Los extravíos de Arriagada
James G. Webster escribió alguna vez que la Teoría de la Aguja Hipodérmica parecía ser una idea desarrollada por sus propios detractores. La andanada de Arriagada contra una posición que encarna en el subsecretario Bello parece tener algo de eso: le atribuye posturas exageradas para luego atacarlas con un centenar de medias verdades -algunas irreconciliables entre sí, otras sin relación con el tema- con la ilusión de que al denunciar una supuesto error muestra el camino correcto.
Arriagada presenta a Bello como un burócrata que desde el Estado quiere regularlo todo. Pero pareciera que es todo lo contrario. Bello busca menos regulaciones, no más; busca más competencia, no menos. Lo que ocurre es que esa mayor competencia difícilmente puede venir del modelo tradicional que alcanzó su límite: requiere de la entrada de otros actores, como las empresas de telecomunicaciones. Con la mirada anclada en la televisión histórica, parece pensar que la nueva televisión que surja será la misma de siempre, pero con más canales.
Arriagada toma como muestra de la equivocada visión de Bello la oposición que le presentó la industria, pero ¿cuál es esa industria a la que se refiere? ¡Los actores actuales! Dónde se ha visto un sector industrial en que los participantes se muestren entusiastas de que lleguen a su fiesta nuevos competidores, con mayores espaldas financieras, a transformar las reglas del negocio en que ellos están. Por supuesto que las empresas se defienden de cualquier cosa que amenace su negocio. Es legítimo que lo hagan, pero eso no puede hacernos pensar automáticamente que lo mejor para las empresas de televisión es lo mejor para la televisión chilena y sus usuarios.
La preocupación por la diversidad es del todo atendible, pero Arriagada parece renunciar a buscarla porque nuestro pequeño mercado nos condena y no hay nada más que hacer. La reducción de los costos gracias a la tecnología y las economías de ámbito parecieran no existir. Eso, a pesar de que la presencia de Canal 13 Cable sugiere todo lo contrario.
Da como ejemplo de la irrelevancia de contar con espacio para más señales el que en la banda UHF no haya prosperado ningún canal; una afirmación tan contundente como responderle a quien quiera una señal FM en Santiago que ahí tiene varias AM disponibles para escoger.
Donde se confunde Eduardo es en el orden de los efectos. Probablemente, a causa de tanto discutir con los empecinados en que el Estado lo subsidie todo para enfrentar a los poderosos. El problema no es la concentración, es la falta de diversidad. Diversidad de acceso; diversidad de fuentes; diversidad de puntos de vista. Si la concentración de la propiedad ayuda a lograrla, bienvenida sea la concentración. El mundo no se divide entre quienes apoyan o combaten la concentración, se divide entre quienes confunden o no medios y fines.
Por: Eduardo Arriagada — 2008-03-17
Sebastián:
Al existir un mercado global estos contenidos hoy encuentran audiencias significativas, el problema lo podrían tener los contenidos locales (chilenos o, más aun, regionales) ultrasegmentados. Lo que debe variar es el tipo de producción, si hay menos posibles ingresos hay que hacer proyectos con costos mucho menores de producción. Uno puede hacer videos tipo YouTube con costos muchísimo menores que los de la televisión tradicional, también puede aprovechar la participación de la audiencia, etc.
Eduardo
Por: Sebastian Castro — 2008-03-17
Tras lo planteado en esta discusión pregunto
¿Son capaces estos medios de comunicación, ampliando la cantidad de canales, desarrollarlos con contenidos ultra segmentados que se financien en el mercado mundial?
Si alguien con mas antecedentes me puede dar alguna luz
Por: Eduardo Arriagada — 2008-03-12
Extraviado como me deja la lectura de este post finalmente me encontré con el teniente Bello, queda pendiente encontrar al otro Bello, a Julio y la explicación que justifica gastar -en el año 2008- la pólvora de la digitalización de las señales abiertas en la supuesta necesidad de multiplicar las señales. Pienso, como muchos, que hay que apostar por una tecnología que le dé a la televisión abierta chilena alta definición y movilidad. Comparto con Pablo que el problema no es la concentración pero creo que la diversidad no se alcanzará con una nueva ley que cambie el sistema de la menguante televisión abierta. Pienso que hay tareas más importantes, porque estamos en medio de una crisis y una que puede ser terminal, no para los participantes de la industria, sino para el audiovisual chileno.