De la euforia a la reflexion

Tuve la fortuna de experimentar de cerca el cambio de mando en EE.UU. Aprovechando mi estada por estas tierras del norte, hice una pausa en el seminario en que participo y partí a la Universidad de Columbia, Nueva York, a ver ese hito histórico por unas grandes pantallas colocadas en los patios. Fue allí donde Obama estudió y donde fue descubriendo su carrera pública. El frío calaba los huesos, pero el ambiente festivo, tan propio de este noble pueblo, hacía que se olvidara. Como lo apreció el mundo entero por la televisión, fue una ceremonia emocionante, llena de simbolismo, conmovedora en buena parte. No se movía un alma, tanto en la oración inicial como en el juramento y en el discurso final de Barack Obama.EE.UU. da con esto una gran lección de democracia, tolerancia, respeto a la diversidad y apertura a otros. Es de esperar que todo ello redunde en paz, distensión de pasiones y mayor concordia.Hago mías las palabras de Benedicto XVI a Barack Obama, deseándole “sabiduría y fortaleza en el ejercicio de sus responsabilidades”, para que “bajo su liderazgo, el pueblo estadounidense siga encontrando en su legado religioso y político los valores espirituales y éticos necesarios para cooperar en la construcción de una sociedad justa y libre, caracterizada por el respeto a la dignidad, igualdad y derechos de cada uno de sus miembros, particularmente de los pobres, los marginados y los que no tienen voz”. “Tantos anhelan verse liberados del azote de la pobreza, del hambre y de la violencia”, dice el Santo Padre. Por lo que “rezo para que se fortalezca en su determinación por fomentar el entendimiento, la cooperación y la paz entre las naciones, a fin de que todos compartan ese banquete de la vida que Dios quiere para toda la familia humana”.De alguna forma -y al margen de la elección de un hombre de color- el Papa expresa el deseo de paz, entendimiento y acercamiento de la humanidad entera, que se respira en todos los rincones, y al que nos debemos sumar todos.A pesar de estos signos, lamento que entre las prioridades de Obama se encontrara la firma de “The Freedom of Choice Act (FOCA)”, puerta a una mayor liberalización del aborto en ese gran país. Una lástima, ya que los anhelos de paz, respeto a los derechos humanos y libertad se borran con un atentando a la vida como éste. Será un punto de discusión ante el cual, la Iglesia Católica al menos, ya ha pronunciado una palabra fuerte y clara de disconformidad y llamado a la corrección de criterios.Pero quiero subrayar, por ahora, la lección de democracia, de respeto a la diversidad, de esfuerzos por integrar y no excluir, de tolerancia y responsabilidad común por la nación, dados por el presidente Obama en su discurso inaugural. Aún recuerdo el sobrecogedor respeto de esa multitud ante el monumento de Lincoln: una señal de que, en democracia, no hay vencedores ni vencidos. Todos construyen un ideal de país común. Lo harán desde tribunas distintas, pero siempre considerando el bien del país como lo prioritario.Gozamos de muchas ventajas comparativas. Por lo tanto, todo esfuerzo en pro de una cultura respetuosa por el otro, por los valores democráticos y religiosos de un pueblo, son bienvenidos, pero resultan pocos. No hay que dormirse en lo logrado. Hemos sido testigo de que se puede hacer mucho más.

P.Hugo Tagle

htaglem@uc.cl