Qué televisión abierta queremos para los tiempos de la TV digital
Esta semana me invitaron nuevamente a hacer de provocador dentro del seminario Provocaciones 2009 que organiza el Observatorio de Medios, Fucatel, dirigido por Manuela Gumucio. Revisando mis apuntes ví que ya había sido invitado en el 2007, pero no me he saltado seminario de estos hace tiempo, ya que en el 2008 no se realizó porque se había atrasado la ley de televisión digital, que es justamente el tema del seminario. De todas maneras el año pasado me invitaron igual a discutir mis ideas con un argentino que realmente había trabajado el tema y yo hice una verdadera apología de la concentración que tanto se critica en Chile.
En esta oportunidad el tiempo iba a ser muy escaso, al final se trataba de no más de seis minutos.
Antes de que yo hablara habían hablado Manuela Gumucio y René Cortazar, los dos consideraban que la nueva ley de la televisión digital terrestre era lo más importante que le sucedería a nuestra televisión. Para ambos el tema era de enorme relevancia. Hubiera sido cínico que yo asumiera esa postura tan acorde con el tono del seminario. Pero yo hacía pocos meses había dicho aquí mismo que el país ya se podría permitir saltarse la adopción de ese sistema, que podíamos ir directamente a una apuesta por la banda ancha. Posteriormente hablé en favor de la adopción de la norma japonesa, pero había vuelto a ningunear la importancia que se le daba a la medida, salvo por la apuesta implícita por los celulares y la alta definisión en perjuicio de la multiplicación de canales.
El tema es que mantuve mis posturas, el jueves comencé insistiendo que para mi el debate que se realizaba y tenía a toda la audiencia ansiosa me retrotraía al pasado, que me parecía que se refiería a una discusión propia de una época cuando los canales abiertos dominaban el mundo de la entretención nacional y el tiempo de las audiencias. Muchas de las exigencias que veo que piensan plantearle al sistema abierto a TVN asumen una realidad inexistente caracterizada por tres términos: Control, exclusividad y escasez
Pero el verdadero impacto digital no tiene nada que ver con la norma que tanto nos ha costado definir ni la ley que ahora se comenzará a discutir, lo digital es una fuerza mucho mayor que se ha convertido en la tormenta perfecta para los medios masivos, otros lo han llamado el tsunami digital, un cambio de escenario definitivo.
Hubo un momento, tanto hablamos de los 80 ahora que podríamos volver a esa época, en que la televisión abierta se convirtió en la reina indiscutida entre los medios masivos, los estudios muestran que entonces de cada 10 minutos dedicados a cualquier medio seis se destinaban entonces a la televisión, que entonces era casi lo mismo que hablar de TV abierta, hasta el año 2000 no les mencionaría lo que les quiero advertir.
Según la mayor parte de los analistas en muy pocos años toda lo que se entiende por televisión (la abierta, el cable y el satélite) explicará solo 3 de cada 10 minutos dedicados a los medios, casi lo mismo que dedicaremos internet, cada vez más relacionado con contenidos audiovisuales. Piensen que hace ya dos años en Estados Unidos, solo un sitio de internet, Facebook, ocupaba más tiempo de los universitarios de ese país que la suma de todo el tiempo que ellos dedican a la televisión.
Hay que cuidar de no agravar legislativamente una situación de por si complicada. Para mi el desafío es que construyamos herramientas que favorezcan la calidad de nuestro audiovisual, haciéndose cargo del contenido que llegue a audiencias ya sea llega por las ondas televisivas, pero también por internet, el satélite y el cable…?
Siento que la discusión tiene que entender que en el esquema que viene el sistema se caracteriza por fundamentalmente por la abundancia de oferta. Desde hace años critiqué el interés de mucho de usar el sistema de TV digital para tener más televisión, variedad, pluralismo, lo critiqué no porque considerara negativa la variedad sino porque consideraba que ese problema se estaba resolviendo paralelalemente por la fuerza mucho mayor de la digitalización. El problema de nuestro audiovisual no son las posibilidades de encontrar espacios de difusión.
La consecuencia más importante del tsunami digital es que hay una presión definitiva en perjuicio de la economía de los medios tradicionales, financiados por avisos comerciales. Cada vez hay más avisos, desde los años 80 se ha multiplicado la cantidad de dinero que se invierte en el mundo de las comunicaciones, miren lo que fueron las últimas olimpiadas¨
Pero hay una trampa, estos avisos crecientes ahora llegan a un grupo menor de personas que, encima, está prestando menos atención a esos numerosos comerciales. Ya en la televisión en el 2000 se había bajado la recordación de marcas a menos del 10%.
El gran cambio IRREVERSIBLE es que mientras en el siglo XIX se decía sobre la publicidad “todo lo demás es gasto”, hace diez años, la revista Advertising Age publicó un ensayo llamado el escenario del caos donde muestra que las agencias parecen no estar preparadas para el inminente fin del modelo tradicional de avisos televisivos. Acaba de salir un libro con ese mismo título que deberían revisar.
Hace ya cinco años apareció el libro La vida después del comercial de 30 segundos donde Jaffe refuerza esa tesis. El libro comienza diciendo: “Si todavía hay gente por ahí que cree los medios masivos son un negocio viable, por favor muéstrenle este libro” . Desde entonces el desconcierto ha sido absoluto, no es casual que la revista Time haya dicho hace unas semanas que el comediante Jay Leno se convirtió en la última salvación para las cadenas norteamericanas, no es casual que Leno tenga su programa de conversación y farándula TODOS los días en el primer time. El problema de los medios masivos no es la falta de audiencia es el falta de ingresos publicitarios.
Si todo es digital y pronto el almacenaje no será un problema – por 130 dólares se venderán el próximo año memorias capaces de guardar 1500 películas o una temporada completa de un canal tradicional- uno entiende el vaticinio de la revista NewsweeK de hace dos años: “Uno va a poder ver cualquier cosa que le interese, en cualquier momento, en cualquier parte, desde las tv de alta resolución hasta los celulares“.
Cuando se critica a nuestra televisión se dan ejemplos europeos sin considerar que, por ejemplo, en Cataluña subsidian su televisión local en más de 340 millones de euros por año, eso es más dinero que el de los presupuestos de todos nuestros canales chilenos. En España solo en el subsidio de la televisión autonómica se ponen más de mil quinientos millones de euros por año, esto sin considerar el presupuesto de los canales estatales. Quién pagaría eso en un país donde no hemos satisfecho las necesidades básicas a un porcentaje importante de chilenos.
Si no cambiamos nuestro actual sistema de televisión el país podrá aprovechar la actual rentabilidad de los canales chilenos, incluido TVN, un canal estatal rentable y exitoso en audiencias. Yo creo que el foco no debe ser más televisión porque eso ya no es problema gracias a la revolución de internet sino basta con trabajar por una mejor televisión. Chile tiene carreteras del primer mundo porque diseñó la forma como comprarlas, si queremos una televisión de calidad nuestra sociedad tendrá que meter la mano al bolsillo para sacar el dinero que significa comprarla o producirla. Hoy el Estado no gasta en televisión gracias al autofinanciamiento de nuestro canal público, termino estas palabras preguntando por qué no empezamos a discutir un fondo concursable de verdad relevante como incentivo para calidad de la televisión de los chilenos, concursable por toda empresa que consiga audiencias relevantes tanto en la televisión abierta como el cable. Estoy hablando de 500 millones de dólares, algo que significaría un estímulo real a toda la industria audiovisual chilena.
No olvidemos que no hay almuerzos gratis, que alguien tiene que pagar… Esta frase que usó un escritor de ciencia ficción norteamericano en los años 60 y la popularizó el economista Milton Friedman para mostrar los costos ocultos nos lleva a entender que de alguna forma tenemos que financiar el déficit propio de las comunicaciones masivas. Si entendemos lo que viene nos damos cuenta que no tiene sentido hacer una ley que fuerce a la TV abierta a tener variedad, eso lo dará la tecnología sin necesidad de ninguna ley, el desafío es asegurar producción chilena de calidad. Hasta el año pasado las platas del consejo financian el 0,5% de la programación siendo generoso, porqué no ponemos sobre la mesa la necesidad de que se financie el 50% de la programación.
Finalmente comenté lo que viene: dije que todo pasa por los celulares y por la lucha por el siguiente gadget, el aparato portatil siempre conectado mediante telefonía celular 4G. El aparato que se convertirá en diario, revista, radio, libro y, por supuesto, televisión. Un aparato por el que en unos segundos bajaremos películas de dos horas en alta resolución. Por ese aparato están compitiendo las empresas de computadores (netbooks), las de celulares (smartbooks), los libros electrónicos y el tablet que todos esperan que Apple lance antes de junio próximo.
Mi tono invitaba a cambiar desde ya el foco de las preocupaciones, invitaba a no ver estos sucesos como el futuro sinó asumirlos como una urgencia que está sucediendo en países del norte y se nos vendrá encima como un tsunami. La recepción de mis palabras fue buena pero con una carga de ironía. Me recordaron que hay zonas en el país que todavía no tienen antenas de celular, que muchos están muy lejos de esto. Mientras hablaba recordaba la lectura del último libro del analista de publicidad Bob Garfield, The Chaos Scenario, esa frase tan drástica: “Diarios, revistas y en especial la televisión está doomed”. en el panel no terminaban de ver mis advertencias como algo que sucederá pronto. Estaba el director ejecutivo de TVN, no se si me comprendió, no le quedaba más remedio de decir solo argumentos políticamente correctos, nada que dijiera en mi favor lo hubiera sido en esa audiencia. Antonio Delfau, sacerdote jesuita. aprovechó que tenía la última palabra para ironizar mis argumentos, comentó algo así como “porqué están tan preocupados en la industria de la TV de defender sus posiciones si es verdad que se trata de una industria tan madura como la plantea Eduardo Arriagada”.
No pude quedarme a la segunda mesa, tenía una reunión con mis amigos de Cooperativa. Al rato de irme un alumno puso en Twitter: “Buena profe. Sin @earriagada no hay debate jaja. Ahora el foro es un muro de los lamentos.”