La ocasión que hace al ladrón (periodismo y saqueos)
En la página 10 de última edición de Visión Universitaria acaba de publicarse una colaboración que me pidieron tras mis discusiones en twitter sobre el trabajo periodístico y las consecuencias del terremoto. Aquí está para los que les cueste leer en papel digital:
La ocasión que hace al ladrón
Lo que se transmite en la prensa no condiciona, pero influye en universalizar el boca a boca, primero por los medios masivos y ahora también por potentes y universales redes tanto telefónicas como sociales.
Se debe aclarar que la crisis de las primeras 48 horas post terremoto fue consecuencia de la carencia de un gobierno decidido, rápido y eficiente. Lo que se esperaba es que se hubieran enviado soldados cargados de alimentos y con capacidad de reaccionar con armas ante los disturbios en la zona de la catástrofe desde el primer momento. La imagen del segundo día debió ser del contingente del Ejército delante de las cámaras ayudando. Esto obviamente no estuvo en la prensa porque no ocurrió.
Incluso hay que reconocer que los medios, y en especial la televisión, realizaron en muchos aspectos un muy buen trabajo. Cuando los santiaguinos vimos por primera vez las zonas más damnificadas no había policía, para qué hablar de políticos. Sólo estaba el periodista junto a las personas que peor parte habían sacado de esta tragedia.
Dicho esto, también debemos asumir los errores cometidos en la cobertura. Creo que el más grave se dio en Santiago, en el trabajo de edición de las notas que llegaban desde la zona de la catástrofe. Es entendible que algunos reporteros se aceleraran ante la desesperación que veían y quisieran enviar la mayor cantidad de imágenes. El problema fue de los editores que recibían este material, ya que no lo trabajaban, sino que lo lanzaban sin editar.
Un periodista español me decía que cuando la TV transmite en directo ya no es periodismo, es electricidad. Esa frase, quizá exagerada, funciona para mostrar la importancia del trabajo editorial que debe hacerse desde que sucede un acontecimiento y hasta el momento en que la noticia se transmite a la audiencia. Cuando pregunté por qué se estaba desatando esa psicosis de la que todos fuimos testigos en las ciudades, me explicaban que en esta sociedad híper comunicada la difusión repetida de estos actos produce un conocido efecto de imitación.
La psicosis se manifestó claramente en el saqueo, pero también en las filas en las bombas de bencina y los supermercados. Más allá de la mayor gravedad de lo primero, ambas actitudes reflejan un clima moral muy individualista. En Twitter un profesional venezolano, @chepele, me decía en relación a la transmisión de los actos vandálicos: «En Venezuela aprendimos la lección con los saqueos de 1989: retransmisión en vivo genera efecto en cadena».
Todos sabemos que si una tienda se deja abierta en la noche en el centro de la ciudad terminará siendo saqueada. Llegarán primero unos oportunistas, serán arrastrados muchas personas necesitadas, también muchos frescos y el lumpen; al final el negocio será vaciado si no hay alguien evitándolo. Lo que advertí por twitter es que con el tema del saqueo y los medios se debía manejar el “cómo” se informaba. No era conveniente la transmisión en directo ni mucho menos dejar que ciertos periodistas-floreros asumieran el protagonismo de notas con fondo musical y visos de heroicidad de estilo hollywoodense.
No digo que no haya que transmitir los saqueos, sino que he discutido el cómo hacerlo. Un conocido periodista de Chilevisión me contestó en Twitter: «Que lo sepan algunos iluminados, los canales de TV están sin (medir el) rating desde el momento del terremoto». Pero según mi parecer el problema no era esto, sino más bien el natural espíritu competitivo de los profesionales de la televisión que se afanan en modos de captar audiencias. Ante mi crítica, un periodista me preguntó si pensaba que tenía que dejar de poner esas imágenes, a pesar de que el resto de los canales las emitían. Creo que implícitamente me estaba reconociendo el problema: los medios están dominados por una cultura competitiva y no están dispuestos a dejar de hacer unilateralmente su trabajo normal «de show de noticias». A pesar de que la noticia por su fuerza no necesitara usar técnicas que aumentaran la emoción, tuvimos que escuchar músicas trágicas de fondo o repetidas imágenes de los mismos niños sin padres a quienes les venía a buscar su madre…