El Panóptico y el general: cada camarada convertido en vigilante

(Publicado en el blog de La Tercera)

no titleHasta donde logro entender la situación, el general peruano Edwin Donayre cayó en desgracia por decir que si el ejército chileno invadía el Perú, él y sus hombres serían implacables en la defensa de su país. Si se sabe de un militar que no suscriba una declaración similar, sería saludable sugerirle algún buen orientador vocacional. El problema es que no usó esas palabras. Liberado por el pisco sour y tentado de impresionar a las señoras presentes, usó un lenguaje estilo corvos acerados, que bien conocemos por acá, aunque ya no se le vea en las pantallas. Mala idea para un discurso público. ¡Momento, no era un discurso público! Era una reunión privada, pero una cámarita de celular mediante y un sitio web que puso el video al alcance de todos bastó para que acabara siendo sumamente pública. 

En 1791 Jeremy  Bentham publicó un breve texto llamado El Panóptico. Estaba en la búsqueda de cierto artefacto:

Si encontráramos una manera de dominar todo lo que a cierto número de hombres les pudiera ocurrir; de disponer todo lo que está en su derredor, a fin de causar en cada uno de ellos la impresión que se quiera producir; de cercionarnos de todos sus movimientos, de sus relaciones, de todas las circunstancias de su vida, de modo que nada pudiera escapar ni entorpecer el efecto deseado, es indudable que un medio de esta índole sería un instrumento muy enérgico y muy útil, que los gobiernos podrían aplicar”.

Su instrumento era un diseño arquitectónico que permitía, desde un lugar, observar todo lo que ocurría en el recinto sin que hubiera ningún obstáculo a la mirada. Los hombres, al saberse visibles en todo momento, no desviarían su conducta de la esperada. Si alguien veía a otro en una conducta desviada, también él sabría que se sabía que él sabía. Cada camarada era un testigo que declararía. Cada camarada convertido en vigilante.

En su diseño Bentham tenía en mente cárceles, manicomios, escuelas, hospitales y fábricas. Lugares donde a la autoridad respectiva le interesaba saber qué ocurría tras la opacidad de los muros. Bueno, ¡bienvenidos al Panóptico universal!

No importa tanto que la vigilancia de todos por todos no sea absoluta. Basta la posibilidad de que la vigilancia exista, para que la privacidad desaparezca. La conversación honesta es imposible si nuestras opiniones sinceras, esas que nos cuidamos de no hacer públicas por no dañar o no resultar dañados, no tienen un espacio de privacidad donde expresarse. Bienvenidos al Panóptico, bienvenida la hipocresía -antes restringida a lo público- nuevo habitante de nuestra intimidad. Démosle la bienvenida. No tiene vuelta atrás, así que es mejor no decir lo que pensamos de ella.