Cuán relevante Twitter en las revueltas árabes (aporte a la conversación)

Todavía queda tiempo para que podamos evaluar la relevancia real que están teniendo las redes sociales en la propagación y el éxito de las para nada virtuales revoluciones políticas que se están dando en una serie de países árabes. Como no hay datos definitivos es lógico que todavía nos limitemos a seguir con atención las polémicas entre optimistas y pesimistas respecto al impacto de estas redes. Sigamos leyendo a Shirky, Morozov, Gladswell, Castells, etc. He visto buenos argumentos que ilustran le relevancia que ha tenido la red, también hay excelentes matizaciones departe de escépticos que advierten las baja penetración de las redes que existe en los países donde se desarrollan estas revueltas.

Cuando se menciona la importancia de las redes no he visto a nadie que, más allá de la simplificación necesaria de hacer un argumento directo, pretenda defender que la razón de la protesta no es la falta de libertades, los abusos reiterados departe del gobierno o la pobreza enquistada. Es evidente que ni los más entusiastas tuiteros creen que las protestas mismas tienen su origen mismo en la acción de las redes, para ellos el valor de la redes de segundo orden, como megáfono que facilita la difusión de una acción, como facilitador de la coordinación de algunas de las actividades o como espacio de difusión del resultado de las mismas.

Es lógico asumir cierta importancia de estas redes luego de que el mismo gobierno haya cargado primero contra internet como con los celulares, antes de cerrar las transmisiones locales del canal internacional de noticias Árabes, Al Jazeera. Los optimistas valoran la importancia que tuvo Facebook en las manifestaciones del viernes pasado, para muchos el punto de no retorno de las protestas. Ese día los seguidores de una página dedicada a desafiar el toque de queda en la red social más popular pasó de 20 mil a 80 mil seguidores en unas horas.

Esta semana me quedó dando vuelta otra idea que quiero sumar a la conversación: cuando un tuitero (@pablobello), emocionado por los sucesos del Cairo, soltó la manida frase “El pueblo unido jamás será vencido”, otro (@ponceluis) le comentó la frase diciendo que “los que tienen el poder desinforman, desacreditan y entorpecen esa unión”. En ese momento comenté que el valor de las redes sociales quizá está justamente en ser un desordenado entorpecimiento de esa acción de los poderosos en contra de la unidad alrededor de una causa popular. En ese mismo momento otro activo en estas redes (@cscolari) resumió lo que estábamos conversando editando el lema “el pueblo, conectado, jamás será aplastado”.

Con la fama de Wikileaks varios defendieron el proyecto con la idea de que parecía razonable pensar de la conveniencia de un agente filtrador que sea completamente ajeno al sistema dominante. Al final los medios de comunicación, en especial los exitosos, terminan siendo parte de ese sistema, aunque sea por una línea editorial condicionada por un sistema legal que muchas veces cohíbe. En esa misma línea parece razonable pensar que las redes están complejizando la pauta de los medios cuando la discusión de la misma se comienza a dar antes de las reuniones editoriales de los medios, varios profesionales integrantes de esas reuniones conversan previamente al respecto con colegas, fuentes y “ciudadanos de a pie”. Los profesionales llegan a las reuniones de pautas de los medios con posturas personales que incluso han llegado a publicar en la red.

Creo que una de las novedades del internet en directo que representa Twitter es que se está produciendo una “conversación publicada” producto de indefinidos contactos entre variedad de actores, una parte de esas conversaciones a veces se convierte en dinámicas de consenso generalizado. ¿Quién pone en duda en el consenso reinante de la conversación sobre Egipto el valor del trabajo que está realizando Al Jazeera desde Egipto? Creo que parte de esos consensos han terminado jugando contra los intereses de ciertos poderosos para evitar la unidad en causas populares. Al final al menos se hace más difícil presionar a favor de evitar la difusión de una información.