La “televización” de las radios y el caso de Radio Bío Bío
El miércoles recién pasado, 30 de abril, en nuestra Facultad de Comunicaciones UC, Natalia del Campo, ex alumna de periodismo y actualmente ejecutiva de Radio Concierto, hizo una exposición documentada sobre la realidad del consumo actual de radios FM en la capital. En su exposición, y a propósito de la caída general en el consumo de radio, señaló que se advierte una cierta falta de imaginación, de ingenio creativo en la oferta de formatos de programas, de contenidos con características propiamente radiales, es decir auditivas. El Chacotero Sentimental, en su opinión, habría sido el último producto exitoso del medio radial elaborado en función de las posibilidades expresivas y de los códigos propios de ese sistema. En tal caso la radio estaría sufriendo el fenómeno que aqueja a toda la cultura contemporánea, el de la determinación visual, o el de la subordinación a la televisión. Televización de la radio como un fenómeno de relatividad cultural a los parámetros de la visualidad, y a las referencias icónicas especificas de la televisión.
A propósito quisiera comentar un caso muy concreto, el de ciertas transformaciones en la programación de Radio Bío Bío. Antes conviene señalar que esta radio, de la que soy un fiel auditor, no aparecía entre las 10 emisoras más escuchadas en la frecuencia modulada capitalina, ni siquiera aparecía entre las catorce. Recuerdo que la única radio informativo noticiosa que divisé en ese listado fue Radio Cooperativa. Bien, pero supongamos que a nivel nacional la audiencia de Bío Bío es relevante y que es reconocida como un medio periodístico prestigioso.
El caso es que en esta primera mitad del año 2008 la emisora cambió varios programas y puso algunos nuevos. El matinal de música, cultura y noticias, “Sonido Directo”, que conducían Paulina Magnere y Marcelo Alvarado, que iba, más o menos, desde las 9:00 hasta el mediodía, fue reemplazado por un programa semejante, “A toda Radio”, conducido por Karen Doggenwailer y Jorge Hevia. Por la tarde, después de almuerzo, y calificado como un programa de actualidad noticiosa, con entrevistas, encuestas y programación musical, se incorporó el programa “Podría ser peor” conducido por Julio César Rodríguez.
En lo esencial se trata de incorporación al medio de personalidades de la televisión, y en el primer caso del desplazamiento por éstos de conductores con menor o sin presencia en el medio visual. Este giro hacia la capitalización radial de figuraciones televisivas coincide con la irrupción exitosa al parecer en el medio de la radio ADN la que se caracterizaría, y así se promueve en paletas publicitarias, por la presencia numerosa de figuras de televisión. Alejandro Guillier como periodista con vocación ciudadana posa en la foto en un transporte público atestado. Juan Cristóbal Guarello como periodista y comentarista deportivo aparece en la campaña reemplazando su natural estilo formal e imperturbable por el atuendo y la actitud de un furioso hincha de la selección nacional en algún estadio, Rafael Araneda y Andrea Molina, conductores de programas de entretención o de variedades aparecen contextualmente, y de modo congruente con sus espacios, contra un fondo blanco, vacío.
La conexión de Bío Bío con lo televisivo visual fue menos espectacular que la campaña de ADN, sólo Julio César Rodríguez aparece por ahí en algunas gigantografías callejeras, de cuerpo entero y desenvuelto, con chaqueta al hombro, promocionando “Podría ser peor” (puede ser que me equivoque y que haya visto un cartel del matinal de Doggenweiler y Hevia en Bilbao cerca de Vespucio). Sin embargo, este giro hacia referentes televisivos es en cierto sentido incongruente. Esta radioemisora se ha promocionado como un medio periodístico de gran cobertura nacional e internacional. Su sentido de amplitud se ha identificado con la regionalización puesto que en su pauta noticiosa los acontecimientos de regiones, sucesos de todo orden económico, político, social, cultural y policial, tienen la misma relevancia. El sentido mismo de la actualidad resulta de la información sostenida y nutrida por informaciones de todas las localidades de Chile. Las características promocionales hablan del equipo de prensa más grande y completo de los medios del país, y suman a este sentido de fidelidad noticiosa por la cobertura el argumento de la inexistencia de “compromisos”. A la cobertura extensiva noticiosa y a la cobertura intensiva nacional se agregaría la autonomía política, la independencia informativa y crítica. “En Bío Bío somos independientes, independientes de verdad”, dice el slogan. La autonomía editorial y operativa de la radio se propone como un valor reflejo al de la autonomía crítica del auditor a quien se le señala todo el tiempo que “si no estás informado no puedes tener opinión”. La autonomía es un efecto del conocimiento, del saber actual, la opinión es el resultado de la información amplia y permanente. Uno de los productos característicos de la Radio Bío Bío que corresponderían con esta doctrina de la información opinión y que representarían un formato propiamente radial, por su fundamento de escucha y por la irrelevancia de los referentes visuales, por ejemplo, de la persona del locutor o comentarista, sería “La crónica periodística de Ruperto Concha”. En media hora, los domingos, Concha desarrolla en términos expositivo-interpretativos un tema de actualidad internacional. En su última edición se planteó “¿Qué pueden celebrar en este 1º de mayo los trabajadores del mundo?”. Como de costumbre en el programa, la reflexión acerca de los orígenes, desarrollo, hegemonía y crisis de los movimientos sindicales mundiales, se organizó sobre la base de fuentes históricas, teóricas, de ejemplos y conjeturas contingentes.
Otra manifestación aún más reveladora de la preferencia de Bío Bío por una lógica identitaria y argumentativa propiamente radial, sonora, ha sido la de la característica promocional en la que difunden la expresión pública de algún personaje noticioso en un hecho reciente, por ejemplo, las declaraciones de Ollanta Humala en el momento de la prohibición de su marcha nacionalista en Tacna, o del Presidente Chávez amenazando a Colombia con la guerra si interviene en su país en la forma que lo hizo en Ecuador, y ese fragmento, que se expone sin referencias previas, sin indicación ni del asunto ni del vocero, va seguido por la frase institucional “En Bío Bío contamos los que vemos”. A pesar de que la referencia es al carácter testimonial de la visualidad, de hecho, es decir, en términos positivos, se trata de la apelación al poder argumentativo y testimonial del registro sonoro, por el reconocimiento sonoro del asunto y del protagonista. Esta estructura sería un ingenio propiamente radial que fideliza el trabajo y la programación informativa porque sólo puede entender la cápsula, sólo puede identificarse con ella y con el sentido del mensaje, quien esta al tanto, al día, con los pormenores noticiosos. Al mismo tiempo, la exposición aparentemente en bruto del material de registro de audio noticioso, aparentemente digo porque se trata de un extracto con alto valor metonímico, se trata de una cifra informativa, insistiría en la idea de una radio “sin compromisos”. Podríamos enumerar muchos otros ejemplos de creatividad propiamente radial de Bío Bío, los microprogramas históricos de Nibaldo Mosciatti, la difusión que hicieron de uno de los radioteatros del doctor Mortis, cuando murió su creador, la gran disponibilidad para los contactos con los auditores en los programas noticiosos quienes hacen despachos sobre accidentes o sucesos callejeros, despachos que a veces terminan con la frase de rigor “desde el lugar de los hechos para Bío Bío, la radio”. Podríamos conectar esta conciencia radial noticiosa con una voluntad de regionalización que es al mismo tiempo conciencia ciudadana, donde los sujetos de la calle, los ciudadanos forman parte de un equipo de reporteros imparciales o de comentaristas representativos. A este respecto, recuerdo que Bío Bío ha fortalecido su prestigio de medio independiente ofreciendo notorios espacios para la discusión y denuncia de la corrupción y para la divulgación de campañas y acciones por un Chile “transparente”.
El asunto es que esta doctrina radial se ha organizado con ausencia de refuerzos visuales, televisivos. Los Mosciatti si bien son una familia de periodistas y de creadores de medios, especialmente en el sur de Chile, no los relacionaríamos directamente con la televisión, por más que la intervención de Nibaldo en el debate de las primarias presidenciales que realizaron Alvear y Bachelet en la VIIIª región haya sido la más contundente y menos autorreferencial de todas las que hicieron los periodistas estrellas del panel.
Con los nuevos programas señalados al comienzo, con la incorporación de Doggenwailer, Hevia y Rodríguez pareciera haber un giro hacia la dominante televisiva, convencional en el medio. No viene al caso criticar la efectividad de esas propuestas de programas, ni el buen o mal desempeño de esos conductores, sólo identificar el giro hacia otro sistema de referencias y validación, la búsqueda de suplementos identitarios extra radiales.
Un antecedente de esta leve desviación fue el giro de Bío Bío deportes a ESPN Bío Bío deportes. Esa fue una primera conexión televisiva, con la gran estación de cable de asunto deportivo. Esa articulación impuso el deber de promover el carácter estelar de los conductores: “Fernando Solabarrieta, Jorge Hevia, Patricio Yañez, Luka Tudor” entre otros menos televisivos (Juan Francisco Ortún, Ignacio Eguiguren, Danilo Dïaz) son los créditos visuales del staff.
Tal vez sea posible conjeturar que existe una conexión entre la naturaleza particularmente especulativa del comentario periodístico, y es más, de la regularidad de una pauta noticiosa futobolística, con la promoción de figuras televisivas en el medio radial, en el sentido que se trataría en ambos casos de operaciones más espectaculares que consistentes en términos informativos netos.
En fin, y para terminar, suponemos que Bío Bío no puede desestimar las determinaciones de consumo y formateo programático e identitario que hacen relativamente viables a las radios en el medio chileno en estos días. Sin embargo, esperamos que su opción característica por el potencial expresivo, crítico, cultural y social de lo radial se consolide y difunda a otras radios, para beneficio de la cultura e inteligencia pública nacional, para la diversidad de la inteligencia mediática chilena.
Por: Renato Luis Molina Aguilera — 2008-06-08
Para mi gusto la radio Bio Bio es la mejor en cuanto a informacion y el agregado de los televisivos se ajustan al esquema que tiene la radio, por lo tanto no veo el impedimento en que se recurra a este tipo de profesionales.
En cuanto al deporte me parece que alli se nota la presencia de gente que no maneja el estilo radial como Solabarrieta que habla demasiado y se va del tema en cujestion para hablar de la historia internacional del deporte que no viene al caso.
La diferencia es notoria cuando el que dirige el programa es Fransisco Ortun el que le da ritmo a la transmisión y hace comentarios cortos pero acertados al tema que se esta tratando y ni hablar del vozarrón que es peopicio para el medio.
Es importante tambien lo que hace la radio Bio Bio en darle la posibilidad a los auditores de expresarse sobre diferentes temas y de ser tambien periodistas que entregan noticias que ven en la calle.Eso le permite a los auditores estar muy informados en cuanto a lo que pasa en esta otra parte de nuestro país.
Saludos
Por: José Agustín Muñiz V. — 2008-05-08
Agradecería a Pablo y Natalia que desde su experiencia en radio me aclarasen algunos puntos que me quedan en el aire de su post y comentarios, respectivamente.
1. Por un lado, ¿no será sólo cosa de tiempo que la frase “Bio Bio, donde tiene un programa la Karin D” se transforme en “La radio donde están la Karen, Hevia y los demás tipos de la tele”? En fin, eso va a depender de qué tan sincera sea la voluntad de la radio de mantener una identidad y no sacrificarla por la audiencia extra que le puedan proveer voces asociadas a rostros. Es innegable que la TV tiene la capacidad de popularizar rostros de un modo que la radio no puede ni soñar. En cierto modo, y no veo nada ilegítimo en ello, la radio se cuelga de la popularidad que esos rostros ganaron en la TV. (Eso me recuerda a la institución futbolística del “derecho a formación”, es decir, ese monto de dinero que un club grande le paga a un club pequeño cuando se lleva a sus filas a una figura prometedora; no debería la TV empezar a fijarse en esas horas off-screen de sus propios rostros, que son rentabilizadas por otras empresas).
2. Es fácil caer en la crítica ligera -no digo que Pablo lo haga- y decir que una radio se farandulice por el hecho de llevar rostros de la farándula televisiva a sus programas, especialmente a una radio que tiene un perfil noticioso y de independencia que la distingue en el dial. Me da la impresión de que lo que Pablo decía era, precisamente, lo contrario, es decir, que se aproveche a esos rostros para hacer programas genuinamente radiales, en que se exploten las características intrínsecas del medio. Si la radio intenta un alcance de matinal televisivo, entonces ya no está haciendo radio, está haciendo un matinal de TV que no requiere ser visto, sino solamente escuchado (que dicho sea de paso, tengo la impresión de que es la función que cumplen los matinales en la TV: acompañar a la persona que está en la casa mientras “hace sus cosas” y no está necesariamente atendiendo al programa… esa función de acompañar o atención secundaria es esencialmente radial).
Saludos.
Por: Natalia — 2008-05-07
Pablo, creo que si la radio está recurriendo con mayor énfasis que antes a las figuras televisivas no es porque no existan buenos periodistas/comunicadores/voces radiales sino que en gran parte por la necesidad de “vender mejor” los programas. La lógica imperante indica que un programa radial podrá vender más publicidad si tiene una voz reconocida por muchos, ojalá por la televisión. Pero esta lógica no impide que estas figuras (desde Fernando Paulsen hasta Diana Bolocco tienen algun programa de radio hoy) le resten importancia a voces radiales -no televisivas- que el publico ha respetado y respaldado con sintonía durante mucho tiempo: Pablo Aguilera, Sergio Campos, Pirincho Cárcamo, por ejemplo.
En lo puntual con Bio Bio, no creo que la creatividad, la crítica y lo particular del proyecto se empañe porque agregue a su parrilla programática figuras reconocidas de la televisión. Cuando un proyecto es auténtico y con una linea editorial clara, cuando la marca de tu radio es potente, las personalidades brillan junto con, o menos, que la radio misma. Estan subordinadas. No es “la radio de Karen Dowengeiler” sino que “Bio Bio donde tiene un programa Karen D”. Como experiencia prsal. de trabajo, Radio Concierto fue plataforma de varias voces que saltaron luego a la Tv como fue el caso de Matias del Rio.
El tema es interesante para seguir debatiéndolo, a mi paracer con el foco puesto en la búsqueda de espacios radiales nuevos, fresocs y autenticos.