Más perdido que el subsecretario Bello
Pablo Bello hace honor a su apellido en su periplo en pos de un sistema digital para la televisión abierta. Por su extravío, un mercado como el nuestro, que ha sido aprovechado por diversas industrias para probar nuevas tecnologías, ya asumió que podremos seguir discutiendo la digitalización cuando la televisión analógica haya desaparecido del mundo desarrollado.
Es injusto culpar a Bello de la demora misma. Hasta hace un año él pensaba que esto era un simple trámite que él enfrentaba con la decisión previamente tomada, se notaba mucho que prefería la alternativa europea por ser el sistema diseñado principalmente para multiplicar la cantidad de canales, el multicasting. Me atrevo a jugarme que si no hubiera sido por la crisis del Transantiago y la llegada de René Cortazar al Ministerio, nuestro subsecretario ya hubiera impuesto esa alternativa.
Para Bello lo digital era poco más que una herramienta para cambiar el modelo de televisión y multiplicar las señales a favor de unos objetivos tan políticamente correctos como son el pluralismo y la diversidad. Tanto él como su presidenta insisten en proclamar cada vez que hablan del tema la frase “aspiramos a tener más canales de TV”.
Creo que el subsecretario Bello se extravió cuando no entendió por qué nadie de la industria le daba la razón a un cambio que él considera lógico. También lo perdió que la discusión se contaminara porque implica arbitrar por decreto el mercado potencial del cambio de los equipos televisivos análogos por los digitales, que algunos emocionados llegaron a calcular en más de dos mil millones de dólares.
Cuando he dicho en este mismo espacio que en Chile no tenemos un problema real de concentración en la propiedad de las señales de televisión, me refiero a que en términos relativos la sociedad chilena y su televisión enfrentan desafíos muchos más importantes que ese.
Analistas preocupados del fenómeno de la concentración como Guillermo Mastrini y Martín Becerra escribieron un libro cuyo título ilustra la postura pro-diversidad del trabajo: “Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina”. En el capítulo de Chile, a pesar de que consideran que se trata de un mercado mucho más concentrado de lo que yo pienso, tienen frases como las siguientes: “Chile se ubica como uno de los países (de la región) con mayor desarrollo en el acceso por habitante a las industrias culturales”, o “ (en Chile) no se han consolidado conglomerados multimedia de magnitud como los presentes en Argentina, Brasil, México y Venezuela”, o “ se destaca la prominencia de la programación nacional en los canales chilenos. Esto da cuenta de la importancia que tiene la televisión pública (canal estatal y canales universitarios) en la estructura del sistema televisivo”, o “el caso del canal público chileno es singular en el contexto de las emisoras televisivas estatales de América Latina, pues su control es ejercido a través del parlamento y sus índices de audiencia superan a los de las emisoras privadas”.
Creo que Bello se perdió al tratar de usar el cambio tecnológico como una herramienta para aumentar la diversidad. Lo que no consideró nuestro subsecretario Bello es ni una norma tecnológica ni una garantizará diversidad para la programación de nuestras pantallas. La verdadera barrera a la diversidad en la televisión chilena es el mismo tamaño del mercado chileno, las ventas publicitarias de la TV chilena impiden las economías de escala para que se multipliquen la cantidad de señales con capacidad real de tener audiencias significativas.
En palabras de Mastrini y Becerra “el pequeño tamaño para su mercado es un escollo para su mayor despegue” y “el volumen de inversión publicitaria es relativamente bajo en la televisión abierta en términos regionales”.
Con la ley que sueña el subsecretario Bello con suerte se conseguirá multiplicar la cantidad de minicanales sin audiencias significativas como UCV, La Red, Telecanal. Hace poco Patricio del Sol recordaba que, sin la necesidad de la digitalización, en los 90 ya se licitó el espacio de los canales de UHF y ninguno de esos canales siguen en el aire. Se pierde el subsecretario cuando no ve que por el imperio de la ley no se consigue la atención de las audiencias y en el contexto que viene cada vez será más caro conseguir dichas audiencias.
Comparto lo que ha estado escribiendo Jorge Jaraquemada, abogado de la Fundación Jaime Guzmán, en defensa del modelo chileno de televisión. Es significativo que haya salido en defensa del rol de la televisión pública, un representante de un sector político que lleva más de dos décadas sin poder controlarla. Jaraquemada dice que el sistema actual “ha provisto al país de una diversidad y calidad adecuadas” considerando el carácter de la industria, que “TVN ha conseguido buenos índices de audiencia, logrado rentabilidad, fidelizado un público y mantenido cierta independencia”.
Bello no ha visto que el supuesto problema de concentración local pierde significación si se asume lo que significa que una empresa del sector, VTR, el año pasado ya tuvo ingresos superiores a los de la suma de todos los canales de televisión abierta: 635 millones de dólares. Una empresa que sin ayuda de ninguna ley está enriqueciendo la diversidad con el anuncio de la llegada a Chile de CNN, demostrando de paso que no hay tal problema de barreras de entrada que justifique aprovechar la digitalización al respecto.
Las declaraciones del subsecretario Bello reflejan prejuicios respecto a la vigencia del poder de los canales actuales. En ellas no se considera que ya hoy, sin estandar digital ni ley mediante, los canales de televisión abierta ya fueron barridos por un tsunami digital que cambió y seguirá cambiando todo el escenario de los medios masivos audiovisuales.
En el verano participé en una conferencia abierta realizada por Fernando Labrada, director del Media Research and Consulting, experto en lo audiovisual en España, que al presentar en la UC lo que llamó el Tsunami digital que enfrenta la industria audiovisual, se mofó de la idea de los parlamentarios de su país que se encontraban discutiendo una nueva “ley del cine” que ni siquiera hubiera sido apropiada para el mundo analógico cuando el tsunami digital ya lo había cambiado todo.
Labrada afirma que el paso de lo analógico a lo digital para la industria audiovisual ha sido un cambio profundo que obligaba a repensar desde los cimientos a toda la industria. La verdadera digitalización ya llegó, el 60% de los hogares en Hong Kong ven programas bajados de internet. La empresa Hubu, creado por NBC Universal y News Corp (los dueños de direcTV en Chile), permite ver y bajar programas gratis, financiado por comerciales.
Las declaraciones del subsecretario Bello muestran que todavía no incorpora en el análisis que hoy los universitarios norteamericanos dedican más tiempo a un sitio de la web (Facebook) que a la suma de todos los canales de la televisión. No asume que en España los hombres de entre 18 y 24 años son el sector que menos ve televisión en general, en favor del consumo de internet y juegos de video.
Lo otro que confunde la orientación de Bello es que sigue considerando a la televisión abierta como “la televisión”. En Chile ya no se puede pensar en legislar la televisión entendiendo al cable como lujo para una minoría, los analistas afirman que en un par de años ya el 60% de los chilenos tendrá ese servicio en sus casas, ayudado por la competencia entre VTR, Telefónica y Claro. En el 2005 solo lo tenía un 22% los chilenos mientras Argentina ya lo tenía un 55% y en EEUU un 85%. Bello parece no saber que en Estados Unidos ya a comienzos de la década la televisión de cable y satelital habían superado en audiencias a la televisión abierta. Hablar de televisión abierta como único sinónimo de televisión gratuita es otro error que contaminan la discusión por parte de analistas y políticos que siguen con el foco puesto en la necesidad de una nueva ley de televisión para resolver los desafíos de nuestra pantalla local. Actualmente lo lógico presuponer que es inminente que al paquete básico de la televisión por cable en cualquier momento será gratuito, como ya lo es en muchos mercados. Hay muchos mercados donde ese paquete básico es la forma de meter el cable o la parabólica en los hogares, de establecer una relación comercial mensual, como cuando las empresas móviles “regalan” equipos a usuarios que no se comprometen a ningún pago mensual.
Bello tiene que entender que estamos en un mundo donde las fuerzas del mercado empujan a la gratuidad de muchos servicios. Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor del concepto del The Long Tail que el publicó en un libro cuyo asegura dice que “en el futuro los negocios venderán más por menos”, ahora trabaja en un nuevo libro que titulará “Gratis”. Anderson asegura que hay ciertos campos donde la tecnología asegura una cierta abundancia, como son la memoria digital o la banda ancha, “deben tratarse como si fuera gratis y, regalándolo a los usuarios, buscar la manera de generar ingresos vendiendo otra cosa en torno a ello”.
El ejemplo de Anderson tiene mucho que ver con la televisión, justamente dice que “cuando YouTube derrocha ancho de banda está revolucionando -y posiblemente destruyendo- la industria tradicional de la televisión, así como Skype hizo lo propio con la industria de las llamadas internacionales”.
Tenemos que entender que todo está mutando, muchas empresas entienden que vivimos un mundo donde las canciones en su formato digital terminarán siendo “muestras gratis”, al igual como hoy nos llegan los videclips musicales, porque la generación de ingreso viene de los recitales. Veamos el último festival de Viña, Miguel Bosé antes recorre el país con el papi tour porque su venida no la costea su empresa discográfica para vender más discos sinó la empresa productora de recitales.
En el mundo de los medios masivos siempre hemos entendido que lo “gratis” no implica no existencia de negocio y rentabilidad, la misma televisión abierta que desvela a Bello ha entregada siempre gratis sus contenidos financiado por los anunciantes que arriendan espacio en el hábito de sus audiencias leales. Al final la gratuidad es el arma para vender el mayor escollo para mantener la atención de las masas: como capturar la atención de personas saturadas de mensajes. Si entendemos los mensajes de Andersen pierde sentido mucho de la discusión alentada por Bello en torno a la televisión digital.
Nuestro subsecretario entendería mejor la situación si asumiera que la concentración de poder que tenían hace dos décadas los canales de televisión abierta ya fue barrida por las tendencias globales. Una coordenada clave es el fenómeno de la globalización, entender que en cinco años más el verdadero problema para nuestro país será que la globalización pondrá en cuestión la misma supervivencia del audiovisual chileno. ¿Se piensa aprovechar la elección de norma para ayudar a que la industria audiovisual chilena tenga mayor presencia, al menos en la región latinoamericana?.
El par brasilero de Bello, Helio Costa, afirmó que ellos entendían que la TV brasilera no tendría otros 10 años de vida sin el modelo de de TV que está implementando, cuyas claves las resume en “televisión de alta definición, televisión portátil y la televisión móvil”. “Si no podemos ayudar a la televisión brasilera con una herramienta poderosa como esta no le veo futuro a nuestra TV”. En vez de preocuparse de la concentración -que es mayor que en nuestro país según los analistas- Costa se da cuenta que la TV abierta brasilera será viable solo gracias a la alta definición. Cuando Costa advierte que la televisión está en peligro no se refiere a la televisión como tecnología sino a los canales brasileros y a la producción audiovisual realizada en Brasil.
A quien le cabe dudas de que para todos nos sería útil que el subsecretario se termine de ubicar y no es evite de otro “error y no horror” como diría Vidal. Creo que Bello se situaría si, en vez de pensar en peregrinas leyes para regular de otra forma lo que queda de la otrora poderosa televisión abierta, pusiera su foco en la banda ancha, donde realmente se jugará el futuro de lo audiovisual.
El aumento sostenible de la diversidad de los contenidos disponibles para los chilenos pasa por fomentar la interactividad, la participación masiva. Si queremos hacer una ley para el futuro del sector se debe integrar en el tema a la banda ancha que en Chile todavía ni siquiera tiene un reglamento que la regule a pesar de que ya cuenta con 1,3 millones de usuarios. Hasta ahora la competencia Telefónica vs VTR es lo único que explica las mejoras de servicio en la banda ancha en Chile. No todos los modelos de desarrollo de la banda ancha son igualmente exitosos. Según The Economist, que defiende una mezcla de competencia y regulación activa para el correcto desarrollo del sector, el bajo desarrollo relativo de Estados Unidos en la banda ancha se explica porque en cada mercado solo hay una empresa que ofrece banda ancha desde la telefonía y otra que lo hace desde el cable televisivo, mientras que en Canadá y Francia el Estado obligó a las compañías telefónicas a compartir las líneas.
Mientras tanto en Chile todavía no tenemos claridad sobre las velocidades de subida y bajada que se deben entregar como servicio de alta velocidad, incluso ni siquiera supone un costo de imagen que una empresa entregue mucho menor velocidad para enviar que para recibir cuando es ahí donde se juega la interactividad es la velocidad de subida a la red.
En el tema de la banda ancha la liberal revista The Economist no tiene problemas en reconocer que funciona en los países que “mezclan la competencia con la regulación activa”. No basta el dejar hacer, el caso paradigmático es Japón donde el Estado presionó al operador dominante (NTT) a conectar todos los hogares con alta velocidad y después obligó al mismo operador a compartir esa conexión con sus rivales. Es un hecho que los operadores tienden a limitar el tráfico que el usuario puede enviar cada mes, cuando justamente en el subir está la posibilidad de lo 2.0.
Otra pista para nuestro subsecretario. Si asume que al multiplicar los canales no obtendrá calidad también podrá aprovechar una oportunidad producto de la misma rentabilidad de los canales chilenos, incluido TVN. Cuando se critica a nuestra televisión se dan ejemplos europeos sin considerar que, por ejemplo, la televisión catalana recibe subsidios estatales mayores que los presupuestos de operación de todos nuestros canales de televisión abierta. Chile tiene carreteras del primer mundo porque diseñó la forma como comprarlas, si queremos una televisión de calidad nuestra sociedad puede meter la mano al bolsillo para sacar el dinero que significa comprarla o producirla. Hoy el Estado no gasta en televisión gracias al autofinanciamiento de nuestro canal público, porqué no empezamos a discutir un fondo concursable relevante como incentivo pro calidad para los canales, tanto los de televisión abierta como los de cable.
Por: Andres Rodriguez — 2008-03-28
EL problema no es que el subsecretario esté perdido, el problema real es que los responsables de tomar la decisión final están COMPRADO por empresas de telecomunicaciones europeas para elegir su norma.
Esto es sabido por toda la industria de las telcos, ya que el entandar europeo es el ÚNICO que implica un cargo para el usuario por ver la TV en su móvil. Los otros (JPN; USA) son gratis para el usuario, lo que sería una gran oportunidad perdida para las telcos.
Solo haganse una pregunta: si técnicamente el estandar europeo fuera el mejor, YA LO HABRIAN ELEGIDO!! Pero como técnicamente el europeo es el más atrasado de los tres, no han podido encontrar razones técnicas para justificarlo y en vez de elegir uno de los otros dos, han optado por postergarlo…
Hasta cuándo? Hasta que el europeo actualice mejore su norma… o algún representante de las otras normas se ponga con el $$ de los europeos…
Por: sergio godoy — 2008-03-14
Coincido con que la actitud de la SUBTEL ya está pareciendo demasiadamente cautelosa, por decirlo de alguna forma. El problema es que, dado que la TV es ahora mucho más que la TV abierta, esta indecisión igual provoca efectos en la industria: en particular, la TV de pago empieza a adquirir un poder “artificial” respecto a los demás actores, y a causa de un factor absurdo: que el mismo ministerio que debe decidir está influido por el fracaso del Transantiago.
Respecto a los japoneses, son notorios por su facilidad de imitar tecnologías y prácticas ajenas y perfeccionarlas hasta límites insuperables. Hasta cierto punto el estándar ISDB es parecido al DVB “europeo” en lo técnico, pero también recoge la idea estadounidense de entregar el bloque completo de 6MHz de ancho de banda al operador establecido de TV abierta. Y el estándar nipón incluye la banda para transmitir TV a celulares sin necesidad de tener que recurrir a las bandas preasignadas a las compañías de telefonía celular, las cuales podrían cobrar a las televisoras por emitir TV…como puede ser el caso con la norma “europea”.
Este tipo de detallitos revela que no se trata de una discusión banal ni que debe ser tomada a la ligera, por eso es peligroso hacer afirmaciones livianas al respecto. Esto no es comparable a la discusión de los estándares de TV analógica de los años 50, cuando se contraponían el NTSC, el PAL y el SECAM. Esto es diferente por razones tecnológicas, de estructura industrial , de mercado y de política pública en un escenario internacionalizado. En ese contexto, es relativamente meritorio que SUBTEL no haya metido las patas…todavía. Pero postergar la decisión demasiado también puede ser una metida de pata.
Por: Pablo Julio — 2008-03-14
Es un buen punto el de Helio Costa. Consecuentemente con él -y por otras potencialidades más relevantes en su país que aquí- Brasil optó por una variante de la norma japonesa, que a su vez es una evolución de la europea original (corríjanme ffernandez y sgodoye si me equivoco). Lo que está claro a estas alturas es que en la alta definición no hay mayores diferencias entre las normas, pero que respecto de la televisión móvil, la norteamericana es la más atrasada y su desarrollo es un parche posterior frente a las ventajas de las otras opciones.
Otra virtud de las autoridades que envidias es que Brasil lleva años preparándose para la interactividad, donde se repite la situacion de avance que muestran las 3.5 normas en competencia.
Por: Eduardo Arriagada — 2008-03-14
Sergio, seguro que llevas razón, yo hace un tiempo asumí como válida tu fundamentada opinión de que el estándar tecnológico no condicionará mas que marginalmente lo que suceda.
Mi problema con la alternativa europea tiene más de reacción a la suficiencia que empleo el subsecretario Bello en el debate para tratar de imponerla, creo que para hacerlo se abusó de lugares comunes que implícitamente cuestionaban el sistema de televisión que nos hemos dado, con actores como TVN o el mismo Canal 13, que yo valoro.
También estoy de acuerdo con la idea de que cada día tendremos más canales , he escrito en este espacio que la televisión altamente segmentada será un excelente negocio. Se trata de una tendencia imparable, en mercados desarrollados solo la oferta de canales por cable ya supera los quinientos, la experiencia de televisión por internet de JoostTV y Hulu, que he probado por meses, multiplica eso casi indefinidamente.
Quizá no fui claro respecto a mi confianza en la vigencia de los canales segmentados porque ya había escrito demasiado en mi post, lo que pasa es que mi oibjetivo fue resaltar la importancia de un punto de Helio Costa (¡qué envidia de autoridades!) cuando afirmó que no tiene futuro el canal que pretendiendo mantener audiencias masivas no cuente con alta definición y sea capaz de emitir a aparatos móviles.
Por: Sergio Godoy — 2008-03-12
Estimulante columna. No estoy de acuerdo con todo lo expresado, pero con varios argumentos sí: que “televisión” no es sólo TV abierta, que la TV abierta chilena es un mercado bastante diverso para los estándares latinoamericanos y mundiales, etc.
Es probable que, cualquiera sea el estándar, van a haber más canales de TV. Eso no tiene nada de “europeo”, es simple lógica. Pero para que esos canales sean viables comercialmente, los operadores terminarán fusionándose. Quizás sobrevivan un par de conglomerados multicanal, alguno o todos con participación de capitales extranjeros. No sería raro que entre ellos perdurase VTR, o una derivación de lo que hoy es VTR, potenciado por su complementariedad con la TV paga, internet por banda ancha y telefonía.
Al mismo tiempo, seguirán funcionando canales chicos de audiencias reducidas, como el más de centenar que ya existe repartidos en regiones, y que sobreviven pese a depender de la buena voluntad de VTR para salir al aire (y que ya no necesitarían depender de esa empresa distribuidora).
En resumen, no veo un dilema entre “lo europeo” y lo correcto (¿lo japonés?¿Lo colombiano?¿Lo africano?¿Lo yanqui?). Sí concuerdo que al Gobierno se le ha pasado la mano con esto de retrasar la decisión sobre el estándar sin dar buenas razones. No sólo se peca por actuar (equivocadamente, como con Transantiago) sino por omitir decisiones relevantes en el tiempo adecuado.