Una (otra) de las nuestras

Cada cierto tiempo somos testigos de cómo los ex-alumnos de nuestra facultad llegan hasta lo más alto de la prensa nacional. Sus profesores y contemporáneos se enorgullecen de ver a los otrora alumnos de periodismo UC alcanzando cargos de editor general, director de medio o conductor central de noticias en radio y televisión.

 

Pero hace rato que la prensa dejó de ser el único ámbito de acción para los nuestros. Casos como el de la ex ministra de minería, Karen Poniachik o el presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, ambos ex alumnos de la Facultad de Comunicaciones de la UC, lo dejan en evidencia.

 

Incluso dentro del ámbito de las comunicaciones, hay otros espacios fuera de las salas de redacción, la pauta dura, la investigación en profundidad y el golpe noticioso, que también son conquistados por los comunicadores UC.

 

Hago esta reflexión a partir de la participación de Soledad Onetto como co-animadora de la última versión del Festival de Viña del Mar. Aunque animadoras previas del Festival ya habían incursionado en la lectura de noticias (Raquel Argandoña, Cecilia Bolocco) y aunque ya teníamos el antecedente de una de nuestras ex alumnas asumiendo la conducción en la Quinta Vergara (la periodista Carolina Jiménez estuvo una noche en 1994), la situación de la Sole como animadora de las 6 noches de festival viniendo del mundo de las noticias es, ciertamente, inédita.

 

Pero ¿es también motivo de orgullo una incursión como ésta? Para mi lo es, sin lugar a dudas. Orgullo por un desempeño mucho más que aceptable en su rol de conductora. Orgullo por atreverse al desafío. Orgullo de ver a una colega de profesión y de facultad domando un espacio que no es simplemente el Festival de Viña del Mar como sinónimo de diversión, espectáculo o farándula. Es, hoy por hoy, el evento con la audiencia en vivo más grande de nuestro país (quizás sólo superada por la final de la teletón en el Estadio Nacional aunque si sumamos los públicos de las 6 noches de festival, el total es favorable a Viña) y la transmisión televisiva en vivo más grande e importante en términos de producción y, por ende, también una de las más difíciles de llevar adelante. En resumen, una de las más desafiantes instancias comunicativas posibles, pues no sólo debe interactuar con “el monstruo” en vivo y en directo, sino también llevar adelante una transmisión televisiva de nivel mundial a todo Chile y a todo el continente.

 

La Sole tiene para esto una virtud invaluable y envidiable: Su versatilidad. Ha construido una carrera lejos de los perfiles cerrados o los encasillamientos fáciles pero sin abandonar su rol de periodista, en el cual se destaca por estar siempre revisando apuntes, notas y datos, haciendo honor a esa bien ganada fama de matea y construyendo desde ahí, desde su profesionalismo para encarar cada nuevo rol, su solidez para moverse en los distintos formatos en los que ha incursionado (el matinal, Acoso Textual, Estamos Conectados entre otros) y mantener, a la hora de las noticias, su credibilidad que, ciertamente, no se desperfila tras esta incursión.

 

Quizás, lo que acabamos de ver en febrero sea la menos “periodística” de sus facetas, pero como espacio de comunicación, es probable que haya sido su desafío más grande y por lo mismo, igualmente es motivo de orgullo para mi que sea una ex alumna de esta facultad. Y creo que  no es necesario que decida si quiere ser la próxima Cecilia Bolocco o la próxima Hernán Olguín. Tiene crédito suficiente para ser ambas cosas y ninguna a la vez. Para seguir siendo Soledad Onetto.