Mar-a-Lago para tratar de alinear nuevamente las prioridades del presidente. La dinámica entre los asesores económicos de Trump recuerda a las tensiones del primer mandato, donde los choques entre los grupos pro-Wall Street y los pro-aranceles fueron moneda corriente. Esta dualidad en el equipo actual está representada por Bessent y Kevin Hassett en el lado pro-Wall Street, y por Navarro y Lutnick en el bando pro-aranceles, aunque, hasta ahora, no ha habido grandes luchas públicas dentro del grupo que cuestionen abiertamente al presidente.
La situación es aún más complicada cuando se considera la historia política de los aranceles, como lo advirtió el senador Rand Paul, quien recordó las consecuencias de políticas similares en el pasado que llevaron a la pérdida de representación en el Congreso. Paul enfatizó que no solo los aranceles son perjudiciales desde una perspectiva económica, sino que también pueden resultar desastrosos políticamente. Esta realidad política parece tener un impacto en Bessent, quien, aunque apoya en cierta medida las tarifas, tiene un enfoque más moderado y escucha atentamente a los mercados, evitando confrontaciones públicas con Trump.
El pulso por la influencia en las decisiones comerciales también refleja una división más amplia dentro del movimiento trumpista, entre las bases tradicionales de MAGA y los nuevos millonarios que integran la corte de Trump. Navarro, como figura emblemática de la vieja guardia, ha aprovechado la reciente agenda arancelaria para demostrar lealtad al legado de Trump. Sin embargo, personalidades como Elon Musk, que han expresado su deseo de eliminar gradualmente las tarifas, han generado fricciones con leales como Navarro, evidenciando las tensiones entre las nuevas generaciones de empresarios y las bases originarias del movimiento.


