Búsqueda de sentido
Según algunos estudios que abordan los cambios culturales chilenos, nos inclinamos como sociedad hacia la búsqueda del bienestar tanto personal como colectivo. El relativo mayor bienestar ha llevado a buscar no solo el mayor bienestar personal, sino que éste acompañado por el bienestar del entorno. Mi propio bien no tiene sustento si no va acompañado del bien del otro, del prójimo. Incluso de quien aparentemente está en trincheras opuestas. El bien del conjunto redunda en el bien propio o, al revés, la desgracia o insatisfacción ajena deviene un perjuicio personal. El pavo tiene mejor sabor cuando todos los comensales comen y no una buena parte está puro mirando.
En efecto, más que prosperidad material, hoy se persigue tanto la felicidad inmediata como la búsqueda de sentido a las propias vidas. Cuando una sociedad supera la premura de las necesidades básicas pasa a otra fase de cuestionamiento: el sentido de esa prosperidad. A su vez, la misma sociedad aísla y crea compartimientos estancos donde las personas pierden su horizonte de vida.
Los medios de comunicación, en particular la televisión, han creado una sensación de bienestar que evade de la realidad, traspasando al televidente la necesidad de satisfacer esa misma necesidad. Se deambula así con un vació imposible de llenar. Tanto más se busca la satisfacción inmediata de un anhelo, tanto más frustrante resulta su insatisfacción.
A propósito de esto leí un artículo del profesor Pedro Morandé, sociólogo UC, en que señala algunos rasgos de este cambio de paradigma y conducta social: "Aunque desde el punto de vista jurídico pueda expresarse que existe una clara jerarquización de valores y conductas, la actitud de las personas ante la majestad de la ley se debilita cuando ella no se acompaña de una cultura coherente con las disposiciones jurídicas en los restantes planos de la vida social, como son las familias, los medios de información, la educación y las expresiones artísticas. Hay una creciente desaprensión frente al orden legal, lo que explica el crecimiento de la delincuencia, de las actividades ilícitas, de la corrupción, de la violencia y de otras formas de regulación que sólo reconocen la eficiencia y la eficacia como sus valores supremos. Todo vale si se consiguen con ello resultados."
Esta misma dispersión y desarraigo social ha traído consigo una búsqueda de mayor consistencia vital, dado que la mera riqueza material no regala el equilibrio existencial que permite una verdadera felicidad.
Este anhelo de encontrar razones para la existencia pone en movimiento el deseo de encontrarse con otros y de compartir lo vivido. Esto mismo lleva a limar asperezas y desconfianzas, la raíz de los desencuentros sociales, dolorosos como los que hemos vivido en nuestra patria en los últimos meses. A pesar del peso de la cultura globalizada, subsiste el valor de la familia, de la solidaridad local, de la amistad. Pero se corre el riesgo de vivir paralelamente y sin la adecuada integración un pequeño mundo personalizado donde reina el sentido y la convivencia pacífica, frente a un amplio espacio despersonalizado, donde reina la desconfianza, la resignación, la violencia y la inequidad, y se valoriza el utilitarismo y solo lo que da resultados a corto plazo.
El esfuerzo por construir país, por fijar metas más altas que las meras cifras, es tarea de todos. Tener más no significa ser más. Al contrario. Las culturas que han colocado el acento solo en aumentar explosivamente la producción de bienes, finalmente tropiezan en su propio éxito.
El sentido de vida se descubre en la trascendencia, que le da consistencia y regala seguridad a toda ella.