Mil soles. Llegó marzo
Dominique Lapierre, periodista y escritor francés, describe en su libro “Mil Soles” a una serie de rostros descubiertos en sus periplos periodísticos: desde un niño mutilado en una sangría africana, pasando por Teresa de Calcuta en su India mágica, hasta un traficante arrepentido y condenado a muerte en Florida. El título, tomado de un refrán indio que dice que “detrás de las negras nubes se esconden siempre mil soles”, expresa la lucha librada por quienes descubren una luz de esperanza a pesar de los traspiés y dolencias sufridas en sus vidas.
Lapierre habla de vidas marcadas por la desgracia de guerras, hambre e injusticias; describe los días grises de existencias que no han sido otra cosa que una lucha por la supervivencia. Vidas que supieron casi sólo de fracasos. Y, sin embargo, en todas ellas brilló en algún momento una luz esperanzadora. En el fondo, se trata de ese tipo de personas que han transformado este mundo en algo digno de vivirse. Y pensando en uno como ellos, me sorprende marzo.
Se trata de Carlos y sus tres niños. Los conocí hace unas semanas en su puesto de feria callejera. Juan, el menor de los tres hijos, sufre una extraña enfermedad que lo tiene postrado desde su nacimiento. Los gritos y empujones en los pasillos de esa feria no impiden las bromas ni las palabras de aliento de Carlos a Juanito. Tampoco logran apagar la chispa de vida que se enciende en sus ojos cada vez que éste escucha la voz de su padre.
La crisis económica que encaramos me hace pensar que debemos adoptar la actitud de Carlos: mirar el futuro con esperanza, con fe, con ganas de superar la adversidad. Sin proyectos, el presente se desmigaja en la repetición y la insignificancia. Solo un proyecto esperanzador logra dar sentido al fracaso, a la adversidad y encauzarla para un bien mayor. Quizá a veces pecamos de ingenuos ante la adversidad. Pero será mejor así: es la esperanza la que oxigena y da sentido a la vida.
Al inicio de un año marcado por la sombra gris de la incertidumbre económica, estrés y rebrote de tensiones sociales, la esperanza y la fe hacen aflorar aquí y allá algo de esos “mil soles” descritos por Lapierre. No es ni ligereza ni pseudo-optimismo. Se trata de cultivar el ánimo de sembrar paz, caridad, bien que late en cada uno. Lo suficiente para gatillar una risa tan despreocupada como la de Carlos y la de Juan. Es esa mirada esperanzadora, que alimenta su actitud despreocupada, la que nos recuerda que detrás de toda nube negra existen mil soles.