Todos a votar
Y llegaron las municipales. Semanas viendo distintos rostros, escuchando propuestas, recibiendo volantes. Pero la democracia se prueba en las urnas. Ahora, el elector tiene la palabra.
Llama la atención la enorme cantidad de candidatos y, entre ellos muchos jóvenes. Se nota un cambio generacional que a la democracia le hace bien. Nuevas caras, nuevas ideas, cambio de folio y de aires. La alternancia en el poder nos hace bien a todos. Despeja el horizonte, permite aventurarse en nuevas posibilidades y gestionar el patrimonio común con nuevas herramientas.
Las elecciones son también la oportunidad de evaluar el desempeño de la administración anterior. Es de esperar que todos “cuiden su voto” y sepan premiar las tareas bien hechas y castigar las deficientes.
Una encuesta realizada la semana pasada ubicó la honestidad como el valor que más resaltan los chilenos al momento de elegir a sus alcaldes y concejales, más que la capacidad para administrar los bienes públicos. Se prefiere una administración razonable, pero honesta, antes que una osada y creativa pero teñida de sombras oscuras. Por un lado, nos debe alegrar que se valore la honradez en el servicio público pero, por otro lado, resulta lamentable que la ciudadanía exija una virtud que pertenece al ABC de una administración pública. Esta exigencia confirma la sospecha ya demasiado extendida: la honestidad no es de los valores más cuidados al momento de administrar bienes ajenos. Se extiende peligrosamente la sensación de que, todo quien pase por la administración pública, termina con las manos sucias y su pecunio personal abultado. Lamentable, la verdad. Por eso mismo, tanto más se deben afinar las herramientas para una transparente fiscalización que permita a todos los actores públicos manejar mejor las finanzas y servir así en forma realmente inteligente. Al final, muchos gastan energías en dar estériles explicaciones de su trabajo antes que en desarrollar sus proyectos. Un desempeño honesto, acompañado de una fiscalización firme, serán seguros de buena gestión municipal. Por eso, quien teme a una fiscalización, ya da indicios de un mala gestión.
Por último, el ejercicio de votar es de la esencia de la convivencia democrática. No es solo un derecho, sino un deber. Tómelo en serio. Con ello se está tomando en serio a si mismo, a la responsabilidad compartida en el progreso y en el cuidado de lo que nos es común. Lamento cierta apatía ante las elecciones. Peor para ellos. Usted, vote tranquilo. Ganamos todos.