Cuadernos de Información No. 21
Ya salió el número 21 de Cuadernos de Información, dedicado íntegramente al cumplimiento de los 50 años de la televisión chilena. Como editor de la revista, los invito cordialmente a leer los artículos que vienen en este número. No se arrepentirán. En especial, les recomiendo el texto de Pablo Corro acerca de la evolución de los realities chilenos, el de Patricio Cabello y Carolina Ortega sobre las relaciones de género en los dibujos animados, de Sergio Godoy sobre TV Digital en Chile, y el que escribimos junto a Pablo Julio y José Luis Santa María sobre la refundación de TVN 1990. Si quieren tener una idea general más detallada, a continuación pueden leer la breve editorial correspondiente a este número:
“El 5 de octubre de 1957, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (UCV) realizó la primera transmisión pública de televisión en Chile, durante la inauguración de una exposición científica. Para ese entonces, Chile era uno de los últimos países del continente en adoptar esta nueva y revolucionaria tecnología.La razón de este retraso tiene que ver con el poco entusiasmo que despertaba la televisión en los miembros de la elite política, quienes no sólo la consideraba un “gasto” injustificado para un país pobre como el nuestro, sino que además, preferían no arriesgarse a los peligros del nuevo medio que aprovechar sus oportunidades concretas.
Por muy iluso y añejo que esto pueda sonar el día de hoy, la verdad es que los dos principales temores frente a la televisión –que puede ser usada como herramienta de propaganda y “empobrecer” nuestra cultura– siguen tan presentes como hace 50 años. De hecho, nos es raro escuchar cada cierto tiempo a autoridades de toda índole abogando por regular sus perversos contenidos. Claro que esto, también lo vemos en la televisión.
Esto no es exclusivo de Chile. Críticos de todo el mundo han escrito miles de páginas advirtiendo que la televisión aliena al individuo, atrofia la imaginación, embrutece el juicio, promueve los instintos básicos y resiente el entramado social, entre otros males. Otros, sin embargo, han visto en la televisión una fuerza de democratización, pues es ese mismo carácter plebeyo y fariseo la que la ha convertido en el medio de las masas, vector de la posmodernidad y la cultura del consumo: un lugar que admite casi todo pero donde neda puede durar demasiado. De hecho, mientras el cine crea gigantes y la literatura produce verdaderos inmortales, las figuras de la televisión están siempre al borde del ridículo y la caducidad. Tal poder corrosivo tiene una importante significación política, como lo resume Shimon Peres al quejarse de que, si bien la televisión hizo imposible la dictadura, también hizo de la democracia algo insoportable.
Es probable que el miedo al ridículo esté detrás de la desconfianza de nuestras elites hacia la televisión. En los más de 30 años que hubo desde que se establecieron las bases del sistema televisivo chileno hasta 1990, el nuevo medio permaneció en manos de las universidades y el Estado. Esto porque, si bien la ley original de 1958, promulgada en el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, permitía toda clase de cadenas (claro que sujeto a la aprobación de Presidente de la República), luego se modifica en 1970 para darle la exclusividad a estas instituciones públicas. Incluso el gobierno militar, que llevó a cabo la liberalización de muchos sectores de la economía chilena, sólo abrió el mercado televisivo una vez que había perdido las elecciones de 1989 y estaba por dejar el poder. Lo interesante fue que, por el hecho de ser un país pobre, los canales no contaban con el suficiente financiamiento público, lo que los llevó a admitir publicidad y competir por las audiencias desde muy temprano. Esto hizo que la televisión Chilena fuese un caso bastante particular, mezcla de orientaciones de servicio público con la necesidad de atraer a las masas.
Hoy día en Chile hay 2.1 televisores por hogar, con un consumo estimado de 3 horas 31 minutos al día. A esto se suma el hecho de ser uno de los países de Latinoamérica que tiene mayor penetración de telefonía celular, TV de pago, computadores y conexiones a Internet. Además, en las dos últimas décadas se ha consolidado la democracia y doblado el ingreso per cápita, lo que ha venido acompañado de la masificación del crédito y el acceso a bienes de consumo por parte de gran parte de la población. En resumen, un país muy distinto al de 1957, más rico, abierto a los cambios y a los avances de la tecnología. Aún así, en lo que se refiere a la televisión, las autoridades siguen prefiriendo ser cautas –como por ejemplo, al posponer en varias oportunidades la definición de la norma de transmisión de TV digital por la señal abierta, algo que producirá profundas transformaciones en el actual sistema de medios.
En este número de Cuadernos de Información celebramos los 50 años de la televisión Chilena sin caer ni en la excesiva autocomplacencia ni en el alarmismo crítico. Los artículos aquí presentes examinan los fenómenos de nuestras pantallas analizando sus historias y personajes, formatos audiovisuales, estructuras simbólicas, implicancias políticas y razones económicas: todo con el afán de no quedarnos en el mero revisionismo histórico, sino abordar el tema desde una mirada interdisciplinaria que asume tanto los problemas de la actualidad como los desafíos del futuro.”