Qué televisión queremos tener

tv declina.jpgMe tocó el privilegio de ser invitado a comentar en un foro del seminario “Provocaciones 5″ que organizó Manuela Gumucio a través de Fucatel. Mi rol fue provocar a los provocadores reunidos en Santiago para discutir el futuro del modelo chileno de televisión. Concretamente me tocó comentar a Jenaro Villamil, periodista mejicano que fundamentaba los problemas que tienen para la televisión el mercantilismo, la dictadura del rating y la concentración. En mi mesa también comentaron el Senador Jaime Gazmuri y la periodista Faride Zerán.

Mi presentación trató de mostrar que el contexto reciente de la web 2.0 ha cambiado tanto que me parece una discusión menos relevante. Cuestioné como mitos que la concentración impida la diversidad per se, que tengamos un modelo de televisión malo y que el rating impida hacer una televisión de calidad.

No pude rebatir a Villamil que en su turno para contestar los comentarios dijo que le sorprendía que yo hubiera hablado de que en Chile no teníamos concentración. Creo que fui poco claro porque jamás afirmé tal cosa, simplemente comenté que lo consideraba un fenómeno irreversible y que más que fijarnos en la cantidad de dueños de los medios líderes de cada sector había que ver si nuestro sistema permitía la variedad de fuentes, la variedad de puntos de vista, variedad de acceso, calidad informativa, etc. Aquí va el borrador que leí comentando las palabras de Jenaro que seguramente estarán en el sitio de Fucatel. Si quieren ver la presentación la tengo en mi página de Facebook.


¿Tiene sentido esta discusión en el contexto digital, cuando se discute la viabilidad económica del fin de los medios masivos?

Quizá es una discusión válida para los mayores de 50 años, hay estudios que muestran que un 40% del mercado no se meterá nunca en las nuevas tecnologías, pero recordando que se trata de un número de personas significativa pero que envejece rápido.
La televisión abierta que los tiene preocupados ya no es líder de sintonía en los países desarrollados. En Chile ya tenemos el grabador digital que es la gran amenaza para lo que sigue siendo la principal forma de publicidad, el spot televisivo.
En el año 2006 el DVR alcanzó en USA el 23% de las casas de los norteamericanos y la consultora Forrester estima que pronto llegará al 80% y las actuales encuestas de uso encuestas muestran que el 70% de los actuales usuarios de esa tecnología tienen siempre encendido un botón que elimina completamente los avisos comerciales tradicionales de la televisión
Tengamos en cuenta que mientras en el siglo XIX se decía sobre la publicidad “todo lo demás es gasto”, en el 2005, la revista Advertising Age publicó un ensayo llamado “el escenario del caos” donde muestra que las agencias parecen no estar preparadas para el inminente fin del modelo tradicional de avisos televisivos. Hace más de un año apareció el libro “La vida después del comercial de 30 segundos” donde Jaffe refuerza esa tesis. El libro comienza diciendo: “Si todavía hay gente por ahí que cree los medios masivos son un negocio viable, por favor que lean este libro”
Si todo es digital y pronto el almacenaje no será un problema – por 130 dólares se venderán el próximo año memorias capaces de guardar 1500 películas o una temporada completa de un canal tradicional- uno entiende el vaticinio de la revista Newsweek: “Uno va a poder ver cualquier cosa que le interese, en cualquier momento, en cualquier parte, desde las TV de alta resolución hasta los celulares“.
Disfrutar la televisión a través de Internet, a pantalla completa, eligiendo lo que se quiere ver y cuándo se quiere ver es la oferta del dúo formado por el danés Friis y el sueco Zennstrom que primero lanzaron Kazaa, que murió en tribunales cuando ya lo habían vendido y que se hicieron realmente millonarios con Skype que revolucionó la telefonía de forma similar a lo que ahora quieren hacerle a la televisión.
Con un software gratuito y una conexión a Internet de banda ancha es suficiente, no hacen falta aparatos especiales para poder ver Joost a pantalla completa. Una vez abierto el programa, puedes elegir entre más de 40 canales, y dentro de cada uno de ellos reproducir el programa que desee independiente del momento del día en que se accede. La emisión empieza de forma casi instantánea, y si puedes pausar, rebobinar o detener a tu antojo. Nacional Geograghic, Warner, sólo contenidos de calidad con una resolución de imagen similar a la del DVD.
La verdadera convergencia no es el aparato multimedia que Steve Jobs nos quiere vender, sino es el resultado de la relación entre el poder de los gestores de los medios tradicionales y el poder de los consumidores de esos medios masivos, que interactúan en formas impredecibles.
Desde un punto de vista económico, la clave está, primero, en aprovechar los bajos costos que tiene la creación de infraestructuras digitales que facilitan distintas formas de participación de los usuarios. Pero además, la clave está en entender el atractivo que genera esa colaboración crecientemente masiva de personas que co-crean mientras se deleitan en las creaciones de terceros. Me refiero a la llamada “inteligencia colectiva”. Lo fundamental está en entender la creación de valor que se obtiene como resultado de dicha colaboración masiva.
Muchos apostamos a que el futuro será de las empresas que sepan integrar la acción de los espectadores ya que esa interacción hará perdurar la atracción masiva de esos medios tradicionales.
Tenemos que analizar el problema teniendo presente que mientras nosotros simplemente consumíamos los medios de comunicación la nueva generación digital se relaciona con los mismos medios como con los nuevos como creadores de contenidos y hambrientos de participación.
Los medios tradicionales y los nuevos tienen al frente está imagen del adolescente con un control remoto que apunta y nos dice arrogante “Tienes tres segundos. Impresióname”. Por eso, lo más probable es que en el futuro tendremos muchos más consumidores de contenidos que quieran compartir sus productos mediales con otros, que en la ropa que usen proclamen su afición, que “posteen” en los blogs comentarios e incluso lleguen a producir parodias que circulen masivamente por la red. Ustedes creen que Chaves y sus aburridas peroratas de horas asumen esto, creen que los venezolanos lo oyen con la paciencia de los cubanos tuvieron en los años 50.
Mito 1: La concentración impide la diversidad.
En este Chile no hay una concentración monopólica donde el poder de un actor puede imponerse a las demandas del público. Como analista externo considero que tenemos un sistema de medios complejo, similar al de sociedades desarrolladas, aunque condicionado por el tamaño de la población y su economía como por ese bajo desarrollo cultural promedio.
En el sector de la prensa hay dos grupos relevantes -el grupo Mercurio de propiedad de Agustín Edwards y el grupo Copesa que además de diarios tiene revistas y un grupo de seis radios, controlado por Álvaro Saieh-.
En el sector televisivo hay otros cuatro actores significativos: el canal estatal Televisión Nacional de Chile, el canal de la Universidad Católica, Chilevisión de Sebastián Piñera y Mega del grupo de Ricardo Claro, que además suma a un diario económico especializado y un grupo de revistas. En la televisión por cable el 87% del mercado lo tiene VTR, empresa donde tiene participación de un 20% el mismo Ricardo Claro aunque en realidad está controlada por la empresa de capitales norteamericanos, Liberty Media. El sector de radios está liderado por el grupo español Prisa. Junto a estos grandes medios se encuentran otros actores menores, un medio escrito estatal más bien nominal, otros actores menores en la prensa periódica y en el sector de radios, algunos con cierto grado de influencia como el grupo de las radio Cooperativa y Universo.
El grado de concentración es un problema cuando impide el trabajo informativo, en nuestro caso el futuro del ejercicio del periodismo profesional parece estar garantizado por la competencia creciente que se da entre estos actores relativamente equilibrados en los diversos soportes.
Si nos comparamos con otras latitudes la calidad informativa chilena no descolla precisamente como decía Faride, de hecho nos encontramos en el puesto 49, pero tampoco es una mala posición si consideramos que Francia está en el puesto 37, España en el 41, muy cerca de donde estamos nosotros … mientras que Brasil recién aparece en el puesto 75, junto con Argentina que en el 76, cuando Venezuela recién aparece en el puesto 115 y para que hablar de Méjico que se encuentra en el puesto 132 entre los 222 países analizados por una entidad independiente. Para analizar un modelo hay que compararlo con otros.
Yo entiendo que en el Méjico que sale del autoritarismo del PRI se entienda el problema de la concentración como una mala palabra para el sistema televisivo. Hubo una época en que Televisa y PRI eran dos caras de una moneda, Fox también logró hacer una alianza parecida con Televisa. En un contexto autoritario la concentración termina siendo muy dañina, en Cuba, en Venezuela, cuando permite que se oculten situaciones que deberían ser de dominio público.
Les reconozco que los fenómenos de concentración los asumo como una consecuencia del sistema económico por el que optamos. Si valoramos tener empresas rentables y por lo mismo independientes, debemos permitir grados de concentración. Un diario con el New York Times alcanza la calidad gracias a que sus altos niveles de rentabilidad le permiten destinar un presupuesto millonario en sueldos de su plana periodística, para eso se requiere del alto grado de concentración del mercado de New York, algo similar ocurre en Sao Paulo con la Folha y O Estado y en Buenos Aires con Clarín y Nación.
Nuestro colega mejicano sabe que no fue por la concentración sino una exacerbación del pluralismo y el consiguiente impedimento para que los medios existentes pudieran tener un tamaño económico suficiente para ser independientes la fórmula como el PRI consiguió mantener el control sobre la prensa por décadas.
Hace unos años cuando fui a Ciudad de Méjico me sorprendió ver un mercado increíble para los diarios, una ciudad con más 20 millones de habitantes que tenía decenas de medios con circulaciones paupérrimas. De hecho el prestigioso El Universal tenía unos 200 mil ejemplares y la suma de los 30 diarios que analicé juntos no tenían la circulación de El Clarín en Buenos Aires.
Es un sistema no concentrado pero que reflejaba un pasado corrupto, condicionado por subvenciones estatales de más de 500 millones anuales de publicidad del PRI.
Además, evitar la concentración local tiene asociado otro problema relacionado: las facilidades que entonces se le dan a la consolidación que viene desde afuera. En el mercado chileno de radio apostamos por dar espacio al pluralismo, en cualquier momento tendremos una empresa dominante foránea controlando el sistema. El mejicano Ángel González dueño de Red televisión en Chile, que se dice que tiene un segundo minicanal y que trató de comprar el Canal 13 de la UC, en Paraguay ya es dueño de tres de los 4 canales abiertos.
En realidad la experiencia muestra que la concentración es un fenómeno irreversible, lo importante es que definamos que es lo que queremos defender. La consolidación que viene de afuera es una correcta alternativa a los caudillos locales, el principal problema no es cuántos dueños tengan los medios sino ver si el sistema permite que exista diversidad: diversidad de fuentes, de puntos de vista de acceso … esa es la clave.
Mito 2: Hay que modificar el modelo de televisión chileno.
En parte por lo mismo no creo que tengamos una mala ley de televisión, al menos en relación a la región. Cuando se legisló sobre la televisión el Estado le entregó licencias a un canal estatal y a las principales universidades del país, aunque al mismo tiempo se estableció un sistema de autofinanciamiento comercial que incentivó el desarrolló de una televisión similar a la de los países con concesiones comerciales tradicionales.
En 1990 se bajaron las restricciones y se permitió la apertura a capitales privados. Tres de los cinco canales de televisión abierta que hoy tienen cobertura nacional nacieron en ese contexto: Mega, Chilevisión y Red TV. Entonces se incorporó el capital privado, se dice que fue un cambio de las postrimerías del gobierno de Pinochet. También el color nos llegó en la dictadura y no renegamos de ellos.
La entrada de capitales privados es un fenómeno internacional tan global como la digitalización de estos años, qué país desarrollado no incorporó los capitales privados a un medio que universalmente se financia gracias a una publicidad también privada. Entre los nuevos dueños, además del mencionado González, hay dos empresarios de derecha, pero al menos Claro y Piñera son personas que están en las antípodas y seguramente son las personas menos persuadibles del país.
El mercantilismo criticado o el financiamiento publicitario tiene errores, pero como la democracia es el menos malo de los sistemas. Quién más va a financiar la TV sino contamos con la publicidad. Creo que del Estado no debe entrar mucho a los medios, a lo más un más robusto sistema de concursos para corregir errores del sistema.
Mito 3: El rating impide la televisión de calidad.
Es sorprendente que en este panel sobre la democracia se considera como demoníaco el rating televisivo. Esa actitud la considero esperable en el contexto chino, cubano o venezolano, ¿pero en un contexto democrático? ¿Que pasa con el valor de cada hombre un voto, independiente de su instrucción?
Es difícil modificar los hábitos dominantes. El rating actual responde a las elecciones que se han dado dentro de una oferta determinada. El rating refleja el dominio de las mayorías, del gusto de esas mayorías, gusto que evidentemente está condicionado por la educación medial que han tenido esas mayorías.
Pero más allá de las debilidades la crítica al rating también tiene implícita una crítica ilustrada al gusto de las masas. Como docente he visto que la misma historia de la comunicación de masas ha sido siempre la historia del temor a las masas. La verdad es que los medios son tan relevantes para la vida diaria que se los culpa de muchos de los pecados sociales contemporáneos. Desde el origen de la prensa masiva se ha reclamado por su influencia. Los diarios también fueron en el siglo XIX un producto lleno de trivialidades y chismorreo, el arte masivo siempre ha sido considerado barato y carente de refinamiento realizado para satisfacer al más bajo común denominador cultural.
Pero el rating también puede ser una defensa del populismo. Chaves, que fue capaz de aprovechar las debilidades del sistema democrático para imponer su autoritarismo no ha sido tan capaz de vencer a las masas del rating. Con sus decretos personales pudo quitar una concesión pero el lacayo que la recibió no obtuvo el favor de las audiencias de Radio Caracas Televisión.
Soy optimista porque el futuro está condicionado por la existencia de un incentivo económico a favor de masificar los instrumentos de participación de las audiencias. Mientras que en el sistema mercantilista de la sociedad de la información industrial la escasez aumentaba el valor a las cosas, el oro, los diamantes, por ejemplo, en la sociedad actual caracterizada por el fenómeno de las redes la verdadera riqueza resulta de productos que valen más cuando más los tienen lo que ha llevado a masificar tecnologías de la computación a más de mil millones de personas. Los medios tradicionales masificaron la posibilidad de recibir la información, la revolución actual está universalizando la posibilidad de entregar información, si los medios tradicionales crearon a las masas la revolución digital está permitiendo aprovechar la inteligencia colectiva de un indefinido número de tribus. El primer fax, el primer correo electrónico no tenían valor alguno, en la sociedad que se vivimos el valor resulta de la misma red lo que estimula un incentivo económico a favor de la gratuidad.
Todo será gratis salvo la capacidad captar la atención la atención, ahí está la clave y eso no lo dan las leyes, por más que le pese a los gobiernos autoritarios.
En un contexto donde lo más escaso es el tiempo libre disputado por una creciente multiplicidad de alternativas mediales el poder pasa del emisor al espectador. El nuevo espectador seguramente creará la “verdadera democratización” que espera Jenaro sin ayuda de ninguna ley.
Tal vez el cambio más grande se está dando en el usuario que ahora se desarrolla, nosotros ya quedamos atrás, pero el espectador de los años 90, donde dominaba la televisión abierta que a ustedes les sigue preocupando, que era caracterizado como una apática persona anónima y aislada, echada en un sofá comiendo papas fritas ya está en retirada, el nuevo espectador es alguien que ya no sólo ve la televisión sino que interactúa con su programación en tiempo real gracias al PC y al celular. En otras palabras, es un espectador que participa de forma activa, ruidosa, pública como parte de alguna comunidad.
Mientras algunos siguen analizando los minutos transmitidos o los centímetros publicados para estudiar, por ejemplo, los peligros de la concentración o del mercantilismo, las tendencias convergentes que mencioné al comenzar este comentario seguirán relativizando esas preocupaciones “setenteras”.
Personalmente soy de los que creo la única herramienta eficiente para aumentar la diversidad cultural en los medios es expandir las posibilidades de participación. Henry Jenkins en “Convergence Culture” dice “El poder de la participación no pasa por destruir la cultura comercial sino por escribir en ella, modificarla, corregirla, expandirla, agregarle nueves perspectivas variadas y luego devolverla a los medios masivos”.
Al decir esto se refiere a las ilimitadas alternativas de participación que están tomando las nuevas audiencias en el nuevo esquema medial del siglo XXI, al hacerlo alude al comercial de Apple con el concepto de Rip. Mix and burn, que nos abrió una nueva forma de soñar la participación medial.




Por: Red de Weblogs UC » archivo » “Apología” de la concentración medial — 2008-05-10

[…] Tuve la suerte de ser invitado por Manuela Gumucio (Fucatel) a prolongar la conversación que tuvimos en el contexto del seminario provocaciones 2007 que trató sobre la TV. La idea de este nuevo encuentro era debatir en torno a comentarios míos relativizando la gravedad del grado de concentración que existe en Chile en la industria de los medios masivos en Chile. La gracia del panel estaba en la venida desde Buenos Aires de Guillermo Mastrini, autor del libro “Periodistas y Magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina”.La conversación posterior a nuestras exposiciones estuvo interesante a pesar de que eran solo tres horas, junto a los “clásicos” integrantes de Fucatel se sumaron también Antonio Delfau (Mensaje), Nibaldo Moschiatti (Radio Bio-Bio), Felipe Portales (U. de Chile), Andrés Azocar (UDP), entre otros. También estaban en el público el abogado Gonzalo Sánchez, Juan Pablo Illanes (El Mercurio), Pablo Julio (UC), Alvaro Caviedes (Copesa), entre otros. El libro de Mastrini, que analiza comparativamente los medios de latinoamérica, era crítico respecto a la situación chilena, en especial en prensa. De todas maneras lo riguroso de su investigación lo alejó de lo que esperaban algunos de los asistentes al seminario, mucho más fatalistas respecto a la situación chilena. Algunas citas de Mastrini sobre nuestros medios: “El volumen de inversión publicitaria es relativamente bajo en la televisión abierta en términos regionales”. “Chile se ubica como uno de los países (de la región) con mayor desarrollo en el acceso por habitante a las industrias culturales”. “(En Chile) no se han consolidado conglomerados multimedia de magnitud como los presentes en Argentina, Brasil, México y Venezuela”. “(En Chile) se destaca la prominencia de la programación nacional en los canales chilenos. Esto da cuenta de la importancia que tiene la televisión pública (canal estatal y canales universitarios) en la estructura del sistema televisivo”. “El caso del canal público chileno es singular en el contexto de las emisoras televisivas estatales de América Latina, pues su control es ejercido a través del parlamento y sus índices de audiencia superan a los de las emisoras privadas”. Borrador de lo allí expresado por mi: De los trabajos que hizo con Guillermo Mastrini hizo con Becerra destaco, por ejemplo, que fueron más allá del tradicional análisis del problema a partir del número de dueños de diarios por país. En los trabajos de Guillermo hay un esfuerzo por analizar todos los espacios culturales lo que permite medir la concentración en forma más real, especialmente en un país donde más de la mitad de la población todavía no lee un diario a la semana. El peligro de la concentración surge junto a los medios masivos a mediados del siglo XIX. Hay que tener presente que entonces todo lo que hoy conocemos como la industria de los medios se resumía en un grupo de diarios por ciudad. En esos diarios, muchas veces en uno o dos, se encontraban todos los periodistas y eran el soporte del mercado publicitario que existía en esa ciudad. De todas maneras todavía no había riesgo de tener un problema serio para las audiencias porque era un sector incipiente, tanto en audiencias como en recursos. En realidad los problemas más serios de concentración se dan recién en el siglo XX cuando ya los medios universalizan su alcance y empiezan a ser aprovechados por regímenes autoritarios y totalitarios de diversos signos ideológicos. Teniendo en mente los excesos de esa época, aunque algunos siguen dándose hoy en día, es complicado hablar en forma positiva de la concentración, para cualquiera es de sentido común comprender el riesgo que entraña la existencia de monopolios, en especial en el mundo de los medios y la información. En un entorno monopólico al consumidor no puede elegir producto, ni precio, en ese contexto tiene lógica llegar a pensar que cualquier concentración sería una situación negativa. Pero hay que tener cuidado con la demonización de la existencia de cualquier grado de concentración medial. En realidad de cualquier demonización, por ejemplo muchos colegas hablan de censura o autocensura para referirse a un tema de línea editorial del medio donde trabajan, eso a la larga le quita gravedad al verdadero problema, cuando en realidad exista nuevamente problemas de censura. Con el tema de la concentración nos puede pasar lo mismo. Para definir si la concentración se convierte en un problema social debemos centrarnos en una comunidad, una ciudad por ejemplo, y analizar el peligro que existe en que la ciudadanía de ese lugar deje de estar correctamente informada por la existencia de un sistema de medios que permite ocultar cierta información o engañar redactando pseudo información y entregándola como información. Me preocuparé de la concentración, como lo está Guillermo, cuando alcancemos un grado de concentración tal que impida o dificulte el trabajo informativo, por ahora soy un convencido que en Chile el ejercicio del periodismo profesional está garantizado por la competencia- además creciente- que se da entre estos actores relativamente equilibrados en los diversos soportes. Yo escribí sobre esto en este espacio. Si nos comparamos con otras latitudes la calidad informativa chilena no descolla, de hecho nos encontramos en el puesto 39 entre los 169 países analizados por una entidad tan independiente como “periodistas sin fronteras”, pero hay que destacar que en dos años hemos mejorado 10 puestos en ese estudio y que el 39 tampoco es una mala posición si consideramos que Francia está en el puesto 31, España en el 33, muy cerca de donde estamos nosotros y no vienen mejorando, mientras que países con mercados igualmente poco profundos como el nuestro, como Argentina, recién aparece en el puesto 82, cerca de Brasil que está en el 84, cuando Venezuela recién aparece en el puesto 114 y para que hablar de México que se encuentra en el puesto 136, todos estos últimos además vienen bajando en el último tiempo. Además hay que tener presente que la principal razón para que la ONG nos de este puesto 39 es, cito el informe anual, “que los periodistas locales (el mismo colegio de la orden que llama a no estudiar periodismo) se quejan de una alta concentración”. Cuando demonizamos la concentración pasamos por alto que en la lógica económica también existe evidencia de que se requiere un cierto grado de concentración para que -dentro de un sector de la economía, como es el de los medios informativos- las empresas que en él compiten consigan un cierto nivel de rentabilidad. El buen periodismo es caro, muy caro y solo se desarrolla en el contexto de empresas rentables. Para mi los fenómenos de concentración son una consecuencia del sistema económico por el que optamos en este país, de nuestra vía chilena al desarrollo para molestia de muchos como Naomi Klein. Si lo importante es ser contrapoder del Estado es clave tener empresas ricas. Si valoramos tener empresas rentables y por lo mismo independientes, debemos permitir grados de concentración. Un diario con el New York Times alcanza la calidad gracias a que sus altos niveles de rentabilidad le permiten destinar un presupuesto millonario en sueldos de su plana periodística (300 millones por año), para eso se requiere del alto grado de concentración del mercado de New York, algo similar ocurre en Sao Paulo con la Folha y O Estado y en Buenos Aires con Clarín y Nación. Me atrevo a compartir una “tesis”: quizá la disyuntiva tiene mucho que ver con la clásica discusión entre privilegiar la libertad de expresión o el derecho a la información. Para mi lo fundamental es contar con un cierto acceso a un sistema de información sin limitaciones. Creo que los que privilegian la importancia de la libertad de expresión se focalizan más en el pluralismo, pero quienes entendemos que lo fundamental es el derecho a la información privilegiamos en cambio la existencia de un desarrollo profesional que no necesariamente se contrapone a concentración en la propiedad de los medios. Para unos la democracia necesita una variedad numerosa de opiniones y puntos de vista, otros nos contentamos con la existencia de un sistema informativo robusto, capaz de lidiar con las presiones y los altos costos que tiene el trabajo periodístico, es decir para los que privilegiamos el derecho a la información de los ciudadanos, es natural tender a ser más tolerantes a la existencia de pocos dueños como a permitir que sea el mercado el que haga la regulación. Personalmente creo que, en el promedio de los países abiertos al mundo, el peligro de los excesos de concentración son crecientemente menores justamente gracias a las mismas altas rentabilidades del sector de los medios, lo que incentiva que constantemente se multiplique la cantidad de alternativas mediales, lo que al final del día, se traduce en que el peligro del control informativo disminuye progresivamente en forma paralela a las tendencias propias del sistema económico en favor de la concentración. Advierto que en todo lo anterior hay implícita otra diferencia con Guillermo. En sus trabajos en forma implícita se asume la rentabilidad casi como un problema, mientras yo considero ese mismo afán de lucro como el incentivo fundamental a favor de la calidad informativa. En uno de sus artículos destaca la cita a un autor que dice “cómo un sistema dominado por la propiedad privada y guiado por el afán de lucro puede garantizar la libertad de información”. Entiendo que es de inocente pensar que la rentabilidad puede hacer de garantía de la libertad, pero también estoy convencido que es el incentivo que explica que siempre tanto las crecientes nuevas formas de medios como que los más exitosos empresarios del sector privilegian la búsqueda de rentabilidad a otros intereses que tendrían efectos muchos más bastardos para el sistema de medios. Para mi la rentabilidad es como el alimento de las empresas, tengo claro que una empresa que solo se mueve por rentabilidad, así como una persona que solo lo hace por la comida, no llega muy lejos, el éxito viene en los que saben enfocarse en las audiencias, pero también me doy cuenta que la persona que no se alimenta todavía muere mucho antes. Por otra parte reconozco que prefiero un medio bueno a dos medios regulares. No perdamos de vista que la concentración no ha sido la única forma que los sistemas autoritarios han usado para controlar la información que reciben los ciudadanos. En los regímenes autoritarios del PRI de México (la dictadura perfecta) y su imitador oriental de Fujimori en Perú la manera de debilitar a los medios fue justamente el fomento del pluralismo. La estrategia anti concentración fue coherente con un discurso como el que caracterizó al PRI Mejicano con el que se ganó el respeto de muchos progresistas de todo el mundo. Un libro reciente de otro autor que ha trabajado el tema de la concentración, Alfonso Sánchez-Tabernero, muestra una gran paradoja que ilustra muy bien esta conversación: económicamente lo que explica el temor al monopolio es que este presiona al alza los precios de los productos y desincentiva la innovación, pero eso es lo mismo que sucede en un mercado muy fragmentado cuando las empresas que no consiguen suficiente demanda se ven obligadas a aumentar sus precios por el mayor costo unitario de sus productos. Sánchez-Tabernero también asume el tema del que vengo escribiendo hace tiempo de que para “neutralizar” a una empresa “crítica” un gobierno puede favorecer la aparición de competidores como también favorecer “la supervivencia artificial” de los competidores. Hace unos años cuando fui a Ciudad de México me sorprendió ver un mercado increíble para los diarios, una ciudad con más 20 millones de habitantes que tenía decenas de medios con circulaciones paupérrimas. De hecho el prestigioso El Universal tenía unos 200 mil ejemplares y la suma de los 30 diarios que analicé juntos no tenían la circulación de El Clarín en Buenos Aires. Pero es un sistema de diarios no concentrado, de hecho en el caso de la prensa el índice de concentración usado en el libro de Guillermo le un índice mucho mejor que el que tiene Argentina o Chile, llega a ser un modelo que refleja un pasado corrupto, condicionado por subvenciones estatales de más de 500 millones anuales de publicidad del PRI. Otra diferencia de opinión que tengo respecto al trabajo de Guillermo está en la idea de que en estos momentos, en los comienzos del siglo XXI, habríamos llegado al punto más crítico respecto al fenómeno de la concentración, esta situación para ellos sería resultado de otro fenómeno contemporáneo muy demonizado: la globalización que surge a partir de los años 80. En estos trabajos otras tendencias económicas como la globalización o la multiplicación de los soportes, son analizados como procesos que refuerzan los aspectos negativos de la concentración, cuando justamente, la experiencia comparada, nos muestra que muchas veces en la interacción de estas fuerzas se neutralizan parte de los efectos negativos de la otra. Por un lado la existencia de inversionistas globales y la misma amenaza de compras por parte de ellos hacia los empresarios locales incentiva un grado de calidad y variedad e incluso aportan pluralismo cuando finalmente entran a los países. Por otro lado incentivan a los legisladores de los países a permitir un cierto grado de concentración interna que para evitar que los medios nacionales sean arrasados por las irreversibles inversiones foráneas. En el mercado chileno de radio apostamos por dar espacio al pluralismo y en cualquier momento tendremos una empresa dominante foránea controlando el sistema. El mejicano Ángel González dueño de Red televisión en Chile, que se dice que tiene un segundo minicanal y que trató de comprar el Canal 13 de la UC, en Paraguay ya es dueño de tres de los 4 canales abiertos. Por otra parte ese mismo proceso global puede constituirse en una alternativa a los caudillos locales. Hay análisis que muestran que grupos de comunicación de otros países también pueden ser un elemento garantista a favor del pluralismo. Hace unos años en Chile el mismo grupo Cisneros, que en Venezuela era un ejemplo de amenaza por la concentración, en su incursión en Chile por Chilevisión y Iberoamerican servía justamente de un paliativo a la concentración de grupos locales. En el otro sentido, en Canadá donde todo el mercado publicitario del país es inferior a las ventas de una empresa nortemaricana como Time Warner, la amenaza inminente de que los medios canadienses se conviertan en subsidiarias de los norteamericanos ha explicado el porqué sus legisladores han permitido y casi fomentado la concentración local a favor de la existencia de medios nacionales. Insisto en la necesidad de analizar caso a caso, tarea que se verá muy favorecida por el estudio comparado de Guillermo. En cada caso habría que revisar si la concentración tiene efectos dañinos, porque el principal problema no es cuántos dueños tengan los medios sino ver si el sistema permite que exista diversidad: diversidad de fuentes, de puntos de vista, como de acceso. Quiero ser muy claro respecto a mi optimismo en el efecto que las tendencias emergentes tendrán respecto al problema de la concentración en el futuro. El más reciente libro de Sánchez-Tabernero afirma que ya es historia hablar de mercados tradicionales estables, de riesgo controlado y de altas lealtades a los medios por parte de sus audiencias. Queda en el pasado el espacio donde los temores de Mastrini y Becerra tenían más justificación. Fernando Labrada decía en enero en la escuela que el paso de lo analógico a lo digital para la industria audiovisual ha sido un cambio profundo que obligaba a repensar desde los cimientos a toda la industria, hablaba del “tsunami digital” que tuvo como efecto un panorama que se describió muy bien en el trabajo de Alan Albarran del 2005 “las barreras que limitaban la competencia se debilitaron; cada vez es más difícil defender el liderazgo, hay más versatilidad y presencia internacional de las marcas”. Al comenzar estas palabras yo destacaba como una fortaleza del trabajo de Guillermo e que hayan ido más allá del estudio de diarios. Con un problema, aunque hay algo implícito sus indicadores no resaltan la importancia que tiene para la gravedad mayor o menor de la concentración general, que en un país como Chile donde hay concentraciones altas por sector, en prensa, televisión, no estén los mismos operadores dominando dichos sectores. Por otro lado también creo que esa fortaleza del trabajo -de intentar analizar todos los aspectos del sistema informativo- al mismo tiempo es una debilidad de trabajo de Guillermo. Por dos puntos. Primero porque al final el trabajo presentado solo mide correctamente los medios del siglo XX, el mismo texto reconoce que no es posible medir toda la multiplicidad de nuevos alternativas o soportes que cada día compiten por el tiempo cultural de las personas: no se analizan las consolas, los espacios web, los buscadores, la televisión digital, los espacios como YouTube, etc. Al no analizarlo se pasan temas emergentes claves, en España los jóvenes entre 18 y 24 años son el sector de la población que menos ve televisión, en favor del consumo de internet y juegos de video. El libro reconoce los cambios actuales como un fenómeno tan vertiginoso que los mismos tiempos del trabajo científico y el editorial impiden que se pueda asumir. La otra debilidad es que no se evalúa el impacto relativizador que tiene toda esta misma multiplicación constante de soportes y alternativas mediales en la concentración, personalmente creo que terminan limitando aún más los riesgos respecto al grado de concentración. Pienso que los estudios deben relativizar el poder real de los medios, un poder que se controla por la creciente escasez del tiempo libre y la creciente libertad que le entregan a estas audiencias más empoderadas la tecnología digital. Una debilidad del libro es que el mismo advierte un problema en sus mismas páginas que hace que las tesis de la investigación pierdan gran parte de su gravedad sin que los autores tomen cabal conciencia de aquello. Llevemos a un extremo esto, se advierte del poder de los nuevos grupos internacionales y no se mide el impacto que tiene que periódicamente, en tiempos que ya no son más largos que un par de años, surge de la nada un nuevo actor global que relativiza todo el equilibrio de poder que hasta entonces se había dado, amenazando a los líderes. Hoy Google ya es un poder, hace un tiempo no existía, pensemos en YouTube, Facebook, que rechazó hace casi un año una oferta de más de mil millones departe de Yahoo. Creo que este vértigo de cambio es una garantía mucho más robusta respecto a las tendencias a favor de la concentración de la “ayuda” que nos pueden dar legislaciones estatales. En estos días se cumple un año del día en que Chavez canceló la concesión de RCTV y la entregó señal a un amigo más dócil, las cifras de audiencia del nuevo concesionario confirman que a pesar de contar con todo el aparato estatal Chavez no pudo traspasarle la audiencia, las cada vez más libres audiencias. […]




Por: Red de Weblogs UC » archivo » Más perdido que el subsecretario Bello — 2008-03-12

[…] Es injusto culpar a Bello de la demora misma. Hasta hace un año él pensaba que esto era un simple trámite que él enfrentaba con la decisión previamente tomada, se notaba mucho que prefería la alternativa europea por ser el sistema diseñado principalmente para multiplicar la cantidad de canales, el multicasting. Me atrevo a jugarme que si no hubiera sido por la crisis del Transantiago y la llegada de René Cortazar al Ministerio, nuestro subsecretario ya hubiera impuesto esa alternativa europea. Para Bello lo digital era poco más que una herramienta para cambiar el modelo de televisión y multiplicar las señales a favor de unos objetivos tan políticamente correctos como son el pluralismo y la diversidad. Tanto él como su presidenta insisten en proclamar cada vez que hablan del tema la frase “aspiramos a tener más canales de TV”. Creo que el subsecretario Bello se extravió cuando no entendió por qué nadie de la industria le daba la razón a un cambio que él considera lógico. También lo perdió que la discusión se contaminara porque implica arbitrar por decreto el mercado del cambio de los equipos televisivos análogos por los digitales, es decir más de dos mil millones de dólares según se ha calculado. Cuando he dicho en este mismo espacio que en Chile no tenemos un problema real de concentración en la propiedad de las señales de televisión, me refiero a que en términos relativos la sociedad chilena y su televisión enfrentan desafíos muchos más importantes que ese. Analistas preocupados del fenómeno de la concentración como Guillermo Mastrini y Martín Becerra escribieron un libro cuyo título ilustra la postura pro-diversidad del trabajo: “Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina”. En el capítulo de Chile, a pesar de que consideran que se trata de un mercado mucho más concentrado de lo que yo pienso, tienen frases como las siguientes: “Chile se ubica como uno de los países (de la región) con mayor desarrollo en el acceso por habitante a las industrias culturales”, o “ (en Chile) no se han consolidado conglomerados multimedia de magnitud como los presentes en Argentina, Brasil, México y Venezuela”, o “ se destaca la prominencia de la programación nacional en los canales chilenos. Esto da cuenta de la importancia que tiene la televisión pública (canal estatal y canales universitarios) en la estructura del sistema televisivo”, o “el caso del canal público chileno es singular en el contexto de las emisoras televisivas estatales de América Latina, pues su control es ejercido a través del parlamento y sus índices de audiencia superan a los de las emisoras privadas”. Creo que Bello se perdió al tratar de usar el cambio tecnológico como una herramienta para aumentar la diversidad. Lo que no consideró nuestro subsecretario Bello es ni una norma tecnológica ni una garantizará diversidad para la programación de nuestras pantallas. La verdadera barrera a la diversidad en la televisión chilena es el mismo tamaño del mercado chileno, las ventas publicitarias de la TV chilena impiden las economías de escala para que se multipliquen la cantidad de  señales con capacidad real de tener audiencias significativas. En palabras de Mastrini y Becerra “el pequeño tamaño para su mercado es un escollo para su mayor despegue” y “el volumen de inversión publicitaria es relativamente bajo en la televisión abierta en términos regionales”. Con la ley que sueña el subsecretario Bello con suerte se conseguirá multiplicar la cantidad de minicanales sin audiencias significativas como UCV, La Red, Telecanal. Hace poco Patricio del Sol recordaba que, sin la necesidad de la digitalización, en los 90 ya se licitó el espacio de los canales de UHT y ninguno de esos canales siguen en el aire. Se pierde el subsecretario cuando no ve que por el imperio de la ley no se consigue la atención de las audiencias y en el contexto que viene cada vez será más caro conseguir dichas audiencias. Comparto lo que ha estado escribiendo Jorge Jaraquemada, abogado de  la Fundación Jaime Guzmán, en defensa del modelo chileno de televisión. Es significativo que haya salido en defensa del rol de la televisión pública, un representante de un sector político que lleva más de dos décadas sin poder controlarla. Jaraquemada dice que el sistema actual “ha provisto al país de una diversidad y calidad adecuadas” considerando el carácter de la industria, que “TVN ha conseguido buenos índices de audiencia, logrado rentabilidad, fidelizado un público y mantenido cierta independencia”. Bello no ha visto que el supuesto problema de concentración local pierde significación si se asume lo que significa que una empresa del sector, VTR, el año pasado ya tuvo ingresos superiores a los de la suma de todos los canales de televisión abierta: 635 millones de dólares. Una empresa que sin ayuda de ninguna ley está enriqueciendo la diversidad con el anuncio de la llegada a Chile de CNN, demostrando de paso que no hay tal problema de barreras de entrada que justifique aprovechar la digitalización al respecto. Las declaraciones del subsecretario Bello reflejan prejuicios respecto a la vigencia del poder de los canales actuales. En ellas no se considera que ya hoy, sin estandar digital ni ley mediante, los canales de televisión abierta ya fueron barridos por un tsunami digital que cambió y seguirá cambiando todo el escenario de los medios masivos audiovisuales. En el verano participé en una conferencia abierta realizada por Fernando Labrada, director del Media Research and Consulting, experto en lo audiovisual en España, que al presentar en la UC lo que llamó el Tsunami digital que enfrenta la industria audiovisual, se mofó de la idea de los parlamentarios de su país que se encontraban discutiendo una nueva “ley del cine” que ni siquiera hubiera sido apropiada para el mundo analógico cuando el tsunami digital ya lo había cambiado todo. Labrada afirma que el paso de lo analógico a lo digital para la industria audiovisual ha sido un cambio profundo que obligaba a repensar desde los cimientos a toda la industria.  La verdadera digitalización ya llegó, el 60% de los hogares en Hong Kong ven programas bajados de internet. La empresa Hubu, creado por NBC Universal y News Corp (los dueños de direcTV en Chile), permite ver y bajar programas gratis, financiado por comerciales. Las declaraciones del subsecretario Bello muestran que todavía no incorpora en el análisis que hoy los universitarios norteamericanos dedican más tiempo a un sitio de la web (Facebook) que a la suma de todos los canales de la televisión. No asume que en España los hombres de entre 18 y 24 años son el sector que menos ve televisión en general, en favor del consumo de internet y juegos de video. Lo otro que confunde la orientación de Bello es que sigue considerando a la televisión abierta como “la televisión”. En Chile ya no se puede pensar en legislar la televisión entendiendo al cable como lujo para una minoría, los analistas afirman que en un par de años ya el 60% de los chilenos tendrá ese servicio en sus casas, ayudado por la competencia entre VTR, Telefónica y Claro. En el 2005 solo lo tenía un 22% los chilenos mientras Argentina ya lo tenía un 55% y en EEUU un 85%.  Bello parece no saber que en Estados Unidos ya a comienzos de la década la televisión de cable y satelital habían superado en audiencias a la televisión abierta. Hablar de televisión abierta como único sinónimo de televisión gratuita es otro error que contaminan la discusión por parte de analistas y políticos que siguen con el foco puesto en la necesidad de una nueva ley de televisión para resolver los desafíos de nuestra pantalla local. Actualmente lo lógico presuponer que es inminente que al paquete básico de la televisión por cable en cualquier momento será gratuito, como ya lo es en muchos mercados. Hay muchos mercados donde ese paquete básico es la forma de meter el cable o la parabólica en los hogares, de establecer una relación comercial mensual, como cuando las empresas móviles “regalan” equipos a usuarios que no se comprometen a ningún pago mensual. Bello tiene que entender que estamos en un mundo donde las fuerzas del mercado empujan a la gratuidad de muchos servicios. Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor del concepto del The Long Tail que el publicó en un libro cuyo asegura dice que “en el futuro los negocios venderán más por menos”, ahora trabaja en un nuevo libro que titulará “Gratis”. Anderson asegura que hay ciertos campos donde la tecnología asegura una cierta abundancia, como son la memoria digital o la banda ancha, “deben tratarse como si fuera gratis y, regalándolo a los usuarios, buscar la manera de generar ingresos vendiendo otra cosa en torno a ello”. El ejemplo de Anderson tiene mucho que ver con la televisión, justamente dice que “cuando YouTube derrocha ancho de banda está revolucionando -y posiblemente destruyendo- la industria tradicional de la televisión, así como Skype hizo lo propio con la industria de las llamadas internacionales”. Tenemos que entender que todo está mutando, muchas empresas entienden que vivimos un mundo donde las canciones en su formato digital terminarán siendo “muestras gratis”, al igual como hoy nos llegan los videclips musicales, porque la generación de ingreso viene de los recitales. Veamos el último festival de Viña, Miguel Bosé antes recorre el país con el papi tour porque su venida no la costea su empresa discográfica para vender más discos sinó la empresa productora de recitales. En el mundo de los medios masivos siempre hemos entendido que lo “gratis” no implica no existencia de negocio y rentabilidad, la misma televisión abierta que desvela a Bello ha entregada siempre gratis sus contenidos financiado por los anunciantes que arriendan espacio en el hábito de sus audiencias leales. Al final la gratuidad es el arma para vender el mayor escollo para mantener la atención de las masas: como capturar la atención de personas saturadas de mensajes. Si entendemos los mensajes de Andersen pierde sentido mucho de la discusión alentada por Bello en torno a la televisión digital. Nuestro subsecretario entendería mejor la situación si asumiera que la concentración de poder que tenían hace dos décadas los canales de televisión abierta ya fue barrida por las tendencias globales. Una coordenada clave es el fenómeno de la globalización, entender que en cinco años más el verdadero problema para nuestro país será que la globalización pondrá en cuestión la misma supervivencia del audiovisual chileno. ¿Se piensa aprovechar la elección de norma para ayudar a que la industria audiovisual chilena tenga mayor presencia, al menos en la región latinoamericana?. El par brasilero de Bello, Helio Costa, afirmó que ellos entendían que la TV brasilera no tendría otros 10 años de vida sin el modelo de de TV que está implementando, cuyas claves las resume en “televisión de alta definición, televisión portátil y la televisión móvil”. “Si no podemos ayudar a la televisión brasilera con una herramienta poderosa como esta no le veo futuro a nuestra TV”. En vez de preocuparse de la concentración -que es mayor que en nuestro país según los analistas- Costa se da cuenta que la TV abierta brasilera será viable solo gracias a la alta definición. Cuando Costa advierte que la televisión está en peligro no se refiere a la televisión como tecnología sino a los canales brasileros y a la producción audiovisual realizada en Brasil. A quien le cabe dudas de que para todos nos sería útil que el subsecretario se termine de ubicar y no es evite de otro “error y no horror” como diría Vidal. Creo que Bello se situaría si, en vez de pensar en peregrinas leyes para regular de otra forma lo que queda de la otrora poderosa televisión abierta, pusiera su foco en la banda ancha, donde realmente se jugará el futuro de lo audiovisual. El aumento sostenible de la diversidad de los contenidos disponibles para los chilenos pasa por fomentar la interactividad, la participación masiva. Si queremos hacer una ley para el futuro del sector se debe integrar en el tema a la banda ancha que en Chile todavía ni siquiera tiene un reglamento que la regule a pesar de que ya cuenta con 1,3 millones de usuarios. Hasta ahora la competencia Telefónica vs VTR es lo único que explica las mejoras de servicio en la banda ancha en Chile. No todos los modelos de desarrollo de la banda ancha son igualmente exitosos. Según The Economist, que defiende una mezcla de competencia y regulación activa para el correcto desarrollo del sector, el bajo desarrollo relativo de Estados Unidos en la banda ancha se explica porque en cada mercado solo hay una empresa que ofrece banda ancha desde la telefonía y otra que lo hace desde el cable televisivo, mientras que en Canadá y Francia el Estado obligó a las compañías telefónicas a compartir las líneas. Mientras tanto en Chile todavía no tenemos claridad sobre las velocidades de subida y bajada que se deben entregar como servicio de alta velocidad, incluso ni siquiera supone un costo de imagen que una empresa entregue mucho menor velocidad para enviar que para recibir cuando es ahí donde se juega la interactividad es la velocidad de subida a la red. En el tema de la banda ancha la liberal revista The Economist no tiene problemas en reconocer que funciona en los países que “mezclan la competencia con la regulación activa”. No basta el dejar hacer, el caso paradigmático es Japón donde el Estado presionó al operador dominante (NTT) a conectar todos los hogares con alta velocidad y después obligó al mismo operador a compartir esa conexión con sus rivales. Es un hecho que los operadores tienden a limitar el tráfico que el usuario puede enviar cada mes, cuando justamente en el subir está la posibilidad de lo 2.0. Otra pista para nuestro subsecretario. Si asume que al multiplicar los canales no obtendrá calidad también podrá aprovechar una oportunidad producto de la misma rentabilidad de los canales chilenos, incluido TVN. Cuando se critica a nuestra televisión se dan ejemplos europeos sin considerar que, por ejemplo, la televisión catalana recibe subsidios estatales mayores que los presupuestos de operación de todos nuestros canales de televisión abierta. Chile tiene carreteras del primer mundo porque diseñó la forma como comprarlas, si queremos una televisión de calidad nuestra sociedad puede meter la mano al bolsillo para sacar el dinero que significa comprarla o producirla. Hoy el Estado no gasta en televisión gracias al autofinanciamiento de nuestro canal público, porqué no empezamos a discutir un fondo concursable relevante como incentivo pro calidad para los canales, tanto los de televisión abierta como los de cable. […]




Por: Ignacio Chehade — 2007-11-06

Creo interesante la postura de Cristobal, pero… (siempre hay un pero)

… no hay que olvidar que la concesion provoca limitaciones recordando que generalmente quien da un espacio limita a ciertas posibilidades a quien lo usa. Mientras mas conseciones y subconseciones se realizen habrá obviamente más clausuras editoriales, más responsabilidades empresariales y finalmente menos contenido pluralista atrevido para el pueblo.

Saludos.




Por: Cristóbal Fernández — 2007-11-03

No creo que se a problema que los medios analógicos sean controlados por pocos grupos, lo importante que la programación de esos medio en la versión digital (tv, radio, internet) sea plural, que se acerque al público objetivo gracias a la variedad de canales, pude ser que cada estación de tv se le amplíe la concesión de canales para programación variada.
También puede ser mezcla entre medios de difusión, me explico puede que canal 13 quiere llegar con una señal de tv, radio e internet con contenido religioso, puede que en las zonas más urbanizadas sea señal tv digital, en zonas rurales mezcla entre radio digital y tv, y en internet tener las dos plataformas de imagen y sonido para que pueda acceder todo el mundo a la programación.
Puede ser también que se concesione a productoras la emisión, ¿como?, puede haber una concesión general de la emisión que puede ser el canal 22, que es concesionada a la empresa nación sur en el área de el litoral central, y esa empresa sub concesione a productoras y empresas, espacios , en que en una hora puede dar noticias de la región, en otra puede dar música, y en otra puede como en la madrugada puede tener un sistema como el bloomberg, con graficos del clima de los indicadores y mostrar información en un cuadro pequeño.




Por: Ignacio Chehade — 2007-11-03

Mi impresión personal es que las grandes empresas comunicacionales así como las compañías que requieren avisaje e incluso las agencias de publicidad, no están preparadas para los nuevos medios ni los nuevos públicos.

Me ha tocado ayudar con campañas de avisaje o de creación de proyectos comunicacionales y es muy facil darse cuenta que tanto los trabajadores actuales como GRAN PARTE DE LAS ESCUELAS COMUNICACIONALES (INCLUYENDONOS) se han quedado con un modelo productivo, económico y comunicacional del siglo pasado y gracias a eso los medios nacionales cada vez pegan menos.

El problema a la vez es que lamentablemente toda la educacion, práctica y experiencia de grandes empresarios, publicistas y periodistas no sirven de nada en los nuevos medios ni con las nuevas audiencias y ooobviamente si ven a veinteañeros sin estudio capaces de hacer cosas más útiles que ellos se desmoronan e intentan cerrar las puertas antes de perder los especios que con trabajo han conseguido.

Resumo:

-La TV es pésima por su necesidad de avisaje y su incapacidad de entregar datos reales respecto a targets y efectividad (el people meter es una muestra, pero no es la información completa ni detallada como en los medios online).

-La prensa tradicional no resulta confiable por la enorme cantidad de filtros noticiosos que tiene (intereses empresariales, clausuras editoriales y atractivo de la noticia)

-La radio es buena, independiente y tiene genial contenido, pero no tiene futuro frente a la produccion audiovisual de bajo costo que puede ser consumida de manera pasiva o activa por igual

En conclusión… ¿Para donde va la TV? mmm… ¿Pues eso no lo vamos a contar en público no? Sería entregar la gallina de los huevos de oro a quien la quiera.

Saludos.




Por: Juan Pedro García — 2007-11-01

Eduardo, me parece super interesante tu visión.

Creo que la multiplicidad de medios está haciendo más real la capacidad de elección para las audiencias.

Antes no había opciones, ahora está lleno y la audiencia premiará a aquellos que sean capaces de seducirlos.

En mi opinión, el gran problema de los medios tradicionales (incluyo diarios, radios y TV abierta) es que nacieron “análogos” y no están sabiedo migrar hacia la era digital, y esto en gran parte porque sus periodistas y ejecutivos son “análogos” y que tienen un ADN de emisores.

Por el contrario, los medios que han nacido “digitales”, están sabiendo atraer a los periodistas, ejecutivos y audiencias “digitales” de manera que están creando contenidos que si los saben satisfacer y que favorecen el diálogo, siendo natural para ellos que existe una relación de ida y vuelta con la audiencia, de co-creación como tu muy bien dices.

Tengo casi 70 amigos en Facebook y podría decir que lo único que nos une a todos es que somos “early adopters” y nos apasionan los medios, por lo que queremos entender este mundo digital. De ellos, sólo un par trabaja en medios tradicionales…

Quisiera agregar una problemática adicional, los anunciantes y avisadores.
Ellos están aún mas lejanos de esta nueva realidad, y en el fondo a los medios tradicionales esta desconexión les conviene puesto que seguirán retrasando la diversificación de la torta publicitaria.

Si los avisadores ya estaban lejos de las audiencias en un mundo análogo, esto se verá exacerbado en el mundo digital.
No están visualizando como expresar sus marcas en estos medios sociales, en que los códigos para las marcas también son de co-creación y no de emisión sin esperar respuesta.

Así que trabajar la “empatía digital” es un gran desafío para los que estamos en esta industria.




Por: Sebastián Lehuedé — 2007-10-31

Voy a seguir los comentarios porque estoy seguro que va a dejar a más de alguien herido.




Por: josé ignacio mason izquierdo — 2007-10-31

Por cierto que es muy interesante el texto, invita a reflexionar acerca de varios temas en torno a la industria.
Mi única acotación está relacionada con una frase en la cuál se dice que Alvaro Saieh es propietario de CUATRO emisoras. Lo cierto es que el Grupo Dial posee SEIS emisoras en FM:
Duna, Beethoven, Zero, Carolina, Cariño y Club FM.