2011, el año de los indignados (periodismo y redes sociales)
Transcripción realizada y editada por la periodista Muriel Alarcón de lo dicho en la introducción del Seminario de Redes Sociales realizado en noviembre pasado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
Los analistas dicen que el cuadro “El cuarto estado” muestra a la masa en movimiento, transmitiendo una sensación de poder basada en la fuerza del colectivo, que se le ve avanzar de forma tranquila, nada intimidatoria, dando sensación de calma y sosiego. En Chile esta imagen es conocida porque ella inspiró la película Novecento, de Bernard Bertolucci.
Esta marcha de principios del siglo XX tiene algo de lo que se dio primero en USA con el movimiento del Tea Party. Luego en Islandia, la primavera árabe lo universalizó como indignación. Tiempo después vino la revuelta de Londres, las acampadas españolas y así.
Creo que hoy estamos viviendo el nacimiento de un nuevo mundo. El director del Guardian citó al antropólogo Stowe Boyd quien dijo: “Estamos en medio de un cambio hacia una situación mejor, aunque ahora nos resulte muy incómodo vivirlo porque nos encontramos en medio del cambio”.
El cambio más relevante que estamos viviendo tiene que ver con el reemplazo del paradigma dominante de las comunicaciones. Un proceso que se viene viviendo desde la creación de la imprenta como multiplicador de mensajes, hecho que impulsó la aparición de los medios masivos en general: la prensa, la radio, la televisión y las páginas de Internet. En definitiva el paradigma de la comunicación difundida desde uno hacia muchos.
Las diferencias entre estos esquemas de círculos explican lo que viene. En este nuevo contexto, surge un nuevo paradigma: las masas conversan públicamente.
Muchos creen que en este nuevo escenario podremos conversar con el periodista o la autoridad. Sin embargo, esto no es viable. La autoridad no tiene la capacidad de conversar con nosotros porque, por ejemplo, tiene cientos de miles de seguidores. En Chile, un personaje famoso llega, fácil, a los cien mil seguidores de Twitter. Una persona activa puede llegar fácilmente a los cinco mil seguidores. Pero una persona tiene, en promedio, 150 seguidores.
La novedad, en realidad, está en que las antes llamadas audiencias, las masas, pueden comunicarse entre ellas en forma pública. Y más que eso: hoy pueden, incluso, hablar entre ellas sobre los medios y las autoridades.
Muchos analistas consideran que el surgimiento de las redes sociales es un fenómeno que afecta de tal manera a las comunicaciones que sólo puede ser comparado por su impacto con la imprenta. Si analizamos la historia de la comunicación recordemos que la escritura hizo que la comunicación dejara de ser evanescente y local y se extendiera tanto en el tiempo como en el espacio. Luego, la imprenta de Gutemberg hizo que los mensajes pudieran multiplicarse y masificarse.
El hecho de que hoy vivamos con las redes sociales permite que esas audiencias masivas se empoderen y puedan -gracias a acciones como compartir, comentar o valorar- realizar conversaciones publicadas que, a su vez, también pueden distribuirse masivamente.
En términos teóricos, un profesor de la Escuela de Periodismo de la UC, William Porath, decía que lo que sucede en estas redes sociales en la web se parece mucho al rol de las redes sociales que describieron Katz y Lazarsfeld en la década de los cuarenta.
Incluso que evoca mucho lo que el mismo Tocqueville decía cuando hablaba de la opinión pública. Yo creo que hoy esa gente conversa en forma “publicada” en una red que potencialmente puede llevar esa idea antes evanescente a miles, sin la intermediación de un medio. Pienso que lo que lo hace “nuevo” es que todo se graba (se puede recuperar y reenviar), por la enorme participación de personas conectadas y por la actitud de esas personas participando por simple el gusto de hacerlo.
Hay muchos que piensan que este tema de los medios sociales es una simple moda. Para mí es un proceso mucho más radical, al que llamaría un verdadero signo de los tiempos. La Iglesia Católica usa este término para referirse a eventos significativos que determinan de alguna manera los tiempos que se viven al cambiar o tensionar los paradigmas sociales, políticos, económicos y culturales que caracterizan una época. Se trata de procesos sociales que de alguna manera se dan generalizadamente.
Por ejemplo Pablo VI cuando habló de este término lo ejemplificó con el cambio del rol de la mujer, cuando ella se integró al mundo laboral. En el mundo del periodismo, un analista de la evolución de las audiencias de los diarios, Leo Bogart (Q.E.P.D.), escribió hace unos años que justamente el cambio del rol de la mujer en la casa era una de las causas más importantes para el comienzo del declive en el hábito de la lectura del diario todos los días. La mujer que trabajaba en la casa era una multiplicadora del tiempo del resto de las personas de esa casa ya que permitía que algunos leyeran con calma el diario mientras se tomaban sus desayunos. La integración del mundo al trabajo de las mujeres fue traumático para muchos, pero también las liberó y las hizo más felices. Son cambios traumáticos que nos hacen bien como sociedad.
En este sentido, Facebook ha adquirido una relevancia tal que le permite liderar Internet ya no sólo en el tiempo que los navegantes usan sino como la columna central de los medios sociales.
Con origen en una universidad de USA, y con el incentivo de que recuperáramos amistades, Facebook ya reúne perfiles de 800 millones de personas que están casi media hora en promedio en su sitio.
Chile es uno de los tres países donde la penetración de esta red es la más alta del mundo entre los conectados a Internet. Hoy, en números absolutos, lo usa el 50% de los chilenos. De cierta manera, Facebook en estas latitudes ya está a punto de convertirse en el sistema nervioso de la red social chilena, lo que está condicionado por la cantidad de información que los chilenos compartimos acá.
Alfredo Barriga, quien estuvo a cargo de la Estrategia Digital del Gobierno, comentó en un Viernes de Medios a la Facultad de Comunicaciones de la UC, que para que una tecnología se masifique no basta con que ésta esté disponible. Al final el éxito pasa porque una “aplicación matadora” la haga necesaria entre la gente. Facebook es un ejemplo de ello. Las redes sociales ya existían, pero fue resultado de la excelente experiencia que entregaba a sus usuarios que la misma idea de red social se hizo necesaria para todos.
Algunos hoy creen que Facebook está dejando de ser interesante por culpa de su masificación cuando justamente es por esto que se convirtió en un espacio necesario. En un mundo de audiencias que pueden elegir alternativas ilimitadas, todo pasa por conseguir la palabra clave para el futuro: es decir, captar la atención del resto para conseguir su participación.
La generación de participación es lo que debemos promover en las audiencias. El éxito para cualquier campaña en las redes sociales pasa más por conseguir esa participación que por conseguir la atención.
En un mundo saturado de mensajes radica en tratar a las anteriores audiencias como usuarios. Esto porque la participación es la que genera un compromiso real de ellos y porque el compartir de unos, nos llama la atención y quizá también la participación de los amigos de ellos. Así, sucesivamente, se van constituyendo las audiencias relevantes en el futuro.
Facebook hizo que todos usáramos las redes sociales. Twitter que esta conversación se diera en directo y los teléfonos inteligentes táctiles nos tendrán pronto a todos siempre conectados a estos nuevos espacios. Los analistas dicen que la mega tendencia del siglo que ya comenzó, será el creciente empoderamiento de la gente gracias a los celulares.
Haremos nuestro trabajo si somos capaces de “Engage” (hacer participar) personas y esto será resultado de nuestro trabajo en las redes sociales. Conseguiremos involucrar a personas en nuestros temas si lo que mostramos en las redes es útil e informativo y si con nuestro trabajo destacamos información relevante. Eso es lo que construye lealtad en la audiencia. Eso es lo que construye comunidad, que es lo que nos recomendaba trabajar Clay Shirky: “convocar y apoyar comunidades de intereses”.
Muchos no le dan la relevancia a la importancia de las redes porque cuentan sus seguidores y no les parece un fenómeno tan relevante, que un centenar de personas puedan leerlos. Así y todo creo que la gracia está en la fuerza viral de la red. No los que nos leen como seguidores, sino los que leen a los que nos leen.
La analítica que da Facebook puedo ejemplificarla con mi página de Facebook que tiene 1200 seguidores. No es mi perfil personal, si no que una página a la que la gente se suscribe. Lo potente es que si yo lograra que un mensaje fuera repetido por mis 1200 seguidores, yo podría (por las características de estos 1200) llegar a más de medio millón de personas. Eso sí no es fácil lograr hacer que los seguidores o amigos comenten ni digan que “me gusta”. De hecho, un estudio dado a conocer este fin de semana dice que, en promedio, uno de cada mil seguidores comenta algo.
En estos espacios no valen los mensajes muy bien redactados propios de los medios masivos y pensados para su difusión. Hoy se trata de poner tópicos que sean atractivos.
En México los medios locales que fueron víctimas de la violencia, las amenazas y la autocensura, se sumaron a una norma que impide que esos medios cercanos sean fuente informativa respecto a los temas de violencia. De ahí la importancia que ha tomado el uso de las redes para enfrentar el problema. Así nacieron hashtag como #mtyfollow para reportar problemas o peligros de Monterrey.
En estos meses ya hay millones de tuits usando ese hashtag y ciertas cuentas como @trackmty, son una fuente relevante informativa que en este caso en particular llegó a tener más de 60 mil seguidores.
En España se acaba de dar un caso de una campaña de las que conoceremos cada vez más ejemplos. Un programa tipo SQP, de esos que pagan a personas para que muestren sus intimidades y miserias, invitó al set a la madre de un criminal confeso y le pagó algo así como 700 mil pesos. El 30 de octubre pasado, el bloggero Pablo Herreros del Blog Actuable, tituló su post “Éstas son las marcas que patrocinaron a la madre de un criminal”. El 8 de noviembre, las principales marcas de ese país -Nestlé, Puleva, Donuts, Loterías, Audi; 23 en total- retiraron su publicidad del programa. En la edición siguiente sólo se anunciaron cinco empresas. Entiendo que el programa llegó a emitirse sólo gracias a empresas temporales que anuncian, por ejemplo, estrenos de películas.
Este empoderamiento es consecuencia de la apertura de un nuevo espacio de retroalimentación, en el que un medio le da cabida a su audiencia. Esto, sin duda, genera un nuevo escenario, en el que esa audiencia puede ser manejada por un tercero.
Ya no es una audiencia obediente porque se trata de un grupo que conversa entre ella. Los que sigan apostando por un mundo de mensajes lo pasarán mal.
Esto es lo mismo que están haciendo quienes dirigen Ciudadano Inteligente en el programa de TVN #porqueenmijardin. Las comunidades conectadas, como lo son Wikipedia y también un movimiento como el Tea Party, se caracterizan porque la red está conformada por ciudadanos a los que no les basta con informarse. Con la distribución de celulares inteligentes, en el caso chileno, la entrega de mejores conectividades se terminará de universalizar.
Las comunicaciones hoy suceden en directo
La segunda tendencia clave del proceso por el que estamos pasando hoy tiene que ver con que todo sucede en directo. En este contexto, la aparición de Twitter es clave.
En su libro Mundo Twitter, José Luis Orihuela recopila varias definiciones de Twitter. La más amplia dice que se trata de “personas conversando con personas y creando vínculos entre ellas. Twitter es gente hablando, escuchando y respondiendo. Twitter es comunidad”.
Twitter es un lugar donde siempre se encontrará a personas conversando sobre temas que les interesan. Yo personalmente lo uso para hablar sobre mis temas de cabecera: los diarios y el periodismo. Un columnista norteamericano decía en New Yorker que era como una droga. Agregaba que era el crack para los adictos a los medios. Twitter tiene mucho del estar conectado permanentemente a las noticias. Se trata de un versión del siglo XXI de lo que representaron los tambores de cooperativa en los años ochenta.
Ya en los 60, Walter J. Ong mostró que la era electrónica sería una segunda oralidad mediante la cual la palabra hablada se extendería mucho más que nunca antes, pero que el gran valor del proceso sería que esta nueva oralidad se caracterizaría porque sería una conversación referida a lo escrito, a lo relevante.
Con lo anterior, se entiende que nos aproximamos a un periodo en el que predomina lo oral, con sus valores como el fomento de la participación y de lo agregativo, en perjuicio del estilo más objetivo y subordinado que primaba en el mundo literario. Éste es un mundo donde no está en crisis el futuro de los libros o de los medios tradicionales porque al final, según se entiende, igualmente se terminaría hablando sobre ellos.
Un estudio hecho por Yahoo Research revisó 260 millones de tuits y concluyó que el 50% de los tuits que se “consumieron” fueron creados por un grupo de 20 mil usuarios, una nueva élite de twitteros reputados. Es decir, ese grupo produce los contenidos más leídos, comentados y retuiteados de la red. La investigación plantea que esa mitad de la información sobre la que se conversa en la red, tiene su origen en el trabajo de los medios de comunicación, pero se distribuye en las redes sociales al público a través de una capa intermedia de líderes de opinión, un grupo de tuiteros que están más conectados y se exponen más a los medios que el resto de sus seguidores virtuales.
Es tan potente esto que en USA hoy se dice que el sistema TIVO de grabación de TV por culpa de Twitter tiene un problema serio: la gente quiere ver TV en directo porque la conversación social es en directo.
En Twitter existe un fenómeno viral todavía más fuerte en su capacidad de extenderse más allá de nuestros seguidores. A pesar de que en términos de audiencia es treinta veces más chico que Facebook y todavía es mucho menos relevante si comparamos el tiempo que está la gente dentro de la plataforma, su fuerza viral es incomparable. Y en ese sentido, esto explica que los periodistas apuesten por este espacio.
Lo relevante en Twitter es que la recomendación te llega desde una persona que has elegido seguir justamente por el valor de esas referencias. Entonces, su recomendación te parece mucho más precisa y segmentada a diferencia del material que recibes desde Facebook, donde están tus amigos, de todo tipo.
Una nota sobre un libro del crítico del sistema bancario, Mike Mayo, generó casi 800 “me gusta” en Facebook lo que no es mucho para el sistema social que tiene ahí el WSJ. Sin embargo, sólo gracias a 392 tuits en la red, fue indexada por Google 140 mil veces.
Esta fuerza relativa mayor de Twitter para conseguir masividad seguirá creciendo por las constantes mejoras a las plataformas de iPhone. Twitter en Móvil crece un 50% más rápido en móviles que Facebook, gracias a su simplicidad.
Twitter ha implicado un cambio relevante respecto al tiempo en que se puede mantener un instructivo incorrecto políticamente. En un mundo en la mira de las redes sociales, los tiempos disminuyen bastante. Sería ciego no reconocer lo rápido que suceden las cosas cuando la “opinión pública” de las redes se interesa con un tema.
El instructivo del gobierno regional de Copiapó pudo haber sido una noticia de un diario con pocos lectores. Pudo haber terminado en una discusión en alguna instancia regional o nacional. Sin embargo, el ingenio de las redes permitió que, en minutos, se relacionara la norma con la “nueva forma de gobernar”. Así, un error local amenazaba con convertirse en un tema político con miras de llegar incluso a La Moneda.
Hace unos años cada medio definía qué entendía por noticia. En el futuro, tendremos medios donde estén esas noticias relevantes “periodísticamente” y además estarán aquellas que nuestros amigos o conocidos consideran relevantes. Al final serán medios cada vez más interesantes para todos. El periodismo no será igual cuando esté influido por los usuarios de las redes sociales.
La red no es sólo una eficiente herramienta de convocatoria masiva, que no necesita de la ayuda de medios tradicionales. Un aspecto fundamental es que es un espacio de información masiva.
En el norte de África fue gracias a Wikileaks que se filtraron las prácticas escandalosas de los supuestos líderes populares. Éstas no llegaron a la gente por medios tradicionales, si no que fue por el boca a boca y el uso de redes. La red entregó capacidad para instalar temas en la conversación sin tener que pasar por el peaje de los medios masivos tradicionales demasiado comprensivos con los tiempos del poder. El estudiante que creía que tenía un problema personal por estar muy endeudado después de egresar de una carrera que no le aportaba nada a su futuro profesional, o el deudor que vivía agobiado por pagos mensuales que se eternizaban como resultado de atrasos en la cancelación de un electrodoméstico. Gracias a las redes, unos con otros se dieron cuenta que había miles de personas sufriendo el mismo problema. Un engaño masivo que los medios no habían informado les mostraba que lo que creían un problema personal era, en realidad, un problema social que merecía ser enfrentado por el mismo Estado, que había permitido el abuso.
Pero Twitter también tiene su lado negativo. Hay diversas críticas que apuntan a una misma idea. Keer habló de un culto a lo amateur; David Carr defendió la idea de que fomenta una falta de profundidad creciente de los que lo usan. Yo creo que en Twitter hay un problema de expectativas.
Mientras los críticos lo ven como un espacio pobre de escritura que también funciona como conversación, quienes más defienden la herramienta dicen que es un espacio de conversación que se puede hacer por escrito. Lo complejo es que todavía se discute si se rige por el derecho de imprenta o el de discurso al existir procesos de escritura y conversación a la vez.
Pero en esta crítica se habla, justamente, de lo valioso de la herramienta: su instantaneidad. Jurgenson, un bloguero que estudia su doctorado en Maryland y escribe en el blog Cyborgology, destaca que lo valioso tiene que ver con un trabajo de curaduría de la calidad de las personas que seguimos respecto a nuestros intereses. En este sentido, se habla de la idea de saber sintonizar, como en el dial radial, y de que no hay estudios serios que muestren su resultado como menos valioso, menos real, menos creativo o menos eficiente políticamente. Lo interesante del proceso es que evidentemente aporta mucha diversidad.
Estas comunicaciones digitales son producidas por más gente que las anteriores formas de comunicación a través de los medios. Los estudios de Pew muestran que los negros producen más contenidos digitales que los blancos y que la participación desde el tercer mundo es dominante. Con los teléfonos inteligentes y las redes sociales han adquirido voz y audiencia los protestantes de diverso tipo y, por eso, se habla de una fábrica masiva de disenso.
La pérdida de intimidad
Entrando a las redes se debe asumir la pérdida de un grado importante de intimidad. Las redes transparentan a las instituciones que las usan. Quien quiera entrar en las redes sociales se ve obligado a asumir un grado de transparencia que, tiempo atrás, habría sido definido como radical.
La primera consecuencia de este proceso es que el mundo será un entorno cada vez más incómodo para autócratas maníacos del control informativo. Lo que viene será un mundo más transparente donde se hará más fácil enfrentar tanto abusos como discriminaciones.
El año pasado la revista Time, en una polémica decisión, definió al fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, como el personaje del año. Cuando se hizo esta elección, los lectores de Time votaron por el fundador de Wiki¬leaks, Julian Assange, que en esos días acababa desenmascarar a la diplomacia de los Estados Unidos. De hecho, entre los lectores, Assange tuvo veinte veces más votos que el poco carismático fundador de la mayor red social del mundo.
Me convenció un análisis que leí que decía que Zuckerberg y Assange eran dos caras de una misma moneda. Ambos crearon plataformas que promueven que se haga pública información que, hasta ahora, se entendía como privada.
Se trata de dos personas muy distintas que terminan promoviendo una misma situación.
A Assange lo motiva, en cierta forma, atacar a las grandes instituciones y gobiernos, con el objetivo de quitarle cuotas relevantes de poder a los poderosos.
En tanto, Zuckerberg, en general, les entrega a los individuos la posibilidad de compartir voluntariamente información. En este caso, el objetivo es empoderarlos a ellos.
Ambos tienen un cierto desdén por la privacidad: en la revista Time comentaron que mientras para Assange la privacidad facilita el abuso, para Zuckerberg ella es casi un anacronismo cultural que impide una más eficiente comunicación entre la gente.
Al final los dos son parte de la inexorable tendencia dominante a cambiar radicalmente el nivel de transparencia con el que vivimos en nuestras esferas personales, culturales y políticas.
Creo que muy difícilmente podremos detener este proceso. La tendencia a favor de rendir cuentas y de ser transparente es una realidad que sólo podemos pensar cómo asumir correctamente, sin afectar otras obligaciones y responsabilidades.
El mejor ejemplo de que existe una relación entre el efecto de las filtraciones con la eficacia de las redes sociales es lo que ha sucedido este año en el mundo árabe. Ben Mheni, activista y bloguera tunecina de 27 años, escribía sobre la censura, los derechos de las mujeres, los derechos humanos y la libertad de expresión. Poco tiempo después se vio enfrentada al Gobierno, que bloqueó su página, entonces ella optó por utilizar webs remotas para acceder a su cuenta.
Ella misma cuenta que en abril de 2010 la policía irrumpió en su casa: “Se llevaron mi computador y mis cámaras”, dice. El 7 de diciembre del 2010 ella oyó hablar de un frutero de Sidi Buzid llamado Mohamed Buazizi, que se prendió fuego para protestar por la confiscación de sus productos y el acoso permanente de las autoridades y los agentes de policía. Entonces ella comenzó informando de lo que sabía en su blog, en una página de Facebook y en su cuenta de Twitter.
Ben Mheni dice ahora que, si bien las redes sociales contribuyeron a la revolución en Túnez, no la desencadenaron. “Puede que en Egipto la llamada empezara en las redes sociales”, dice, “pero aquí todo comenzó sobre el terreno. Mohamed Buazizi se prendió fuego y todo el mundo empezó a manifestarse. Las redes sociales no iniciaron la revolución. Fueron sólo una herramienta que ayudó”.
La transparencia tiene dos lados. Por un lado todos informan. A Arabia se podía informar por las redes, SMS, celulares. Era imposible detener información. Lo que viene ahora tiene que ver con la cobertura, en directo, de un evento gracias a herramientas como Storify. Así como hoy YouTube compite con la TV por la audiencia de lo audiovisual, Storify es una alternativa potente contra los medios tradicionales ante eventos que están sucediendo.
Hoy todos se exponen. Quienes quieren destacarse en este nuevo mundo de redes sociales tendrán que bajarse del pedestal de la autoridad y quitarse algunos velos, hasta que se vea su perfil como el de una persona común y corriente.
El nuevo entorno los obligará a optar entre quedarse al margen y ser ignorado, o integrarse a la conversación con sus consecuencias. La única forma en que nuestra participación genere el engagement que hemos comentado, pasa por quedarse mucho más expuesto.
Justamente es éste el aspecto que se critica de este fenómeno.
Cuando se impone la transparencia algunos se aprovecharán de esta falta de privacidad. Casi sin percibirlo nosotros bajamos nuestros velos porque ante el exceso de información, queremos que ésta nos llegue lo más personalizada posible. Para eso tenemos que identificarnos detalladamente, tanto para que nos llegue mejor información como para ser más eficientes para llegar con nuestros mensajes.
Eugeny Morozov, profesor de Stanford, autor de la Desilusión de la red o La cara negra de la transparencia, advierte lo nocivo de la visión de Facebook. Critica que se ve a la privacidad como el nuevo valor de cambio.
Para Facebook puedes renunciar a tu privacidad para aprovechar la abundancia de entretenimiento, o bien luchar por protegerla y arriesgarte a vivir en la pobreza del entretenimiento.
Todo ello es parte del gran envite de Silicon Valley por un consumo lo más “conectado” y transparente posible.
La última denuncia de Wikileaks advierte que las redes son aprovechadas tanto por las agencias de inteligencia, como las fuerzas militares y las autoridades policiales para interceptar masivamente, sin ser detectadas. Así se vulneran los llamados telefónicos y se toma control de los computadores sin que los proveedores de las redes de acceso se den cuenta. Incluso: sin que ellos hagan algo para impedirlo. La ubicación de los usuarios puede ser seguida paso a paso si utilizan un teléfono celular. Incluso si está apagado.
El bloguero Mathew Ingram plantea que no hay que ver esto como un “nosotros contra ellos”, entre el sistema tradicional de medios y la inteligencia colectiva agregada de los nuevos empoderados informadores amateurs.
Existe espacio para los políticos y los medios. En lo personal creo en la capacidad de algunos medios de canalizar la creciente participación de sus audiencias y potenciarse con la participación de ellas al tratarlas como usuarios. En esa misma línea me parece positivo que las instituciones políticas tradicionales puedan reinventarse en el contexto de esta nueva forma de comunicación desarrollando formas de mediación mucho menos rígidas. Me parece el camino lógico para recuperar la confianza de los indignados. Es la forma para que éstos dejen las calles.
Max Frankl, ex director del Times, decía que la amenaza de las filtraciones masivas persistiría si se mantiene la política de trabajar con masivas cantidades de secreto.
Este camino pasa por entender que tanto la audiencia como los votantes dejaron de ser invisibles. Hay que asumir que las redes sociales las oiremos siempre, incluso cuando murmuren. Que los problemas puedan ser detectados en sus primeras manifestaciones se transformará en una gran oportunidad para las instituciones que asuman un mayor grado de responsabilidad y transparencia y sepan flexibilizarse para moverse en el nuevo contexto. En palabras del filósofo español Daniel Innerarity no tenemos por qué elegir entre la masa de aficionados y el experto que hasta ahora ha facilitado la selección de opciones. Podemos trabajar con ambos, y una mediación menos rígida me parece un camino más inteligente que remplazar nuestra democracia por las asambleas permanentes de una política en directo.