En las comunicaciones hay que hacerse indispensable
Me tocó introducir el almuerzo con el que cada año la Facultad de Comunicaciones de la UC recibe a sus novatos. Se trata de un encuentro en que formamos mesas en que se mezclan novatos, profesores y ex alumnos. Este año invitamos a 19 profesionales, hubo periodistas, audiovisualistas y ejecutivos que se han dedicado a otras áreas como el mundo corporativo o publicitario. En Facebook el Centro de Estudiantes subió algunas imágenes del encuentro. Al comenzar la actividad recordé ideas sacadas de dos libros que creo que sirven para contextualizar el desafío de meterse en el mundo de las comunicaciones.
“Muchos de ustedes tuvieron que argumentar mucho para convencer a quienes les importaban que valía la pena estudiar comunicaciones. Les aseguro que no se van a arrepentir, verán que es un trabajo realizador y fascinante, pero tienen que asumir que tiene un problema: exige apasionarse porque para vivir de las comunicaciones se requiere mucho trabajo.
Hace unos 10 años me topé con un profesor que me mostró que todas las actividades que se podían automatizar perderían valor y que lo único que seguiría siendo valioso serían las historias. Rolf Jensen decía que lo que realmente se paga al comprar un producto o servicio más caro es la historia que se asoció a ese producto o servicio. Los que se dedican a las comunicaciones entran a un mundo donde se aprende a escribir historias, a contar historias, algo que cada vez será más necesario.
Es indudable que el mundo de los medios vive una crisis muy relevante en el paso a lo digital, pero lo que está en crisis no son las cada vez más influyentes comunicaciones masivas, la crisis la están viviendo las industrias que hasta ahora han dominado el mundo de las comunicaciones. Si ustedes se terminan convirtiendo en solo un comunicador promedio, si pasan piola por la escuela, si pasan inadvertidos por la vida, con suerte terminarán siendo burócratas de empresas condenadas a desaparecer. El desafío que les quiero plantear hoy es que para realizarse en este sector lo que no basta pasar inadvertidos.
Este verano leí un libro de otro autor, Seth Godin, “Linchpin, Are you indispensable?”, que era un llamado a destacarse para encontrar oportunidades laborales. En el libro, el autor más relevante de la iea del marketing viral, decía que para hacerse un profesional indispensable uno debe renunciar a frases como “esto no me corresponde”, “eso no es mi obligación”, “eso no es mi trabajo”. En este sector no tienen buen futuro los flojos, los expertos en sacar la vuelta. Como nos dedicamos a realizar contenidos en esta Facultad copiar el trabajo ajeno es lo más grave que pueden hacer.
Es importante que se obliguen a hacer un cambio en sus vidas. Los colegios chilenos, el mundo de donde acaban de salir, es una gran fábrica de personalidades uniformes que salen convencidos de que no pueden hacerse indispensables. El temor al ridículo, a lo que piense el resto del curso, es lo que mata las mejores ideas, es lo que mata las posibilidades de plantear opciones distintas, de ser distintos. El desafío es aprender a no temer a sus compañeros, aprender a estimularse unos a otros. Ni siquiera teman a los profesores. Una confesión, la historia muestra que los profesores somos conservadores, nos gusta pensar que el futuro será parecido al pasado, pero un poco mejor, tendemos a tener poca cintura para los cambios radicales.
En el mundo que viene valen los indispensables, que son los artistas, no en el sentido de los que hacen lo que sienten desde el estómago, los artistas en el sentido de ser aquellos que asumen completamente la responsabilidad de lo que hacen, los que se atreven a desafiar lo establecido a cambiar a las personas. Los mediocres se pasan la vida asustados, con temor a equivocarse. Prefieren hacer las cosas según las instrucciones, según un manual, porqué, porque si se equivocan comparten la responsabilidad con el autor del manual.
Miren el caso del periodismo. Con los años hemos llegado a tal nivel de consenso en los procedimientos para encontrar la información que los distintos medios no tienen diferencia en lo que publiquen. Si aplicamos las mismas técnicas de reporteo, usamos las mismas fuentes y les hacemos a ellas las mismas preguntas es lógico que el resultado sea una historia sin diferencia respecto a la de los otros medios. Un profesor, Robert Picard, decía que el problema de los cada vez más bajos sueldos de los reporteros tenía que ver con la inexistencia de valor agregado personal en el trabajo de los profesionales.
Algunos colegas periodistas les gustaría un mundo donde nuestro trabajo sea financiado por la sociedad por la importancia que tiene, creen que el trabajo debe ser muy recompensado por su importancia, pero la realidad es que solo será recompensado si las empresas donde trabajamos obtienen utilidades y para eso es fundamental la competencia, hay que distinguirse, hacer mejor el trabajo que el resto.
Los invito a jugarse por el trabajo, a hacer cosas sin temor a equivocarse, los errores también sirven. Desde hoy comiencen a trabajar sus propios espacios sociales, seguro que la mayor parte ya usa cuentas de Facebook, de Twitter. Ahora tienen que empezar a trabajar como profesionales en esos espacios. Tienen que aprender a usarlos como herramientas eficientes, tienen que preocuparse de la calidad de las personas que siguen, de los temas de las conversaciones en las que participan. Esos espacios sociales, que para sus amigos de otras carreras serán momentos de ocio, para ustedes será parte de su profesión.
Termino recordándoles que al final de su paso por la universidad, cuando tengan una oportunidad de trabajo, la diferencia no pasará por el cartón que podrán obtener en esta carrera, ni siquiera el curriculum que redacten con sus antecedentes, la verdadera diferencia que los podrá hacer indispensables será la reputación que les preceda.”