Punta Arenas: “Ya no es la misma de antes”

Punta Arenas, la patagonía chilena

 

Hace algunos días, en El Pingüino, periódico de la ciudad de Punta Arenas, salió publicado un artículo testimonial en que algunas personas comentaban su experiencia con la delincuencia y hacían algunos acercamientos respecto al presente una ciudad que, para ellos, ya no es la misma de antes.

Lo que ocurre es que, en la ciudad más austral del país, han quedado a la orden del día delitos que antes acaecían con mucho menor frecuencia y menos osadía. Varias de sus víctimas relatan que la intranquilidad surge no sólo de los asaltos y robos, sino también de los permanentes ataques incendiarios a vehículos particulares, con diferentes motivaciones, que han obligado a los conductores a reforzar sus contratos de seguro de autos y movilizar cada vez más fuerzas en sus intentos de prevención del delito.

Según relata este medio puntarenense, María Teresa V. P., de 35 años, fue abordada por un niño de no más de doce años, que quiso arrebatarle la cartera. Ella, asustada y sin tiempo para pensarlo, reaccionó con una bofetada en la mejilla del menor, pudiendo proteger sus cosas, mientras circulaba por la calle Chiloé. Su principal miedo, es que pueda volver a ser reconocida por este pueril malhechor y recibir represalias por su atrevimiento.

Algo similar ocurrió con Ximena U. B., de 27 años, quien dice no salir nunca sola a las calles después de las seis de la tarde, pues hace algunas semanas fue interceptada por dos muchachas en la vía pública. “Cuando me dirigía al supermercado, allá en el sector sur, dos chiquillas se pusieron una adelante, la otra detrás de mí, y tuve que darles veinte mil pesos para poder continuar mi camino y que una de ellas guardara lo que parecía un cuchillo mediano”, relató a El Pingüino.

El empresario Julio Gómez, por otro lado, también fue víctima del delito en su casa. Según sus palabras, un par de ladrones logró ingresar a su residencia en el Barrio Sur y, para su suerte, no subieron a los dormitorios y sólo rondaron el primer piso, pues activaron la alarma de uno de los vehículos y delataron su presencia. “El número de delincuentes ha aumentado”, relata, tras haber sufrido, de todas maneras, la sustracción de dos chaquetas y un computador personal. Tras esto, Gómez debió instalar cámaras de seguridad y refuerzos del cierre de sus portones, pues dice ya no dormir tranquilo.

No obstante, el caso de la cuarta entrevistada es uno de los más llamativos, no precisamente por su crudeza, sino por la desesperanza con la que convive tras el delito del cual fue víctima. “¿Para qué vamos a poner una denuncia? Para puro perder tiempo, para arriesgarse y no recuperar nada. ¿Me olvido del susto? Tampoco, pero las autoridades tienen que hacer algo más y la justicia no dejarlos libres al rato después que los carabineros o los detectives los detienen”, expresó Claudia H. L., de 54 años, quien parece manifestar un sentir generalizado de la ciudadanía respecto a las gestiones de las autoridades en temas de protección social.

El delito del cual Claudia fue víctima tuvo un estilo muy similar a los anteriores, con características de intimidación y violencia. Un trío la interceptó en Martínez de Aldunate con Manuel de Salas y le quitó sus documentos y algo de dinero, mientras la amenazaban con un palo de béisbol y cuchillos. Claudia, a pesar de que cree conocer al del palo, no se arriesga a hacer acusaciones pues el temor a cualquier revancha la hace preferir el silencio.

 

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