La vuelta a lo esencial. Sobre la crisis económica.

 

Es fácil hablar sobre la crisis desde la tranquilidad. No paso los aprietos que sufren muchos, por lo que es fácil discursear sobre tranquilidad y sangre fría desde este lado de la calle. Hay que estar en la vereda de la incertidumbre para ver que el horizonte aún pinta para café oscuro. En efecto, todo habla de que las luces en lo inmediato no aparecen: la crisis económica se enseñoreará sobre nosotros durante un buen tiempo.

Así y todo, me permito un par de pistas de reflexión ante las apreturas que todo esto impone. Todo indica que las categorías económicas que manejábamos hasta hace un tiempo no resisten más. Se impone una economía solidaria, donde el trabajo y su mantención sustentable sea lo prioritario. La pura especulación, la expectativa de la ganancia cortoplacista ha mostrado toda su debilidad. El mero juego libre de la economía, se ha vuelto contra sus inestables bases. Sin una regulación responsable, los peligros de atropellos a la libertad se dan con facilidad. Por ello, los controles o fiscalizaciones en el plano económico, bien llevados, no son un freno a la libertad sino que un aliciente y estímulo para vivirla responsablemente.

Solo una economía centrada en el hombre – por relamida que suene esta expresión – es la que nos reportará riqueza. Se ha mostrado como falso que la sola codicia personal trae riqueza al conjunto. El afán de lucro meramente personal ha sumido a miles de personas en la pobreza.

Se ve que, si el crecimiento no se apoya en una estructura solidaria, finalmente se vuelve en contra del conjunto social. La ganancia de unos pocos es pobreza para el todo si ese afán de lucro no va acompañado de un cuidado por el entorno. Y si esta consideración no brota de cada cual, será el conjunto social el que nos recordará nuestra responsabilidad ante la sociedad.

Unas pocas voces peregrinas criticaron hace unos días la postura de la Iglesia ante la necesidad de conservar los empleos. La voz de la Iglesia mostró nuevamente su sabiduría. La invitación a conservar las fuentes de trabajo, a ser creativos en su invención y mantención redundará finalmente en mayor riqueza para todos, sobre todo para quienes se esfuercen en crear fuentes de trabajo y mantenerlo. La paz social, la estabilidad de una nación y su proyección sólida y estable en el tiempo es fruto de condiciones económicas sólidas. Y eso pasa por fuentes de trabajo que permitan un crecimiento mancomunado. La pobreza de un sector de la sociedad, por pequeño que sea, se vuelve negativamente contra toda la sociedad. Es lo que estamos pagando a través de la delincuencia, la vagancia, el tráfico de drogas y una cesantía que se vuelve crónica. Por lo mismo, aplaudo el esfuerzo de muchos sectores por favorecer la creación de empleo, aún a costa de sacrificios. Si en la bonanza hemos sabido repartir utilidades, sepamos repartir solidaridad y estabilidad en los momentos de mayores apreturas.

Aprovechando bien las lecciones de la crisis, deberíamos salir fortalecidos de ella. Este tiempo es una invitación a una mayor austeridad y simpleza de vida, a una mayor solidaridad, a la consideración de los más débiles dentro del entramado social, a pensar a largo plazo en un crecimiento sustentable y a hacer de mi libertad un bien inserto en el conjunto social. Nos volveremos más humanos.

 

P.Hugo Tagle

htaglem@uc.cl