La oportunidad de soñar los medios desde lo móvil y lo social (iRedes 2012)

Hace un par de años alcancé a estar muy pesimista sobre el futuro de nuestro sector informativo. En el mundo del internet dominado por Google no veía espacio sostenible para las redacciones numerosas de nuestros mejores medios, instituciones que sigo considerando  necesarias.

La crisis de los medios tiene su origen en una progresiva debilidad de la eficacia publicitaria por la saturación de mensajes desde los años 90.

A ese mundo medial complicado le cayó encima el tsunami digital. De repente nuestros mejores textos informativos se repartieron gratuitos convertidos en simples feeds de letras sin personalidad, con los que eso si, llegábamos a audiencias antes impensadas.

En el 2009 solo habían luces de esperanza. La capacidad negociadora y el ingenio de Steve Jobs había mostrado que se podía cobrar por contenidos inmateriales si es que se entregaba dentro de una experiencia de calidad. Amazon reinventó la lectura aprovechando la tinta electrónica con una propuesta de negocio y una experiencia de lectura sorprendentemente similar a la del buen libro.

Personalmente me parecía evidente que las experiencias  con la llamada Rich Media que tuvo un exponente interesante en FlypMedia como en el Reader del New York Times, nos mostraban un camino que entregaba una buena experiencia de lectura en el contexto de las ventajas interactivas de lo digital. Pero en diciembre del 2009 visité una nueva york con la crisis desatada de los diarios que había anticipado Mery Meeker . Ví que flypmedia no parecía encontrar su modelo de negocio y cuando pregunté en el NYT por los resultados del Reader me comentaron que tenían ”muy,muy,muy” pocos suscriptores. En Conde Nast en esos días me comentaron que algo como la tableta sería un espacio de desarrollo en un par de años, en esos días ellos cerraron las revistas Gourmet y Portfolio.

Fue entonces cuando el mismo Jobs dío otra vuelta de tuerca cuando presentó su tableta ante la sorna de los expertos en estas lides digitales: que no tenía USB, que no mostraba archivos en flash, lo mejor que dijeron es que era un iPhone con esteroides. Algunos entusiastas vimos la posibilidad de que lo digital finalmente contaba con un aparato apropiado para el tiempo libre que siempre ha sido el mejor pasto de buenos medios.

El éxito de este camino se explica también en la apuesta de empresas periodísticas por este nuevo soporte cuando todavía no había un solo iPad en las calles. Son los no se limitaron a poner PDFs de sus ediciones, sino buscaron que sus revistas y diarios se potenciaran en esta plataforma con la misma calidad de experiencia que antes Amazon puso los libros en sus lectores electrónicos.

Esas empresas entendieron que lo mínimo que debe entregar una aplicación en una tableta es la comodidad de la lectura que nos da el papel. Algunos miran en menos permitir que se lea bien. No olviden que hasta ahora solo hemos cobrado por periodismo impreso en papel, y seguro no pagan por comprar el papel. La gracia de los aparatos móviles táctiles es que los impersonales feeds digitales de texto encuentran un espacio capaz de entregar la experiencia que un día McLuhan describió diciendo “la gente realmente no lee los diarios, se mete en ellos como en un baño de agua caliente”.

No tendremos nuevos lectores si los hacemos leer nuestras historias moviendo cientos de veces los dedos achicando y agrandando textos, nadie las leerá a través de una especie de lupa sin aumento.

Las tabletas han recuperado la posibilidad de distribuir textos paginados, muy buen diagramados y presentados para el lector común a un costo radicalmente menor que el impreso. Aunque no soluciona los problemas periodísticos, muestra un camino donde podemos entregar la combinación de buenas historias escritas y la publicidad envolvente y atractiva.

No es poco.

Estas tabletas cada día serán más baratas. Si entre el lanzamiento y diciembre pasado Apple vendió un poco más de 20 millones de unidades, entiendo que en los primeros dos meses del año repitió esa venta, antes de lanzar la muy bien recibida tercera versión que en un fin de semana vendió otros 10 millones. Se estima que en los próximos cuatro años solo Apple venderá 179 millones y que el mercado de tabletas global será de 300 millones en cuatro años, con 100 empresas compitiendo. Esto ya no para, pronto tendremos lectores digitales, tipo Kindle a menos de 10 dólares.

Soy entusiasta de las tabletas porque me parece un elemento clave en el camino para recuperar el pago de los lectores y creo en el pago porque tengo claro que cualquier otro camino pasa por depender completamente de la publicidad lo que asegura empresas con menos y mas mal pagados periodistas… sigo soñando con un futuro de ciudades que puedan darse el lujo de contar con redacciones robustas garantizándonos a todos el acceso a la información relevante.

Pero esto parece no tener nada que ver con las redes. En realidad creo que las tabletas y los móviles tactiles será lo que universalizará lo digital, y el  éxito de los celulares como “killer aplication” sucede fundamentalmente por la necesidad que la gente de participar en estas cada vez más envolventes y atractivas redes sociales.

En principio las redes se aparece otro competidor por el tiempo libre. Hasta hace poco los medios eran el único camino para llegar a las masas. Las redes superan el paradigma de Gutemberg, la idea de reproducir un mismo mensaje para que algún medio lo reparte de uno a miles ahora se enriquece en un contexto donde espectadores se contactan entre ellos mediante una conversación pública sobre nuestros contenidos.

Como lo comentó vuestro Manuel Castells el verdadero poder de los medios pasaba por las noticias que no se publicaban, con las redes ese poder monopólico se debilita. Pero, a diferencia de las presiones de lo gratis de Google, este cambio no afecta nuestro modelo de negocio, quizá le quita poder político a los medios pero los incentiva a mejorar sus prácticas, los empuja a trabajar con un grado de transparencia ante sus lectores que pueden reforzar sus lazos a un nivel impensado.

La verdadera revolución, la verdadera oportunidad que los periodistas tenemos frente a nuestras narices, es esta universalización de la redes sociales a la que se refiere este encuentro.

Lo atractivo es que cuando con ingresos menores enfrentábamos un mercado donde lo único que NO se abarata es la capacidad de conseguir la atención de las audiencias, comenzamos a tener a la gente conversando sobre nuestras noticias masivamente y en forma publicada. Así como la televisión en los 60 llevó a todas las familias la conversación de nuestra información, ahora las redes profundiza esa relación. Walter Ong, otro católico que en los años 60 habló de comunicaciones como McLuhan, adelantó que el fenómeno que comenzaba a reemplazar la literalidad sería una oralidad más deliberada, basada permanentemente en el uso de lo escrito y lo impreso. Parece haberse imaginado el Twitter actual hablando sobre el contenido de los medios.

Lo social me parece tiene que convertirse en un ingrediente clave de los medios, como nos dijo hace años Mario Tascón al producto periodístico hay que sumarle agregación de otros contenidos relevantes como también la acción de lectores comprometidos. El engamement de los lectores no solo mejora nuestros contenidos por la acción de la inteligencia colectiva, lo más potente de la participación es que además vuelve a hacer más cercanos estos contenidos a la gente y, sobre todo, potencia su distribución. En las redes la gracia no está en que nuestro mensaje sea leído por los que nos siguen, la magia de ella pasa por que nos lean los que siguen a los que nos siguen, es decir que todo se juega en conseguir que cada lector haga algo respecto a nuestro mensaje, digan que le gusta, lo retuiteen o comenten.

Evidentemente también es relevante, para un modelo de negocio en crisis, que este contenido participativo de la gente no tiene más costo para nuestras empresas que el tener una buena plataforma. Tengan presente lo que dijo la Ariadna Huffington en España, la participación (ella dijo self expression) es la nueva forma de entretenimiento. La gente participa porque le gusta hacerlo.

Pero como lo sabemos los países que hemos atravesado crisis no existe aquello del almuerzo gratis, alguien debe pagar esta nueva entretención de la participación. La evidencia muestra qua la moneda de cambio de este mundo es una mucho más baja intimidad.

En estos meses está quedando claro otro fenómeno creciente que no nos puede dejar indiferentes, es lo que Eli Pariser llamó “the filter bubble”. La transparencia termina condicionando nuestra experiencia en internet, si no le decimos a la red detalles de como somos ella no nos entrega una experiencia completa. La suma de nuestras consultas, búsquedas, conversaciones alimentan el algoritmo, garantizan nuestra mejir experiencia. Pero esto tiene una trampa: las redes sin avisarnos nos tienden a entregar cada vez un mundo más complaciente con nuestras ideas y valores.
En lo que viene los medios periodísticos tienen que asumirse también como matizadores de esta creciente personalización robotizada de los espacios sociales.

Soy de los que creo que futuro pasa menos por el periodismo ciudadano y más por el aprovechamiento de estas herramientas sociales para reproducir mejor como difundir de forma más eficiente nuestras historias periodísticas.
Creo que los periodistas debemos volver a atender a nuestras tradiciones y hacerle menos caso a los expertos del people meter o el rating, como tb a los gurúes del SEO o de los trendic topics. Como decía un gran director de diarios no debemos temer el devolver al genio de la gratuidad en la lámpara y tirarla al desierto como foco de nuestro trabajo.
Para hacer un buen diario o revista nos basta convocar a los miembros de nuestra comunidad que les gusta leer una buena historia. En ese sentido valoro las tan criticadas palabras de Soledad Gallego al menos como una advertencia a aquellos que terminan haciendo medios que más que soportes de buenas historias parecen cacharros para jugadores.
No olvidemos que no competimos solo con los medios que hacen un periodismo mejor que el nuestro. Como dice Seth Godin la mayor amenaza viene de los medios que hacen solo un producto suficientemente bueno para la mayor parte de nuestros lectores.

Lo que viene es apostar por el mismo oficio de periodistas con mejores herramientas que permiten que esos lectores puedan conversar entre ellos sobre nuestro trabajo, una conversación que por realizarse en forma pública también podemos sumar a ese trabajo.

Estoy optimista porque las redes sociales y las nuevas tabletas pueden potenciar la experiencia de nuestros lectores. Se trata de un entorno con una distribución de contenidos más barata por la que podemos volver a cobrar algo en torno a unos peniques, lo que costaron en su origen los mejores diarios de papel.