“Apología” de la concentración medial

Tuve la suerte de ser invitado por Manuela Gumucio (Fucatel) a prolongar la conversación que tuvimos en el contexto del seminario provocaciones 2007 que trató sobre la TV. La idea de este nuevo encuentro era polemizar respecto a mis comentarios relativizando la gravedad de lo que existe en Chile respecto a la concentración. La gracia del panel estaba en la venida desde Buenos Aires de Guillermo Mastrini, autor del libro Periodistas y Magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina.La conversación posterior a las exposiciones de Guillermo y mía estuvo interesante a pesar de que eran solo dos horas, junto a los “clásicos” miembros de Fucatel participaron entre otros Antonio Delfau (Mensaje), Nibaldo Moschiatti (Bio BIo), Felipe Portales (U de Chile), Andrés Azocar (UDP). También estaban en el público el abogado Gonzalo Sánchez, Juan Pablo Illanes (El Mercurio), Alvaro Caviedes (Copesa), Pablo Julio (UC), entre otros.
El libro de Mastrini, que comparaba toda la región, era crítico respecto a la situación chilena, en especial en prensa, pero estoy seguro que lo riguroso lo alejó de lo que esperaban varios de los más fatalistas sobre la situación chilena. Algunas citas a Mastrini respecto a nuestros medios: “El volumen de inversión publicitaria es relativamente bajo en la televisión abierta en términos regionales”. “Chile se ubica como uno de los países (de la región) con mayor desarrollo en el acceso por habitante a las industrias culturales”. “(En Chile) no se han consolidado conglomerados multimedia de magnitud como los presentes en Argentina, Brasil, México y Venezuela”. “(En Chile) se destaca la prominencia de la programación nacional en los canales chilenos. Esto da cuenta de la importancia que tiene la televisión pública (canal estatal y canales universitarios) en la estructura del sistema televisivo”. “El caso del canal público chileno es singular en el contexto de las emisoras televisivas estatales de América Latina, pues su control es ejercido a través del parlamento y sus índices de audiencia superan a los de las emisoras privadas”.
Borrador de lo allí expresado por mi:
De los trabajos que hizo con Guillermo Mastrini hizo con Becerra destaco, por ejemplo, que fueron más allá del tradicional análisis del problema a partir del número de dueños de diarios por país. En los trabajos de Guillermo hay un esfuerzo por analizar todos los espacios culturales lo que permite medir la concentración en forma más real, especialmente en un país donde más de la mitad de la población todavía no lee un diario a la semana.
El peligro de la concentración surge con los medios en el siglo XIX, hay que tener presente que entonces todo lo que hoy conocemos como la industria de los medios se resumía en un grupo de diarios por ciudad. En esos diarios, muchas veces en uno o dos, se encontraban todos los periodistas y eran el soporte del mercado publicitario que existía en esa ciudad. De todas maneras todavía no había riesgo de tener un problema serio para las audiencias porque era un sector incipiente, tanto en audiencias como en recursos.
En realidad los problemas más serios de concentración se dan recién en el siglo XX cuando ya los medios universalizan su alcance y empiezan a ser aprovechados por regímenes autoritarios y totalitarios de diversos signos ideológicos.
Teniendo en mente los excesos de esa época, aunque algunos siguen dándose hoy en día, es complicado hablar en forma positiva respecto a la concentración, para cualquiera es de sentido común comprender el riesgo que entraña la existencia de monopolios, en especial en el mundo de los medios y la información. En un entorno monopólico al consumidor no puede elegir producto, ni precio, en ese contexto tiene lógica llegar a pensar que cualquier concentración sería una situación negativa.
Pero hay que tener cuidado con la demonización de la existencia de cualquier grado de concentración medial. En realidad de cualquier demonización, por ejemplo muchos colegas hablan de censura o autocensura para referirse a un tema de línea editorial del medio donde trabajan, eso a la larga le quita gravedad al verdadero problema, cuando en realidad exista nuevamente problemas de censura. Con el tema de la concentración nos puede pasar lo mismo.
Para definir si la concentración se convierte en un problema social debemos centrarnos en una comunidad, una ciudad por ejemplo, y analizar el peligro que existe en que la ciudadanía de ese lugar deje de estar correctamente informada por la existencia de un sistema de medios que permite ocultar cierta información o engañar redactando pseudo información y entregándola como información.
Me preocuparé de la concentración, como lo está Guillermo, cuando alcancemos un grado de concentración tal que impida o dificulte el trabajo informativo, por ahora soy un convencido que en Chile el ejercicio del periodismo profesional está garantizado por la competencia- además creciente- que se da entre estos actores relativamente equilibrados en los diversos soportes. Yo escribí sobre esto en este espacio.
Si nos comparamos con otras latitudes la calidad informativa chilena no descolla, de hecho nos encontramos en el puesto 39 entre los 169 países analizados por una entidad tan independiente como “periodistas sin fronteras”, pero hay que destacar que en dos años hemos mejorado 10 puestos en ese estudio y que el 39 tampoco es una mala posición si consideramos que Francia está en el puesto 31, España en el 33, muy cerca de donde estamos nosotros y no vienen mejorando, mientras que países con mercados igualmente poco profundos como el nuestro, como Argentina, recién aparece en el puesto 82, cerca de Brasil que está en el 84, cuando Venezuela recién aparece en el puesto 114 y para que hablar de Méjico que se encuentra en el puesto 136, todos estos últimos además vienen bajando en el último tiempo.
Además hay que tener presente que la principal razón para que la ONG nos de este puesto 39 es, cito el informe anual, “que los periodistas locales (el mismo colegio de la orden que llama a no estudiar periodismo) se quejan de una alta concentración”.
Cuando demonizamos la concentración pasamos por alto que en la lógica económica también existe evidencia de que se requiere un cierto grado de concentración para que -dentro de un sector de la economía, como es el de los medios informativos- las empresas que en él compiten consigan un cierto nivel de rentabilidad.
El buen periodismo es caro, muy caro y solo se desarrolla en el contexto de empresas rentables. Para mi los fenómenos de concentración son una consecuencia del sistema económico por el que optamos en este país, de nuestra vía chilena al desarrollo para molestia de muchos como Naomi Klein.
Si lo importante es ser contrapoder del Estado es clave tener empresas ricas. Si valoramos tener empresas rentables y por lo mismo independientes, debemos permitir grados de concentración. Un diario con el New York Times alcanza la calidad gracias a que sus altos niveles de rentabilidad le permiten destinar un presupuesto millonario en sueldos de su plana periodística (300 millones por año), para eso se requiere del alto grado de concentración del mercado de New York, algo similar ocurre en Sao Paulo con la Folha y O Estado y en Buenos Aires con Clarín y Nación.
Me atrevo a compartir una “tesis”: quizá la disyuntiva tiene mucho que ver con la clásica discusión entre privilegiar la libertad de expresión o el derecho a la información. Para mi lo fundamental es contar con un cierto acceso a un sistema de información sin limitaciones. Creo que los que privilegian la importancia de la libertad de expresión se focalizan más en el pluralismo, pero quienes entendemos que lo fundamental es el derecho a la información privilegiamos en cambio la existencia de un desarrollo profesional que no necesariamente se contrapone a concentración en la propiedad de los medios.
Para unos la democracia necesita una variedad numerosa de opiniones y puntos de vista, otros nos contentamos con la existencia de un sistema informativo robusto, capaz de lidiar con las presiones y los altos costos que tiene el trabajo periodístico, es decir para los que privilegiamos el derecho a la información de los ciudadanos, es natural tender a ser más tolerantes a la existencia de pocos dueños como a permitir que sea el mercado el que haga la regulación.
Personalmente creo que, en el promedio de los países abiertos al mundo, el peligro de los excesos de concentración son crecientemente menores justamente gracias a las mismas altas rentabilidades del sector de los medios, lo que incentiva que constantemente se multiplique la cantidad de alternativas mediales, lo que al final del día, se traduce en que el peligro del control informativo disminuye progresivamente en forma paralela a las tendencias propias del sistema económico en favor de la concentración.
Advierto que en todo lo anterior hay implícita otra diferencia con Guillermo. En sus trabajos en forma implícita se asume la rentabilidad casi como un problema, mientras yo considero ese mismo afán de lucro como el incentivo fundamental a favor de la calidad informativa. En uno de sus artículos destaca la cita a un autor que dice “cómo un sistema dominado por la propiedad privada y guiado por el afán de lucro puede garantizar la libertad de información”.
Entiendo que es de inocente pensar que la rentabilidad puede hacer de garantía de la libertad, pero también estoy convencido que es el incentivo que explica que siempre tanto las crecientes nuevas formas de medios como que los más exitosos empresarios del sector privilegian la búsqueda de rentabilidad a otros intereses que tendrían efectos muchos más bastardos para el sistema de medios. Para mi la rentabilidad es como el alimento de las empresas, tengo claro que una empresa que solo se mueve por rentabilidad, así como una persona que solo lo hace por la comida, no llega muy lejos, el éxito viene en los que saben enfocarse en las audiencias, pero también me doy cuenta que la persona que no se alimenta todavía muere mucho antes.
Por otra parte reconozco que prefiero un medio bueno a dos medios regulares. No perdamos de vista que la concentración no ha sido la única forma que los sistemas autoritarios han usado para controlar la información que reciben los ciudadanos. En los regímenes autoritarios del PRI de Méjico (la dictadura perfecta) y su imitador oriental de Fujimori en Perú la manera de debilitar a los medios fue justamente el fomento del pluralismo. La estrategia anti concentración fue coherente con un discurso como el que caracterizó al PRI Mejicano con el que se ganó el respeto de muchos progresistas de todo el mundo.
Un libro reciente de otro autor que ha trabajado el tema de la concentración, Alfonso Sánchez-Tabernero, muestra una gran paradoja que ilustra muy bien esta conversación: económicamente lo que explica el temor al monopolio es que este presiona al alza los precios de los productos y desincentiva la innovación, pero eso es lo mismo que sucede en un mercado muy fragmentado cuando las empresas que no consiguen suficiente demanda se ven obligadas a aumentar sus precios por el mayor costo unitario de sus productos. Sánchez-Tabernero también asume el tema del que vengo escribiendo hace tiempo de que para “neutralizar” a una empresa “crítica” un gobierno puede favorecer la aparición de competidores como también favorecer “la supervivencia artificial” de los competidores.
Hace unos años cuando fui a Ciudad de Méjico me sorprendió ver un mercado increíble para los diarios, una ciudad con más 20 millones de habitantes que tenía decenas de medios con circulaciones paupérrimas. De hecho el prestigioso El Universal tenía unos 200 mil ejemplares y la suma de los 30 diarios que analicé juntos no tenían la circulación de El Clarín en Buenos Aires. Pero es un sistema de diarios no concentrado, de hecho en el caso de la prensa el índice de concentración usado en el libro de Guillermo le un índice mucho mejor que el que tiene Argentina o Chile, llega a ser un modelo que refleja un pasado corrupto, condicionado por subvenciones estatales de más de 500 millones anuales de publicidad del PRI.
Otra diferencia de opinión que tengo respecto al trabajo de Guillermo está en la idea de que en estos momentos, en los comienzos del siglo XXI, habríamos llegado al punto más crítico respecto al fenómeno de la concentración, esta situación para ellos sería resultado de otro fenómeno contemporáneo muy demonizado: la globalización que surge a partir de los años 80.
En estos trabajos otras tendencias económicas como la globalización o la multiplicación de los soportes, son analizados como procesos que refuerzan los aspectos negativos de la concentración, cuando justamente, la experiencia comparada, nos muestra que muchas veces en la interacción de estas fuerzas se neutralizan parte de los efectos negativos de la otra.
Por un lado la existencia de inversionistas globales y la misma amenaza de compras por parte de ellos hacia los empresarios locales incentiva un grado de calidad y variedad e incluso aportan pluralismo cuando finalmente entran a los países. Por otro lado incentivan a los legisladores de los países a permitir un cierto grado de concentración interna que para evitar que los medios nacionales sean arrasados por las irreversibles inversiones foráneas.
En el mercado chileno de radio apostamos por dar espacio al pluralismo y en cualquier momento tendremos una empresa dominante foránea controlando el sistema. El mejicano Ángel González dueño de Red televisión en Chile, que se dice que tiene un segundo minicanal y que trató de comprar el Canal 13 de la UC, en Paraguay ya es dueño de tres de los 4 canales abiertos.
Por otra parte ese mismo proceso global puede constituirse en una alternativa a los caudillos locales. Hay análisis que muestran que grupos de comunicación de otros países también pueden ser un elemento garantista a favor del pluralismo. Hace unos años en Chile el mismo grupo Cisneros, que en Venezuela era un ejemplo de amenaza por la concentración, en su incursión en Chile por Chilevisión y Iberoamerican servía justamente de un paliativo a la concentración de grupos locales.
En el otro sentido, en Canadá donde todo el mercado publicitario del país es inferior a las ventas de una empresa nortemaricana como Time Warner, la amenaza inminente de que los medios canadienses se conviertan en subsidiarias de los norteamericanos ha explicado el porqué sus legisladores han permitido y casi fomentado la concentración local a favor de la existencia de medios nacionales.
Insisto en la necesidad de analizar caso a caso, tarea que se verá muy favorecida por el estudio comparado de Guillermo. En cada caso habría que revisar si la concentración tiene efectos dañinos, porque el principal problema no es cuántos dueños tengan los medios sino ver si el sistema permite que exista diversidad: diversidad de fuentes, de puntos de vista, como de acceso.
Quiero ser muy claro respecto a mi optimismo enel efecto que las tendencias emergentes tendrán respecto al problema de la concentración en el futuro. El más reciente libro de Sánchez-Tabernero afirma que ya es historia hablar de mercados tradicionales estables, de riesgo controlado y de altas lealtades a los medios por parte de sus audiencias. Queda en el pasado el espacio donde los temores de Mastrini y Becerra tenían más justificación. Fernando Labrada decía en enero en la escuela que el paso de lo analógico a lo digital para la industria audiovisual ha sido un cambio profundo que obligaba a repensar desde los cimientos a toda la industria, hablaba del tsunami digital que tuvo como efecto un panorama que se describió muy bien en el trabajo de Alan Albarran del 2005 “las barreras que limitaban la competencia se debilitaron; cada vez es más difícil defender el liderazgo, hay más versatilidad y presencia internacional de las marcas”.
Al comenzar estas palabras yo destacaba como una fortaleza del trabajo de Guillermo e que hayan ido más allá del estudio de diarios.
Con un problema, aunque hay algo implícito sus indicadores no resaltan la importancia que tiene para la gravedad mayor o menor de la concentración general, que en un país como Chile donde hay concentraciones altas por sector, en prensa, televisión, no estén los mismos operadores dominando dichos sectores.
Por otro lado también creo que esa fortaleza del trabajo -de intentar analizar todos los aspectos del sistema informativo- al mismo tiempo es una debilidad de trabajo de Guillermo. Por dos puntos. Primero porque al final el trabajo presentado solo mide correctamente los medios del siglo XX, el mismo texto reconoce que no es posible medir toda la multiplicidad de nuevos alternativas o soportes que cada día compiten por el tiempo cultural de las personas: no se analizan las consolas, los espacios web, los buscadores, la televisión digital, los espacios como YouTube, etc. Al no analizarlo se pasan temas emergentes claves, en España los jóvenes entre 18 y 24 años son el sector de la población que menos ve televisión, en favor del consumo de internet y juegos de video.
El libro reconoce los cambios actuales como un fenómeno tan vertiginoso que los mismos tiempos del trabajo científico y el editorial impiden que se pueda asumir. La otra debilidad es que no se evalúa el impacto relativizador que tiene toda esta misma multiplicación constante de soportes y alternativas mediales en la concentración, personalmente creo que terminan limitando aún más los riesgos respecto al grado de concentración. Pienso que los estudios deben relativizar el poder real de los medios, un poder que se controla por la creciente escasez del tiempo libre y la creciente libertad que le entregan a estas audiencias más empoderadas la tecnología digital.
Una debilidad del libro es que el mismo advierte un problema en sus mismas páginas que hace que las tesis de la investigación pierdan gran parte de su gravedad sin que los autores tomen cabal conciencia de aquello. Llevemos a un extremo esto, se advierte del poder de los nuevos grupos internacionales y no se mide el impacto que tiene que periódicamente, en tiempos que ya no son más largos que un par de años, surge de la nada un nuevo actor global que relativiza todo el equilibrio de poder que hasta entonces se había dado, amenazando a los líderes. Hoy Google ya es un poder, hace un tiempo no existía, pensemos en YouTube, Facebook, que rechazó hace casi un año una oferta de más de mil millones departe de Yahoo. Creo que este vértigo de cambio es una garantía mucho más robusta respecto a las tendencias a favor de la concentración de la “ayuda” que nos pueden dar legislaciones estatales.
En estos días se cumple un año del día en que Chavez canceló la concesión de RCTV y la entregó señal a un amigo más dócil, las cifras de audiencia del nuevo concesionario confirman que a pesar de contar con todo el aparato estatal Chavez no pudo traspasarle la audiencia, las cada vez más libres audiencias.




Por: Matías Zamora M. — 2008-06-08

Considero relevante lo expuesto en torno a las consecuencias de la concentración medial, teniendo en cuenta que podría de una u otra forma, manipular y direccionar opiniones hacia ciertas tendencias. Sin embargo considero que los mismos efectos pueden suceder cuando lo informado tiene directa relación con los medios, no importando si esán todos concentrados o alineados la mayoría en el mismo bando.
Tomo como referencia un debate que se ha producido ya desde hace un tiempo, y que de paso se menciona en el cuerpo de la entrada, que es el referido al tema de la televisión digital y su futura decisión sobre a cuál norma adscribirá Chile (puede que me aleje por instantes de lo medular que expone Eduardo, pero considero relevante este tema para explicar y rebatir en cierto sentido a Mastrini).
En charla dictada el 14 de Abril del presente año en la facultad de letras, Manuela Gumucio reveló detalles de una carta enviada a TVN a nombre del Observatorio de medios FUCATEL en donde se alegaba por una falta al cumplimiento de una de las principales misiones de un canal público, que es el garantizar el pluralismo, esto a raíz de un pronunciamiento descarado a favor de la norma norteamericana, al cual evidentemente se sumaron TODOS los demás canales abiertos. Ante esto, TVN se vió moralmente obligado a exponer también las características de las otras normas, sin embargo lo hicieron en horarios diferentes y con estilos diferentes, procurando que no alcanzase una relevancia como para opacar la norma en la cual los mismos canales tienen intereses creados.

Lo relevante aquí sería analizar cómo el canal público está actuando, cómo se está manejando, cómo están siendo representados todos los sectores y cómo esto afecta en la entrega de información la gente. Para Mastrini, “El caso del canal público chileno es singular … pues su control es ejercido a través del parlamento y sus índices de audiencia superan a los de las emisoras privadas”. Esto último, a mi juicio, se ha conseguido a costa de desvirtuar la misión y los objetivos de un canal público (de hecho, el año recién pasado la presidenta atendió el problema promulgando una reforma que atendía a hacer cumplir el rol de TVN de resgualdar el interés del público y el pluralismo), lo que ha llevado a que se tenga en todos los canales un poco de lo mismo.