¿Podremos reírnos de un negro en el mundo 2.0?
El mundo global está presionando a ajustar la forma de trabajo de los medios tradicionales. Otro de los contenidos mediales que parece que deberá acomodarse a la nueva realidad sin fronteras es el humor y la ironía. Lo anterior porque se dan dos tendencias contradictorias en los mismos medios: la industria le exige a las ediciones impresas contenidos con mayor especialización y sintonía con sus audiencias ultrasegmentadas mientras las ediciones online de esos medios deben asumir una vocación cada vez más global, universal.
En el tema del humor esto no es trivial, justamente la ironía pasa por apostar por un público y asumir una base cultural común para reírse. Qué sucede ante la esquizofrenia de medios que se hacen a su vez para “mundos” completamente diversos. Los chistes sobre gallegos, negros, gays o judíos tendrían que suavizarse si tomamos conciencia que a una parte relevante de la platea les molestan las alusiones a alguna de esas “minorías”.
La polémica alrededor de la portada del New Yorker con Barack Obama vestido de musulmán y su señora de terrorista islamista es un ejemplo de las dificultades que se nos vienen. En el Finantial Times del fin de semana pasado Christopher Caldwell hizo una muy buena columna con la pregunta ¿Se saben el último (chiste) de Obama?, en la que se sorprende de la suerte del candidato de ser negro en una época en que los blancos rehúyen a hacer chistes raciales. De hecho fue justamente su rival McCain el que comentó respecto a la portada de la revista “Entiendo si el Senador Obama y sus partidarios la consideran ofensiva”.
En la columna el periodista inglés analiza como muchos norteamericanos han justificado al alcance universal que internet da a la portada de la revista para alertar que muchos de los que vean esa portada fuera de Nueva York “no apreciarán la sátira”, no por tener menos sofisticación que los neoyorquinos sino por no tener los mismos prejuicios que el lector habitual de la revista.
Ayer una columna de Victor de la Serna, en El Mundo de Madrid, nos informa que la campaña demócrata se tomó una rípida revancha: el enviado de la revista no fue autorizado a integrarse al avión del senador en el viaje que comenzó por Europa y Asia. En la columna del periodista español se cita “el credo” del caricaturista del diario Inglés The Guardian, Steve Bell, sobre los límites que debería tener la sátira política: “¿Es posible ir demasiado lejos? Claro que sí. ¿Debemos ir demasiado lejos? Claro que sí.”