Los diarios ya perdieron la calles en Nueva York (#NY 2)
Fue en las calles de Nueva York, cuando surgían los centros comerciales y los rascacielos, donde se desarrolló el modelo de negocio de los diarios y, con ello, la forma empresarial que fomentó el desarrollo de las prácticas profesionales periodísticas. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, luego del éxito de los Penny Papers, se desarrollaron dos formas de trabajo “periodísticas” que explican las características de los diarios que se consolidaron en los primeros años del siglo XX. Por un lado la fórmula masiva de los Pulitzer y Hearst que consiguieron un producto atractivo, por el otro, la apuesta por la calidad informativa de Gordon Bennet Jr. en el Herald y la de Adolph Ochs en el Times.
La historia de la prensa nos muestra que la empresa periodística profesional y masiva no surgió por combustión espontánea, es resultado de la competencia que se da en Nueva York entre 1860 y 1900, gracias a la la introducción de la publicidad en la prensa. Recién cuando la publicidad alcanza un rol prominente algunos gestores de medios descubrieron mediante prueba y error la fórmula para hacer de estas publicaciones un negocio. La estrategia demostró que, a pesar del interés existente en la información periodística, los lectores no estaban dispuestos a pagar el costo que tenía el proceso de reporteo, edición, impresión y distribución. La publicidad de un número ilimitado de empresas fue descubierta como el subsidio menos condicionante del periodismo, en especial de su carácter fiscalizador respecto a los poderes públicos. En círculos académicos se considera aquel momento como el paso del periodismo de escritores privados al periodismo de los medios de comunicación de masas.
El diario se convirtió en una empresa altamente rentable, en especial en los casos que se apostó por la calidad informativa: El periodismo que se desarrolló en Manhattan se reprodujo mediante miles de desarrollos análogos en diversas latitudes lo que sirvió para enriquecer progresivamente el concepto. No hay mejor ejemplo del poder de atracción que el diario tuvo entre los habitantes de una ciudad que el reportaje que se hizo durante una huelga de distribuidores de diarios en esa misma ciudad. En las enormes filas que los lectores soportaban por tener una copia de su diario se refleja el poder de atracción que tuvo el periodismo. Una fuerza que no se ha perdido respecto a las buenas historias, más bien se han multiplicado de tal manera las alternativas informativas, sobre todo gratuitas, que lo que ha perdido adhesión es la necesidad de comprar cada mañana el diario.
Hace unos días comenté una frase de Cebrián, decía que la sobrevida del diario en papel estaba condicionada por nuestro trabajo, decía que si hacíamos bien el trabajo el diario de papel como hoy lo conocemos existiría en 10 años. quizá no 15. En este “hacer bien el trabajo” no solo debemos pensar en la forma de reportear y editar más propia de nuestro trabajo periodístico, también es clave considerar la distribución de los ejemplares.
Al poco andar por Nuevas York uno toma conciencia de que la institución del “canillita” ya hace mucho que perdió relevancia en una de las ciudades que los hicieron famosos: en una semana recorriendo distintos barrios me topé solo con dos vendedores al estilo canillita, uno de ellos en la misma puerta de la Estación Central de trenes de la calle 42.
Pero lo que consideré mucho más grave es la posición relativa que han llegado a tener los medios de comunicación impresos, pero en especial los diarios, en los miles de kioscos que ocupan prácticamente cada esquina relevante de esa ciudad.
La foto superior es un ejemplo de los kioscos característicos de la ciudad. Actualmente cada uno tiene un refrigerador que ocupa el 25% del espacio que da hacia los transeúntes, es un espacio equivalente al que tienen en primer plano la totalidad de las revistas, de hecho estas se presentan con sus portadas superpuestas (destruyendo el gran esfuerzo de los editores), solo se ve una parte de su logo ya que el limitado espacio y la variedad de títulos obliga a ponerlas unas sobre otras. La verdad es que hay otro espacio para las revistas, pero se encuentra en la espalda del kiosquero y se trata de un sistema de casillas donde solo permite ver los logos de las revistas, tampoco ahí se ven las portadas y está tan atrás que cueta aprovecharlo. El mejor lugar del kiosco, sobre el mesón plateado, es el espacio que obtienen los caramelos, los chocolates, que se aprovecha también para unas tarjetas telefónicas, remedios, lápices y otros productos… ¿Y los diarios? Estos se colocan en el mismísimoo suelo, junto a los pies de los transeúntes en unos espacios que impiden completamente leer los titulares de los mismos, apenas se pueden ver los logos de ellos. De hecho en la foto que ejemplifica este post ya no quedaban ejemplares aunque eran las 12 de la mañana.
En la foto de abajo se ve la situación de los diarios en la mejor hora de la mañana en otro kiosco. En ella se ve también un aspecto de algunos laterales que en vez de ser aprovechados para colocar las portadas de las revistas se “arriendan” publicitariamente. El resultado es que revistas y diarios no tienen en las calles un lugar relevante donde mostrarse. La verdad es que la situación de los kiscos dentro del metro es un poco mejor para la prensa impresa y hay que destacar la calidad del trabajo de presentación de los medios que hace la empresa “Hudson News” que tiene locales grandes en las estaciones de tren como en los aeropuertos y se convierte en los oasis en favor de la prensa en la otrora ciudad del periodismo.
Hay ciudades con kioscos mejores, los de Madrid todavía son un lujo en favor de los medios impresos. En diciembre pasado escribí un post en este blog sobre lo que venía para los medios tradicionales en el año 2009, comenté que la revista Monocle terminó el año proponiendo una reinvención del kiosco tradicional como un agente clave del cambio. Decía que en confereel artículo el mismo director fundador de la revista, Tyler Brûle, dijo: “los seminario de diarios y revistas son seguramente las actividades más deprimentes donde uno puede hoy pasar una mañana o una tarde”… e ironiza sobre los “asustados ejecutivos y poco talentosos editores que pasan por decenas de “slides” que solo revelan falta de sentido estratégico y menos innovación”. Un trabajo apropiado para organizaciones de medios como la Asociación Nacional de la Prensa sería mejorar la negiciación con las municipalidades en favor de un mejor espacio para nuestros medios en las calles.
En el caso de NY esta progresiva menor presencia se agudiza aún más por las crecientes formas informativas que acercan a los ciudadanos de esa ciudad con las noticias, dos ejemplos de pantallas bien aprovechadas con noticias de última hora, información bursatil, del tiempo como otros servicios propios de los diarios: las que se encuentran en los taxis y las que están en los ascensores de los edificios.
Televisor informativo de un ascensor de un edificio de oficinas en la 41 street
Televisor con touch screen informativo de los taxis de NY
(#NY: con este post sigo adelante con una serie de comentarios relativos a lo que me pareció interesante de un viaje que realicé en Nueva York a fines de abril. La idea es promover conversaciones sobre temas relevantes respecto a lo que viene para los medios)