La lección de Gomorra
Se ha dicho mucho entre los críticos y teóricos de los medios que la apuesta por la calidad es clave. Sin embargo, en la práctica este camino tan claro por lo general se ve entrampado por los numerosos desvíos que aseguran altos retornos o índices de audiencia (fariseismo, superficialidad, sentimentalismo, proselitismo, sensasionalismo, condescendencia, propaganda, efectismos baratos o simple y llana estupidez)
Actualmente se está dando en las líbrerías chilenas un fenómeno bastante extraño. Hacía mucho tiempo que un libro que semana tras semana obtiene el número uno en ventas es, además, un producto de calidad. Se trata de Gomorra de Roberto Saviano, el libro que narra el mundo de la Camorra Napolitana. Tan grande ha sido su éxito que el director Italiano Matteo Garrone lo llevó a la pantalla ganando la Palma de Oro, máximo galardón del Festival de Cannes, transformándolo así en un producto multimedial, en uno que podrá posiblemente volverse un global brand por derecho propio, como lo hizo El Padrino de Copolla con el imaginario de los mafiosos Italo-Americanos en NY.
Ciertamente en el éxito de Gomorra puede haber mucho de morbo, sadismo y fascinación culpable por una institución tan particularmente sanguinaria y ritual como la mafia. Pero eso podría servir nada más que como puntapié inicial de quienes se inclinan por el gore escrito.
Los primeros tres capítulos describen con precisión los mecanismos que sustentan el poder económico (y gracias a ello el poder político-judicial) de las familias y clanes de la Campania que componen la Camorra. Sólo luego de 100 páginas Saviano nos enfrenta a los medios y métodos “militares” que usa su brazo armado, ya no de un modo descriptivo en abstracto sino desde los casos concretos, desde la experiencia humana de víctimas y victimarios. He aquí lo que eleva al libro por sobre la crónica.
Saviano intercala con maestría las técnicas de reporteo periodístico duro con voces e imágenes de gran riqueza literaria acompañadas de profundidad de pensamiento, crítica social y reflexiones filosóficas. Un libro como Gomorrah podría perfectamente haber sido como tantos otros sobre la mafia escritos por periodistas. Ya existen muchos sobre la Cosa Nostra, la Mafia Rusa, la ‘Ndranguetta calabrese, los Yakuza, etc.
De hecho el punto débil de Gomorrah son las largas listas de nombres de lugares y personas que han sido protagonistas en esta historia de la Camorra. Saviano parece no discriminar y lanzar a muchos de ellos en una misma jerarquía narrativa. Puede ser que aquello se deba a que originalmente su público hayan sido sus compatriotas italianos (o incluso napolitanos) donde hay más terreno conocido y una larga tradición es estudios de i mafiosi. Puede también que Saviano haya querido denunciar a todos aquellos que pudieran caber en el libro, actores directos o cómplices.
Sin embargo, a pesar de esto el libro es mucho más que un reportaje de investigación. Saviano es un escritor. De hecho sus estudios son en filosofía, carrera de la cual se graduó en la Universidad Federico II de Nápoles. De lo contrario no usaría términos como “polivalente” o se valdría del ideario Nietzchiano y sus claves para describir magistralmente en qué consiste la ética de la Camorra, aquello que está detrás de sus actos de brutalidad, al principio y al final, su motivación y justificación.
Por todo esto, Gomorra ha sido descrito como parte de la Nueva Épica Italiana, movimiento literario cuyos representantes se caracterizan por escribir turbulentos UNOs (Unidentified Narrative Objetcs) donde, a diferencia del periodismo de no ficción y otros movimientos con espíritu prescriptivo y que se toma demasiado en serio, aquí todo recurso es válido con tal de impactar el estómago y alma del lector.
“(…) Cuando se muere en la calle se acaba formando un estruendo horroroso alrededor. No es verdad que se muera solo. Se acaba con caras que no se conoce delante de las narices, personas que te tocan con sus pies y brazos para averiguar si tu cuerpo es ya un cadáver o vale la pena pedir que vaya una ambulancia. Todos los rostros de los heridos graves, todos los semblantes de las personas que están a punto de morir parecen aunados por el mismo miedo. Y por la misma verguenza. Parece extraño, pero un instante antes de acabar se siente una especie de verguenza. Scuorno, dicen aquí. Algo como estar desnudos entre la gente…”