2009, el año en que “murió el tomate”
Hace unas semanas un post titulado más o menos así me hizo pensar que el blogger español Enrique Dans había analizado el problema del periodismo, en realidad se trataba de algo completamente distinto sobre la televisiòn de España. Inocentemente pensé que el titular mencionaba al tomate debido a una frase que se repetía en The New York Times. Yo se la leí a un importante ejecutivo de allí, Abe Rosenthal, que dijo algo más a o menos así: “En los momentos de crisis, a una sopa lo mismo cabe añadirle agua que tomates. La tradición del The New York Times ha sido siempre mejorar la sopa añadiéndole más tomates”. En esa lìnea el año 2009 sería el año en que definitivamente habría perdido eficacia la estrategia de la calidad como forma de garantizar el éxito empresarial de los diarios, en especial la forma de enfrentar los momentos cìclicos de crisis.
Es un hecho que en este noveno año del siglo la realidad que enfrentan las principales empresas periodìsticas es durísima. No tiene sentido lanzar ejemplos, la bancarrota el grupo Tribune, el cierre del Rocky Mountain News, los problemas de la editora del Philadelphia Inquirer y el NY Daily News, etc. (Un link que sirve de contexto). El llamado tsunami digital está obligando a los diarios a apostar por un internet que se ha mostrado como un espacio empresarial tremendamente poco “cariñoso” con los emprendimientos periodìsticos.
Muchas empresas se han convencido que los diarios de papel viven una situación equivalente a la de la fotografìa análoga o de las empresas discográficas. Las tendencias commoditicias de los Jarvis y los Anderson hacen de internet un desierto terrible para los medios informativos en cuanto espacios de negocio, pero la situación todavía es más complicada si analizamos la lectoría que ahí se consige para los productos editoriales. Aunque a los màs inocentes los ilusionan las mayores cifras de visitantes únicos que reciben los diarios en internet respecto a sus ediciones en papel, el panorama es desolador cuando se estudia cuanto material periodistico realmente es leído cada mañana y la formaciòn de hàbito que se desarrolla.
Qué diferencia hay entre el hábito del ojeo de un diario en papel (que de paso servía tambièn para el ojeo natural por los espacios publicitarios) con el consumo de los sitios web de internet. Qué complicada es la situación en que quedan las marcas y los avisos dentro de las pantallas de los PCs, para qué hablar de los celulares o móviles.
Un ejecutivo que sabe del tema, Earl Wilkinson, que además tiene un empleo y una tribuna que le permite desarrollar sus ideas, la gerencia de la International Newspaper Marketing Association (INMA), argumentaba con el documento “No Iceberg” (hay que leerlo) que la idea de la muerte del los diarios era un mito fundado en tremendas exageraciones. Wilkinson muestra, en un análisis que recoge experiencias globales, que el diario mismo no está en problemas ya que todavía funciona como una operación rentable, aunque reconoce que los problemas de muchas de las corporaciones que controlan los medios tienen una gravedad tal que explican la falta de optimismo del sector.
El ejecutivo de la industria también reconoce que hay diarios con modelos de negocio que los hacen más vulnerable a la crisis actual: los gratuítos o que se venden en kioscos, las empresas cuyas ventas en más de un 60% están asociadas a la publicidad, los que dependen mucho de los avisos clasificados, los que circulan en países con alta penetraciòn de internet, entre otras cosas.
Lo complicado es que incluso las empresas que han hecho sus “tareas”, al menos respecto a trabajar el tema de la calidad, como es el caso del NYT o el mismo El País de España, también se han convertido en ejemplos de empresas en aprietos financieros. Las comentadas aventuras de un empresario como Carlos Slim (experto en aprovechar empresas en problemas) alrededor de ambas, confirma lo anterior. Dos noticias sobre las andanzas de Slim: una y dos.
La idea de que los diarios impresos murieron como negocio tomó fuerza cuando la prestigiosa The Economist concluyó aquello luego de la publicación del libro del académico norteamericano Phil Meyer, The Vanishing Newspaper. Para Meyer las empresas estaban descuidando la sostenibilidad del hábito de sus lectores al sacrificar la calidad por la presión por mantener márgenes muy altos de rentabilidad, qué pasará cuando esos márgenes se diluyan.
La posibilidad de “echarle tomate” a la sopa se complica en nuestro país cuando en las dos empresas de diarios (El Mercurio y Copesa), que como editoras de diarios son las que en todas las latitudes agrupan a las redacciones más robustas de un país, se encuentran en francos procesos de ajustes.
En La Tercera el primer golpe lo dió el director del diario entre Navidad y Año Nuevo y afectó en un día a decenas de periodistas, lamentablemente sigue el rumor en Vicuña Mackenna que saldrá otro grupo. En el caso de El Mercurio los comentarios de pasillo van por el mismo lado, se dice que Cristián Zegers todavía ha sido capaz de evitar las presiones gerenciales, pero la situación de menor avisaje está limitando de tal forma el espacio editorial que empieza a cuestionarse la necesidad de algunos editores como subeditores de secciones que prácticamente ya no cuentan con espacio diario para mantenerse como tales. La situación es mucho más grave en los medios no escritos, incluso algunos paupérrimos equipos editoriales están siendo cuestionados.
No es casual la fuerza colectiva que tiene en la red es espacio “themediaisdying” que entrega por twitter información en tiempo real sobre despidos en medios de comunicación de cualquier parte del orbe.
Los medios viven sus años en el desierto, un momento “cuaresmal”, todavía no aparecen ejemplos auspiciosos, los seminarios periodìsticos internacionales empezaron a suspenderse este año, en los ùltimos el resultado era deprimernte. Personalmente creo que en el mundo que viene, salvo para grandes marcas globales, las apuestas masivas tiene menos futuro que los proyectos de nicho. En el saturado espacio de internet no tiene impacto suficiente el apelar a las masas, hay que darle una vuelta digital a la frase clave del mundo editorial de los 90: “las revistas para todos son revistas para nadie”. Quizá hat que ver formas alternativas de entregar los contenido que las empresas periodìsticas tienen y la audiencia sigue buscando, más que portales el camino víable parace ir mediante sitios con públicos muy acotados que permiten mayores cobros (CPMs).