Aunque muchos lo critican sigo creyendo en las versiones digitales que imitan al papel
La razón de mi viaje a USA fue confirmar la idea que tenía de que en el contexto actual de la industria los diarios y revistas se deben desarrollar aplicaciones que permitan una experiencia similar a la de la tinta digital en distintas pantallas desde donde podremos acceder a una experiencia análoga a la del papel, en el sentido de poder ver qué es lo que la gente del medio me quiere decir.
Se trata de las ofertas de “rich media” que tienen sentido en la búsqueda de espacios por los que se podría cobrar algo dentro de la oferta a internet de los diarios. Trabajar esta idea asume que una parte del tráfico de los lectores (la más masiva y juvenil) funcionará en la internet tradicional HTML, usando los espacios que entregue la evolución de los actuales sitios web de los medios. Quizá aquí los medios definirán sus diversas murallas: que es la forma como hoy se define lo que se pone en la red libre para promover las visitas y lo que se deja solo para los suscriptores de algún tipo.
Lo que yo aludo es una forma complementaria y distinta de ver el diario que asume que en el mediano plazo será necesario (por el alto costo del papel) realizar una progresiva migración de una parte de nuestra audiencia desde el papel hacia una alternativa pagada pero más barata que el papel en las diversas pantallas que usaremos (computadores tradicionales, netbooks, smartbooks, teléfonos inteligentes, libros electrónicos, etc.). La idea es que en esas pantallas los medios entreguen una experiencia similar a leer un diario o una revista en papel, agregando las ventajas de lo digital con infografías móviles, videos y podcast de audio. Si asumimos la posibilidad de que el papel desaparecerá más temprano que tarde como forma masiva de mandar el diario o las revistas a los lectores, no porque los lectores no quieran leerlos en papel, sino porque la crisis de la publicidad tradicional convertirá a las actuales versiones impresas y enviadas a nuestras casas en un lujo caro para una parte importante de ellos, se debe empezar a avanzar en su reemplazo.
Es increíble como la sola mención de esta alternativa irrita a muchos de los expertos en el futuro de los medios. Hay muchos profesionales que vienen hablando hace una década de la necesidad de apostar por lo digital que ante la resistencia de los dueños de medios han perdido la paciencia. Personajes como Mario Tascón de lainformación.com en España, Allan Mutter de Newsosaur, Jeff Jarvis ya no quieren hablar de nada que suene a papel y redacciones tradicionales. En esa línea está también el periodista Francis Pisani, que en octubre pasado me convenció de entrar a Twitter, estuve esta semana en su casa de Berkeley y se mostró completamente en contra de este camino de construir versiones digitales que “imiten al papel”. Ya compartiré su conversación por un video. En esa línea en Chile está un conversador de estos espacios, Ignacio Rodriguez.
Por otro lado, por mas que tenga dudas antes sus envidiables certezas, soy de los que creo que los mayores de 40 años somos muchos los que valoramos la forma tradicional de hacer el periodismo. Hay que tener presente que más allá de la crisis del modelo de negocio de los diarios, en Estados Unidos nunca estos tuvieron audiencias tan masivas como las que suman hoy sus ediciones impresas y de internet. Es decir que existe un grupo importante de personas que todavía pueden valorar algo análogo a lo que hemos usado muchos años. Somos muchos los que pensamos que así como existe un espacio en internet para YouTube y los videos, a pesar de que no es un producto construido en la forma tradicional del Html que prefieren los buscadores, también surgirá un espacio para aplicaciones que permitan acceder a una experiencia análoga a la del papel pero mejorada. Es la idea que hay tras proyectos como el NYT Reader 2.0 o de la revista Flyp media. En mi reunión con Roger Black en Nueva York me contó que el Washington Post él está trabajando en algo construido sobre HTML, que quizá lo presentará en noviembre en la reunión de la SIP.
En el caso de la aplicación que usa el NYT, construida sobre Adobe Air, se consigue un contraste muy atractivo, una forma de navegar por las noticias de manera muy similar a la experiencia en papel y, especialmente, el servicio garantiza que independiente del tamaño de la pantalla que usemos siempre se nos dirá cual es la jerarquía que plantea el NYT. Aquí hay un tema relevante, para los críticos de este camino la sola idea de seguir defendiendo la portada hecha por periodistas, la idea de pauta, es algo sacrílego en el nuevo mundo 2.0 en el que manda la inteligencia colectiva.
Yo todavía creo que tiene valor la edición, el trabajo en grupo de los periodistas, independiente que reconozco que en la redacción del futuro debería ser solo uno de los pilares junto a la capacidades de juntar enlaces relevantes mediante boots o arañas como de permitir una participación de los lectores. Sigo creyendo que la apuesta de los periodistas de un medios es clave, lo que se traduce en una cierta “portada”, una definición de qué es lo más importante del día y una jerarquía de las noticias, algo que es importante para los diarios de calidad porqué la relación con el lector leal se basa principalmente en la costumbre de usar la portada para entregar un mensaje gracias a apuestas muchas veces drásticas. Esto no lo entienden incluso periodistas tradicionales en Chile donde las portadas de muchos diarios ya renunciaron a esta tradición hace unos años solo por el declive de ser masivos.
Me reafirmo en lo que comenté por aquí hace unos meses: les pido que vean el post Espacios lógicos para nuestras historias.