El Futuro de los medios en la UC
El miércoles 4 de abril la Facultad de Comunicaciones convocó a profesionales, académicos y estudiantes a una jornada de reflexión respecto del futuro de los medios masivos. En unos días se subirá a la red todo el contenido de las presentaciones allí realizadas, como también de la no realizada, con las siguientes preguntas: ¿Se tomará la ficción local el prime time de la TV? ¿Están a punto de desaparecer los medios masivos? ¿Qué harán las noticias por la democracia?
En una de las mesas se aprovechó la presencia en Chile de más de 10 académicos de Brasil que viajaron a nuestra capital para la realización del primer coloquio chileno brasileño de comunicación, que el martes pasado trabajó el tema de la telenovela. La mesa del seminario se tituló: ¿Se tomará la ficción local el primer time de la TV? Varios de los panelistas aludieron a la inminente dictación de la norma que usará la televisión digital en Chile. Posteriormente, me tocó participar en una mesa que abordó la misma supervivencia económica de los medios masivos. La provocación central estuvo a cargo del publicista Paul Beelen, que hace un año dio a conocer un documento titulado Publicidad 2.0. Me tocó comentar su presentación junto con Héctor Hermosilla, organizador en latinoamérica de los premios Effies y Grandes Marcas, y Mark Bonnel, fundador de la empresa de publicidad segmentada Impírica. En mis comentarios ironicé respecto de la llegada del nuevo ministro Cortázar: dije que seguramente nuestra televisión le deberá al fracaso del Transantiago que nos hubieran salvado del formato europeo de televisión digital. Es un hecho que hasta la llegada de un experto en el tema como Cortázar, que fue el principal ejecutivo de Televisión Nacional y hasta su nombramiento asesoraba al Canal 13, el gobierno pretendía adoptar la alternativa europea con el objetivo de aumentar la cantidad de canales de televisión abierta. Personalmente creo que aquello significaría condenar a la televisión a una situación parecida a la de nuestro mercado de revistas y de radios: un sector con muchos canales menos rentables, lo que al final se traduce en un periodismo barato junto el desarrollo de grupos económicos que al controlar varias señales revierten el pluralismo inicial perseguido. Esta discusión, que no se abordó en el seminario porque cuando se convocó se asumió la promesa del gobierno de tener ya resuelto aquello, se llevará a cabo correctamente en la Facultad, quizá como “El futuro de los medios, segunda parte”. Los mantendremos informados.
Mi presentación en PowerPoint se las dejo aquí.
Lamentablemente, por un problema climático de los EE.UU. ese día no se pudo realizar la tercera mesa de esa mañana, que discutiría respecto del rol que el periodismo tendrá respecto al sistema democrático en el futuro. El provocador encargado, Michael Schudson, sociólogo de medios, profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, se quedó sin poder llegar a Santiago hasta el jueves. Se trata de la visita más importante que recibirá este semestre la Escuela de Periodismo. Específicamente, vino para realizar un seminario para el Magíster de Periodismo Escrito que realizamos en conjunto con el diario El Mercurio. Esperamos poder contar con la presentación que iba a realizar el miércoles, así como también con los comentarios que habían preparado tanto Silvia Pellegrini, Decano de la Facultad, como Elías Selman, presidente de América Economía, el próximo martes 10 de abril.
La idea es grabarlas en el formato de un programa de conversación para televisión que se transmita en el Canal del Senado. El programa lo conducirá Hernán Precht y se sumarán a la conversación expertos en el tema como Juan Pablo Illanes, Emilio Cheyre y Francisco Vidal, entre otros. Los interesados podrán ver esa presentación en el sitio web de la Facultad de Comunicaciones.
Por: Red de Weblogs UC » archivo » Más perdido que el subsecretario Bello — 2008-03-12
[…] Es injusto culpar a Bello de la demora misma. Hasta hace un año él pensaba que esto era un simple trámite que él enfrentaba con la decisión previamente tomada, se notaba mucho que prefería la alternativa europea por ser el sistema diseñado principalmente para multiplicar la cantidad de canales, el multicasting. Me atrevo a jugarme que si no hubiera sido por la crisis del Transantiago y la llegada de René Cortazar al Ministerio, nuestro subsecretario ya hubiera impuesto esa alternativa europea. Para Bello lo digital era poco más que una herramienta para cambiar el modelo de televisión y multiplicar las señales a favor de unos objetivos tan políticamente correctos como son el pluralismo y la diversidad. Tanto él como su presidenta insisten en proclamar cada vez que hablan del tema la frase “aspiramos a tener más canales de TV”. Creo que el subsecretario Bello se extravió cuando no entendió por qué nadie de la industria le daba la razón a un cambio que él considera lógico. También lo perdió que la discusión se contaminara porque implica arbitrar por decreto el mercado del cambio de los equipos televisivos análogos por los digitales, es decir más de dos mil millones de dólares según se ha calculado. Cuando he dicho en este mismo espacio que en Chile no tenemos un problema real de concentración en la propiedad de las señales de televisión, me refiero a que en términos relativos la sociedad chilena y su televisión enfrentan desafíos muchos más importantes que ese. Analistas preocupados del fenómeno de la concentración como Guillermo Mastrini y Martín Becerra escribieron un libro cuyo título ilustra la postura pro-diversidad del trabajo: “Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina”. En el capítulo de Chile, a pesar de que consideran que se trata de un mercado mucho más concentrado de lo que yo pienso, tienen frases como las siguientes: “Chile se ubica como uno de los países (de la región) con mayor desarrollo en el acceso por habitante a las industrias culturales”, o “ (en Chile) no se han consolidado conglomerados multimedia de magnitud como los presentes en Argentina, Brasil, México y Venezuela”, o “ se destaca la prominencia de la programación nacional en los canales chilenos. Esto da cuenta de la importancia que tiene la televisión pública (canal estatal y canales universitarios) en la estructura del sistema televisivo”, o “el caso del canal público chileno es singular en el contexto de las emisoras televisivas estatales de América Latina, pues su control es ejercido a través del parlamento y sus índices de audiencia superan a los de las emisoras privadas”. Creo que Bello se perdió al tratar de usar el cambio tecnológico como una herramienta para aumentar la diversidad. Lo que no consideró nuestro subsecretario Bello es ni una norma tecnológica ni una garantizará diversidad para la programación de nuestras pantallas. La verdadera barrera a la diversidad en la televisión chilena es el mismo tamaño del mercado chileno, las ventas publicitarias de la TV chilena impiden las economías de escala para que se multipliquen la cantidad de señales con capacidad real de tener audiencias significativas. En palabras de Mastrini y Becerra “el pequeño tamaño para su mercado es un escollo para su mayor despegue” y “el volumen de inversión publicitaria es relativamente bajo en la televisión abierta en términos regionales”. Con la ley que sueña el subsecretario Bello con suerte se conseguirá multiplicar la cantidad de minicanales sin audiencias significativas como UCV, La Red, Telecanal. Hace poco Patricio del Sol recordaba que, sin la necesidad de la digitalización, en los 90 ya se licitó el espacio de los canales de UHT y ninguno de esos canales siguen en el aire. Se pierde el subsecretario cuando no ve que por el imperio de la ley no se consigue la atención de las audiencias y en el contexto que viene cada vez será más caro conseguir dichas audiencias. Comparto lo que ha estado escribiendo Jorge Jaraquemada, abogado de la Fundación Jaime Guzmán, en defensa del modelo chileno de televisión. Es significativo que haya salido en defensa del rol de la televisión pública, un representante de un sector político que lleva más de dos décadas sin poder controlarla. Jaraquemada dice que el sistema actual “ha provisto al país de una diversidad y calidad adecuadas” considerando el carácter de la industria, que “TVN ha conseguido buenos índices de audiencia, logrado rentabilidad, fidelizado un público y mantenido cierta independencia”. Bello no ha visto que el supuesto problema de concentración local pierde significación si se asume lo que significa que una empresa del sector, VTR, el año pasado ya tuvo ingresos superiores a los de la suma de todos los canales de televisión abierta: 635 millones de dólares. Una empresa que sin ayuda de ninguna ley está enriqueciendo la diversidad con el anuncio de la llegada a Chile de CNN, demostrando de paso que no hay tal problema de barreras de entrada que justifique aprovechar la digitalización al respecto. Las declaraciones del subsecretario Bello reflejan prejuicios respecto a la vigencia del poder de los canales actuales. En ellas no se considera que ya hoy, sin estandar digital ni ley mediante, los canales de televisión abierta ya fueron barridos por un tsunami digital que cambió y seguirá cambiando todo el escenario de los medios masivos audiovisuales. En el verano participé en una conferencia abierta realizada por Fernando Labrada, director del Media Research and Consulting, experto en lo audiovisual en España, que al presentar en la UC lo que llamó el Tsunami digital que enfrenta la industria audiovisual, se mofó de la idea de los parlamentarios de su país que se encontraban discutiendo una nueva “ley del cine” que ni siquiera hubiera sido apropiada para el mundo analógico cuando el tsunami digital ya lo había cambiado todo. Labrada afirma que el paso de lo analógico a lo digital para la industria audiovisual ha sido un cambio profundo que obligaba a repensar desde los cimientos a toda la industria. La verdadera digitalización ya llegó, el 60% de los hogares en Hong Kong ven programas bajados de internet. La empresa Hubu, creado por NBC Universal y News Corp (los dueños de direcTV en Chile), permite ver y bajar programas gratis, financiado por comerciales. Las declaraciones del subsecretario Bello muestran que todavía no incorpora en el análisis que hoy los universitarios norteamericanos dedican más tiempo a un sitio de la web (Facebook) que a la suma de todos los canales de la televisión. No asume que en España los hombres de entre 18 y 24 años son el sector que menos ve televisión en general, en favor del consumo de internet y juegos de video. Lo otro que confunde la orientación de Bello es que sigue considerando a la televisión abierta como “la televisión”. En Chile ya no se puede pensar en legislar la televisión entendiendo al cable como lujo para una minoría, los analistas afirman que en un par de años ya el 60% de los chilenos tendrá ese servicio en sus casas, ayudado por la competencia entre VTR, Telefónica y Claro. En el 2005 solo lo tenía un 22% los chilenos mientras Argentina ya lo tenía un 55% y en EEUU un 85%. Bello parece no saber que en Estados Unidos ya a comienzos de la década la televisión de cable y satelital habían superado en audiencias a la televisión abierta. Hablar de televisión abierta como único sinónimo de televisión gratuita es otro error que contaminan la discusión por parte de analistas y políticos que siguen con el foco puesto en la necesidad de una nueva ley de televisión para resolver los desafíos de nuestra pantalla local. Actualmente lo lógico presuponer que es inminente que al paquete básico de la televisión por cable en cualquier momento será gratuito, como ya lo es en muchos mercados. Hay muchos mercados donde ese paquete básico es la forma de meter el cable o la parabólica en los hogares, de establecer una relación comercial mensual, como cuando las empresas móviles “regalan” equipos a usuarios que no se comprometen a ningún pago mensual. Bello tiene que entender que estamos en un mundo donde las fuerzas del mercado empujan a la gratuidad de muchos servicios. Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor del concepto del The Long Tail que el publicó en un libro cuyo asegura dice que “en el futuro los negocios venderán más por menos”, ahora trabaja en un nuevo libro que titulará “Gratis”. Anderson asegura que hay ciertos campos donde la tecnología asegura una cierta abundancia, como son la memoria digital o la banda ancha, “deben tratarse como si fuera gratis y, regalándolo a los usuarios, buscar la manera de generar ingresos vendiendo otra cosa en torno a ello”. El ejemplo de Anderson tiene mucho que ver con la televisión, justamente dice que “cuando YouTube derrocha ancho de banda está revolucionando -y posiblemente destruyendo- la industria tradicional de la televisión, así como Skype hizo lo propio con la industria de las llamadas internacionales”. Tenemos que entender que todo está mutando, muchas empresas entienden que vivimos un mundo donde las canciones en su formato digital terminarán siendo “muestras gratis”, al igual como hoy nos llegan los videclips musicales, porque la generación de ingreso viene de los recitales. Veamos el último festival de Viña, Miguel Bosé antes recorre el país con el papi tour porque su venida no la costea su empresa discográfica para vender más discos sinó la empresa productora de recitales. En el mundo de los medios masivos siempre hemos entendido que lo “gratis” no implica no existencia de negocio y rentabilidad, la misma televisión abierta que desvela a Bello ha entregada siempre gratis sus contenidos financiado por los anunciantes que arriendan espacio en el hábito de sus audiencias leales. Al final la gratuidad es el arma para vender el mayor escollo para mantener la atención de las masas: como capturar la atención de personas saturadas de mensajes. Si entendemos los mensajes de Andersen pierde sentido mucho de la discusión alentada por Bello en torno a la televisión digital. Nuestro subsecretario entendería mejor la situación si asumiera que la concentración de poder que tenían hace dos décadas los canales de televisión abierta ya fue barrida por las tendencias globales. Una coordenada clave es el fenómeno de la globalización, entender que en cinco años más el verdadero problema para nuestro país será que la globalización pondrá en cuestión la misma supervivencia del audiovisual chileno. ¿Se piensa aprovechar la elección de norma para ayudar a que la industria audiovisual chilena tenga mayor presencia, al menos en la región latinoamericana?. El par brasilero de Bello, Helio Costa, afirmó que ellos entendían que la TV brasilera no tendría otros 10 años de vida sin el modelo de de TV que está implementando, cuyas claves las resume en “televisión de alta definición, televisión portátil y la televisión móvil”. “Si no podemos ayudar a la televisión brasilera con una herramienta poderosa como esta no le veo futuro a nuestra TV”. En vez de preocuparse de la concentración -que es mayor que en nuestro país según los analistas- Costa se da cuenta que la TV abierta brasilera será viable solo gracias a la alta definición. Cuando Costa advierte que la televisión está en peligro no se refiere a la televisión como tecnología sino a los canales brasileros y a la producción audiovisual realizada en Brasil. A quien le cabe dudas de que para todos nos sería útil que el subsecretario se termine de ubicar y no es evite de otro “error y no horror” como diría Vidal. Creo que Bello se situaría si, en vez de pensar en peregrinas leyes para regular de otra forma lo que queda de la otrora poderosa televisión abierta, pusiera su foco en la banda ancha, donde realmente se jugará el futuro de lo audiovisual. El aumento sostenible de la diversidad de los contenidos disponibles para los chilenos pasa por fomentar la interactividad, la participación masiva. Si queremos hacer una ley para el futuro del sector se debe integrar en el tema a la banda ancha que en Chile todavía ni siquiera tiene un reglamento que la regule a pesar de que ya cuenta con 1,3 millones de usuarios. Hasta ahora la competencia Telefónica vs VTR es lo único que explica las mejoras de servicio en la banda ancha en Chile. No todos los modelos de desarrollo de la banda ancha son igualmente exitosos. Según The Economist, que defiende una mezcla de competencia y regulación activa para el correcto desarrollo del sector, el bajo desarrollo relativo de Estados Unidos en la banda ancha se explica porque en cada mercado solo hay una empresa que ofrece banda ancha desde la telefonía y otra que lo hace desde el cable televisivo, mientras que en Canadá y Francia el Estado obligó a las compañías telefónicas a compartir las líneas. Mientras tanto en Chile todavía no tenemos claridad sobre las velocidades de subida y bajada que se deben entregar como servicio de alta velocidad, incluso ni siquiera supone un costo de imagen que una empresa entregue mucho menor velocidad para enviar que para recibir cuando es ahí donde se juega la interactividad es la velocidad de subida a la red. En el tema de la banda ancha la liberal revista The Economist no tiene problemas en reconocer que funciona en los países que “mezclan la competencia con la regulación activa”. No basta el dejar hacer, el caso paradigmático es Japón donde el Estado presionó al operador dominante (NTT) a conectar todos los hogares con alta velocidad y después obligó al mismo operador a compartir esa conexión con sus rivales. Es un hecho que los operadores tienden a limitar el tráfico que el usuario puede enviar cada mes, cuando justamente en el subir está la posibilidad de lo 2.0. Otra pista para nuestro subsecretario. Si asume que al multiplicar los canales no obtendrá calidad también podrá aprovechar una oportunidad producto de la misma rentabilidad de los canales chilenos, incluido TVN. Cuando se critica a nuestra televisión se dan ejemplos europeos sin considerar que, por ejemplo, la televisión catalana recibe subsidios estatales mayores que los presupuestos de operación de todos nuestros canales de televisión abierta. Chile tiene carreteras del primer mundo porque diseñó la forma como comprarlas, si queremos una televisión de calidad nuestra sociedad puede meter la mano al bolsillo para sacar el dinero que significa comprarla o producirla. Hoy el Estado no gasta en televisión gracias al autofinanciamiento de nuestro canal público, porqué no empezamos a discutir un fondo concursable relevante como incentivo pro calidad para los canales, tanto los de televisión abierta como los de cable. […]
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-15
Para los que no lo saben, este debate televisivo también se extendió al Medioblog de la misma Angélica que le acaba de recomendar a Sergio publicar la carta de los ingenieros, que finalmente salió hoy lunes 16 de abril en El Mercurio:
(Cartas al director, El Mercurio, 16/4/07, disponible en http://www.mercurio.cl/2007/04/16/editorial/cartas/_portada/index.htm)
TV digital
Señor Director:
Un editorial reciente se refiere a la definición del estándar de televisión digital terrestre. Con un fin educativo, nos parece oportuno aclarar algunas de las afirmaciones allí emitidas.
Se menciona que la norma DVB-T no estaría “preparada -como sí lo está ATSC- para recibir las transmisiones de alta definición”. La realidad es que todos los estándares consideran la transmisión de alta definición. En Europa, los operadores transmiten múltiples canales de definición estándar, pero ello no se debe a limitaciones del estándar DVB-T, sino que ése es el modelo de negocios escogido, así como en los Estados Unidos el modelo escogido es la alta definición. Por cierto, actualmente se están efectuando transmisiones de prueba de la norma DVB-T en Santiago, las que demuestran que en un canal de 6 MHz es posible transmitir conjuntamente una señal de alta definición y una de definición estándar.
Se menciona también que la “norma estadounidense es compatible con … NTSC y usa un ancho de banda de 6 MHz, … en cambio la (norma) europea se origina en la norma analógica PAL”. Esa compatibilidad retroactiva no existe en ningún estándar: los patrones de transmisión digital no reutilizan nada de los estándares analógicos a los cuales reemplazan y no son compatibles con ellos. ATSC no hace uso de equipo alguno de NTSC, DVB-T en Europa no emplea nada de PAL, y DVB-T en Taiwán no usa nada de la norma NTSC que sustituye.
Por otra parte, los tres estándares de televisión digital pueden usar canales de 6 MHz de ancho de banda. En 6 MHz, DVB-T puede transmitir hasta 23,75 Mbps, dependiendo de la configuración escogida por el operador, comparado con los 19,4 Mbps de ATSC. En 8 MHz, posibilidad no considerada por ATSC, DVB-T puede transmitir hasta 31,67 Mbps.
Vladimir Marianov
Christian Oberli
Miguel Ríos
Académicos
Departamento de Ingeniería Eléctrica UC
Por: María Angélica Bulnes — 2007-04-13
Su debate ha estado buenísimo. Pero tengo una duda. Sergio dice que los diarios no les han querido publicar las cartas a los ingenieros de la UC, entonces por qué no las ponen ustedes aquí en el blog para verlas. Podría ser interesante.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-13
Rayen, hace unos años me tocó leer una polémica canadiense al respecto del tema de la concentración del sector de medios que me encantaría que trataras de ver si puedes conseguir los argumentos: recuerdo que una empresa relevante se defendía de las críticas a su posición dominante mostrando que todo el mercado de publicidad de Canadá era menos importante que las ventas de solo una empresa relevante de USA, creo que se refrían a Time Warner. Lo anterior era usado para justificar la necesidad de un mayor grado de consolidación dentro de Canadá para poder tener una “voz” relevante ante la presión competitiva permanente de los medios e los EE.UU. Hay que tener cuidado con estas singularidades para adaptar ideas legislativas de Europa, al final son realidades tan diferentes en los efectos de la aplicación de estas normas… de hecho en Europa la televisión digital se está aprovechando especialmente para darle espacio en el dial a voces de las comunidades autónomas dentro de los países, una situación muy distinta a la de Chile que culturalmente no lo requiere con igual urgencia y por tamaño y grado de desarrollo económico sobretodo tampoco lo puede justificar económicamente. Gracias por tu comentario, sería genial si te puedes hacer un tiempo de contarnos cada ciertos días de cosas que ves allí a través de este espacio.
Por: sergio godoy — 2007-04-13
Afortunadamente está la idea de hacer un seminario en esta facultad para conversar sobre este tema muy pronto. La frase de Eduardo que ha gatillado este debate tuvo ese efecto positivísimo, además de que por supuesto que como académicos de la Facultad de Comunicaciones debemos preocuparnos de discutir, entre otras cosas, sobre cómo asegurar un buen periodismo en la TV ahora que se viene un cambio tecnológico importante.
Le propongo a mis colegas que nosotros nos concentremos en las preguntas de fondo sobre el futuro de los medios, que los ingenieros se preocupen de los bits y bytes, y que los representantes de los estándares respectivos se sigan sacando los ojos entre ellos si lo desean. Aquí en la UC hay un equipo excelente de la Escuela de Ingeniería que redactó un informe sobre esos tres estándares de TV digital por encargo de la SUBTEL, cuyas conclusiones (que lamentablemente no se han publicado) son bastante contudentes. Estos profesores de Ingeniería UC han querido aclarar las confusiones que han estado emergiendo recientemente, pero no les han publicado sus cartas aclaratorias en los diarios.
Por lo demás, el Canal 13 de la UC en estos mismos momentos (13 de abril a las 12:53 horas -5GMT) está haciendo emisiones experimentales con el estándar DVB europeo y TAMBIÉN con el estándar japonés ISDB, ambos (sí, ambos) en alta definición y en 6MHz desde su antena en el cerro San Cristóbal (y con ATSC, pero en circuito cerrado). Estos experimentos han sido muy valiosos para testear (y descartar) varios de los mitos que han estado circulando sobre estos estándares…y la SUBTEL está muy conforme con estas pruebas.
Por: Rayén Condeza Dall’Orso — 2007-04-13
Sin ser experta en esta materia, me parece que este es un tema -además de experto, de industria medial y técnico- por sobretodo de interés público. Comparto con ustedes desde Montréal tres accesos a informaciones de distinto tipo y nivel que me parecen relevantes. En temas como este, todavía emergentes, incluso para aquellos países que están discutiendo desde 1996 el advenimiento de la TV digital, puede ser prudente acudir a esas fuentes directas y con experiencias reales y continuas de regulación. Hasta donde tengo entendido, las decisiones sobre normas técnicas para servicios audiovisuales, al menos en Europa, se basan en principios o fundamentos de derecho de las personas previos a los de otro tipo, que, a propósito de diversidad de voces y concentración de medios, pueden encontrarse en el documento del informe del Consejo de Europa de 2003.
http://www.coe.int/T/E/Human_Rights/Media/HAPMD (2003)001_en.pdf.
En otro aspecto, no dejo de sorprenderme al saber por reporte reciente de Rory Cellan-Jones,Technology Correspondent de la BBC News que pronto los creadores de Skype telefonía lanzarán Skype TV (anunciado en enero 2007). Comprenderán que en mi presupuesto de estudiante y de familia numerosa en Montréal, conversar casi a diario con mi familia a costo cero se valora. Pero ese o la compra de You Tube, son ejemplos de lo que el británico Davies, en 2005, ya refería, aquello de que la convergencia y las políticas públicas se mueven a distintos ritmos. Este escritor, citado en la política de comunicaciones para niños y adolescentes emanada del concurso Políticas Públicas UC (Condeza y Baeza, 2006), presentada al Senado en 2006 , publicada en libro de la universidad lanzado en enero, “Camino al Bicentenario, 12 propuestas para Chile”, inspiró varias de las propuestas, como la de integrar en la discusión sobre TV digital en Chile, la relación directa que de acuerdo a la legislación comparada creemos se debe discutir, en cuanto a resguardo y promoción de la infancia y de la adolescencia en los medios, es decir ser un criterio de renovación o licencia de señales en este nuevo escenario, por ejemplo (ya que no lo fue ni ha sido, en la práctica, en en pasado).
Otro acceso interesante, por su simplicidad, es el sitio de acceso público de la PBS en el que se nos explica al ciudadano común o gente como uno, en un mini-curso package, de qué se está hablando cuando se nos habla sobre TV digital, www.pbs.org/opb/crashcourse.
Como se dice en Québec, Bonne lecture!
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-10
Creo que hay un matiz clave en tu crítica, es verdad que se discutieron las normas, igual pienso que se discutió mucho menos de lo necesario (de hecho el único trabajo serio ha sido citado varias veces aquí) lo que yo lamentaba es que “casi” (gracias al inoperante Transantiago) no alcanzó a discutirse lo que se trató de hacer junto a la digitalización, la aquí discutida ampliación del número de señales.
Por: Pablo Julio — 2007-04-10
Eduardo, aquello de “la adopción de una norma que se estuvo a punto de realizar sin debate previo alguno” es sencillamente falso. Pocas veces un tema de políticas públicas ha sido objeto de un debate más abierto. No recuerdo cuántas fueron, pero en la serie de audiencias públicas sobre televisión digital se dio tribuna a todo aquel que tenía algo que decir. Lo poco transparente fue el modo en que se abortó una decisión ya tomada, en donde el lobby visible tiene pocos precedentes: un ministro de transporte reuniéndose con el embajador norteamericano y llevando de la mano a las cabezas de todos los canales ante la presidenta, en su momento de menor popularidad, para que le hagan sus planteamientos.
Sobre las ventajas de las distintas normas (en un sentido amplio, no sólo en lo técnico) no puedo opinar como un experto, ya que me he informado, principalmente, a través Sergio Godoy y Francisco Fernández que han estudiado mucho el tema. Pero los procedimientos están a la vista. Luego de lo visto en México y Argentina, los procedimientos importan. Hasta ahora el procedimiento había sido inobjetable y que se haya interrumpido es a lo menos motivo de preocupación.
Por: tomás pollak — 2007-04-10
Qué buena está la discusión!
Les recomiendo que le echen un vistazo al debate que se armó en FayerWayer con respecto al mismo tema. Específicamente sobre los estándares para la TDT chilena.
Por: José Luis Santa María — 2007-04-10
El documento del profesor Godoy. Parece que hay que leerlo para merecer participar de este foro. En todo caso me gustaría saber si, desde noviembre de 2005 a la fecha, hay nuevos antecedentes que considerar.
http://fcom.altavoz.net/prontus_fcom/site/artic/20060503/asocfile/20060503181838/ASOCFILE220060503181838.pdf
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-10
La ventaja del mundo académico es que uno puede decir una “pachotada” como la que me mandé sobre la llegada de Cortazar y terminar en una discusión entretenida (al menos para sus actores). Estamos ante un tema importante, es delicado que una carambola producto del vergonzoso desempeño del gobierno en el tema del transporte nos haya salvado de la adopción de una norma que se estuvo a punto de realizar sin debate previo alguno. Los que quieran profundizar sobre la televisión digital tienen que leer los trabajos de Sergio Godoy y Francisco Fernández sobre el tema, aunque les recomiendo forzarlos a contestar por esta vía del blog para que mediante cuñas menos crípticas nos acerquen sus divagaciones, es mucho más entretenido.
Por: Sergio Godoy — 2007-04-10
Está bueno el debate, por fin.
En todo caso, Eduardo se confunde. No me preocupan los oligopolios ni los monopolios per se, ni estoy diciendo que la norma “europea” de TV digital sea más “académica” que las demás. Sólo digo que la academia es un espacio privilegiado para discutir sobre grandes problemas sin presiones comerciales ni políticas, con rigor argumental. Para que esta discusión sea propiamente académica, sería saludable que, por ejemplo, el aludido examinara con cuidado e impugnara los argumentos expuestos en el Informe Sobre TV Digital que preparé en 2005 para el Consejo Nacional de TV y que hasta hace poco estuvo disponible en el sitio web de la facultad (ahora ya no, supongo alguien creyó que el tema no era relevante ni vigente). No tiene sentido reexplicar en este blog los argumentos que se exponen en ese texto y que he ido refinando y actualizando en decenas de congresos, conferencias y seminarios en Chile y el exterior sobre esta materia.
El gran problema que preocupa a Eduardo es relevante, importante y valioso: cómo hacer un mejor periodismo en el sistema de medios, y cómo evitar que la digitalización de la TV lo deteriore aún más (pese a que comparto las observaciones de Pablo Julio sobre la farandulización de la TV y otros problemas bastante clásicos del periodismo televisivo en general y en Chile en particular).
Que nadie se equivoque: Eduardo es quizás uno de los más grandes expertos en prensa escrita en Latinoamérica. Además es un gran académico y una gran persona, con quien es un placer convivir y enfrascarse en este tipo de discusiones. Pero si bien tiene todo el derecho del mundo de opinar, y la suya es una opinión especialmente interesante dada su expertise en medios escritos, debiera interiorizarse más en las complejidades de la TV digital para que su opinión fuera válida además de interesante. Del mismo modo que un cardiólogo puede hacer apreciaciones muy válidas e inteligentes en un congreso de neurólogos, finalmente no es neurólogo. Los argumentos de Eduardo sobre la TV digital son débiles y superficiales, no demuestran que se haya interiorizado en la materia con el rigor que se merece el tema.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-10
Pablo, los concursos de bailes que anoche tanto te molestaban son formatos derivados del reality, el año pasado aparecieron en el hemisferio norte y durante este llegaron a Chile. Te aseguro que su programación no variará dependiendo del número de “telecanales” con los que cuente el dial. Los canales que disputan el liderazgo de las audiencias comerciales tratan de aprovechar el formato novedoso y contraprograman, son momentos dinámicos que van evolucionando, tranquilo. Respecto a tus temores por la oferta informativa por favor revisa desapasionadamente los números, (hay datos en el blog siguiente: http://diestrasiniestra.blogspot.com/2007/03/en-informacin-la-caja-idiota-sigue.html) verás que se trata de un componente de la oferta que sigue siendo alto y está creciendo, personalmente creo que es la gran fórmula para mantener una audiencia heterogénea, un ejemplo reciente de su importancia son los pasos que está dando nuestro amigo Enrique Aimone en UCV TV.
Por: Pablo Julio — 2007-04-10
Cuando no se quieren ver las aristas de un problema, es poco lo que queda por discutir. Pero veámoslo al revés. Mientras escribías tu último comentario, en los dos canales principales podían verse dos variantes del mismo concurso de baile con famosillos. Ese ejemplo de diversidad es la manifestación más clara de que el esquema actual ya dio lo que podía dar y esperar algo distinto es una gran ingenuidad.
La defensa del statu quo -en la que perseveras incluso cuando lo niegas- sólo se entiende si la situación actual te satisface o crees que es la mejor posible.
Antes hablabas del costoso periodismo profesional. Salvo Contacto, Informe Especial, los noticiarios de trasnoche y alguno más que olvido ¿dónde está ese periodismo profesional que temes poner en riesgo? Todo el resto es entretención: unas veces con ficción, otras con farándula, a veces con deportes y unas cuantas con información irrelevante, pero entretenida. Programación muy legítima, pero que no corresponde poner en un estatus distinto al que merece la dada por los telecanales.
La apertura a mayor competencia abre la posibilidad de nuevas propuestas , nuevos modelos de financiamiento y nuevos actores. No lo garantiza, desde luego, pero abre una posibilidad hoy inexistente. Ya sabemos que el esquema actual no aguanta un operador más. Es bastante obvio. Y es especialmente obvio para los candidatos a nuevos actores. Si la mayor apertura permite que Claro o Entel entren al negocio, estos lo harán sólo si diseñan fórmulas para traer recursos nuevos. No para repartir lo que ya está. Si la puerta no se abre entrarán igual, pero los nuevos desarrollos no se darán dentro de la televisión abierta, sino por el lado.
Has escrito líneas y líneas sólo para decir me opongo. Sólo sabemos que la opción europea te parece catastrófica porque más canales no se soportan bajo el financiamiento publicitario. Esa caricatura se parece mucho a cerrar los ojos, taparse los oídos y aferrarse a la fantasía de que por arte de magia volveremos todos a sentarnos en familia a ver Sábados Gigantes durante toda la tarde. La televisión que añoras todavía vive, pero agoniza sin remedio. Tendrá que adaptarse, pero jamás podrá hacerlo si su estrategia fundamental es negar que las cosas ya no son como solían ser.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-10
Pablo, son tantas tus concesiones que no si queda algo que discutir. Tu me asignas supuestas defensas del actual esquema de financiamiento, cuando yo solo argumento que ampliar la cantidad de canales abiertos no tendrá los efectos positivos que tu aspiras. Yo creo que la diversidad la dará la competencia creciente y la calidad resultará más de empresas robustas que de una serie de nuevos “telecanales”.
La verdad es que más allá de la ironía estoy de acuerdo con casi todo lo que dices. Al final lo que nos separa en este debate es la inocente insistencia tuya en creer que tus sueños de ver una televisión abierta similar al cable la dará la entrega por parte de este gobierno de un par de señales más. Qué ejemplo conoces en otras latitudes de que aquello se ha conseguido con más señales.
Por: Pablo Julio — 2007-04-10
Eduardo, no me parece que haya expresiones u opciones que sean más o menos académicas. Tampoco sé muy bien que podrá significar eso. Lo que interesa es la racionalidad de la discusión: evaluar los supuestos y alinear causas con efectos. Las analogías son muchas veces iluminadoras, pero tratadas ingenuamente suelen llevar a conclusiones descarriadas.
Tienes razón en no dramatizar acerca de la concentración de la propiedad. Somos un país chico y nuestros medios no están más concentrados que las farmacias, la leche o la bencina. El tema no es la propiedad, sino la diversidad de contenidos, fuentes, puntos de vista y posibilidades de acceso.
Ciertamente más canales de televisión no implican automáticamente mayor diversidad, pero son imprescindibles para que haya la posibilidad de diversidad que hoy no tenemos.
Das el contraejemplo del New York Times frente a la multitud de diarios en Ciudad de México. Bien por la prensa escrita, pero estamos hablando de televisión. Hace poco leía que una edición dominical del New York Times contiene más información factual que todo el material escrito disponible para un lector del siglo XV. Por su extensión, inabordable para un lector normal que haga en la vida algo distinto a leer el diario, y por su acceso no lineal, que a diferencia de la televisión permite que uno lo lea en el orden y saltándose lo se le dé la gana, el New York Times puede pretender, con mayor o menor éxito, encarnar la diversidad al interior del propio diario. Un canal de televisión no puede dar dos contenidos simultáneamente. El televidente está obligado a ver lo que le tocó en ese momento. Si quiere algo distinto, podría cambiar de canal. Salvo, claro, que a la hora de los matinales todos dan matinales y más tarde todos telenovelas. Ocurre que en un instante dado no hay diversidad ni en el canal ni en el conjunto de los canales. Esa es nuestra realidad hoy y por eso la posibilidad de diversidad -ilusión dirás tú- es un imperativo a tener en cuenta en las decisiones que se tomen.
La defensa del statu quo, preservando la participación en el financiemiento publicitario, es semejante a oponerse a pavimentar las carreteras para salvar los ferrocarriles. No son los ferrocarriles lo que hay que salvar: es la diversidad y -este tema no lo hemos tratado- las ventanas de exhibición para la producción audiovisual nacional, ya que lo que está en juego va mucho más allá del solo periodismo.
El recurso publicitario no dará más de lo que ya está dando y lo que da no es suficiente. Tu disciplinado apoyo a la postura de ANATEL apunta a mantener el estado actual de mediocridad. Insisto en la cifra que puse más arriba: con los avisos que veo le pago al año US$20 a la televisión abierta, mientras que a VTR US$480 por lo que la televisión abierta no me da. En tu opción de tocar las cosas lo menos posible para mantener la tajada de la torta estás apostado por la torta chica.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-09
Agradezco a Sergio que me haya concedido la razón desde la academia desde donde él estudia sobre estos temas, lamentablemente me la da en un tema que no me preocupa como a él: el supuesto oligopolio o monopolio que tendrá nuestra industria según un vaticinio personal que no comparto. No dejo de pensar que el Transantiago nos salvó de otro fracaso cantado que era la decisión que tenía el ministro saliente de apostar por la norma europea, aunque parece que es más académico pensar lo contrario. Creo que, salvo Sergio que lo hace por razones muy serias, la mayor parte de los que defienden el sistema europeo (fuera de los lobbistas europeos) en realidad quieren que el Estado entregue concesiones a nuevos actores. No siempre una mayor cantidad de medios es positiva, eso es lo que considero un poco inocente en la postura de mis contradictores, no creo que la Ciudad de Méjico del PRI o la Lima de Fujimori haya tenido mejor prensa que Nueva York, a pesar del monopolio que Sergio vería en la posición del Times. Ya lo he tratado en este mismo espacio, soy de los que cree que en nuestra televisión no tenemos un sistema de medios excesivamente concentrado en cuanto al número de dueños de señales. Si se ve la perspectiva global Chile cuenta con un sistema de medios complejo, similar al de sociedades desarrolladas, aunque condicionado por el tamaño de la población y su economía como por ese bajo desarrollo cultural promedio. Se trata de medios ligados a grupos económicos con un importante actor estatal en la televisión. Por lo mismo pienso que el futuro del ejercicio del periodismo profesional de calidad todavía parece estar garantizado por la competencia creciente que se da entre actores relativamente equilibrados en los diversos soportes. En el sector de la prensa hay dos grupos relevantes -el grupo Mercurio de propiedad de Agustín Edwards y el grupo Copesa que además de diarios tiene revistas y un grupo de cuatro radios, controlado por Álvaro Saieh-; en el sector televisivo hay otros cuatro actores significativos: el canal estatal Televisión Nacional de Chile, el canal de nuestra Universidad Católica, Chilevisión de Sebastián Piñera y Mega del grupo de Ricardo Claro, que además suma a un diario económico especializado y un grupo de revistas. Un actor menor, a pesar de tener intereses en dos señales de televisión abierta, es el señor Angel González que menciona más arriba Pablo Julio. En la televisión por cable el 87% del mercado lo tiene VTR, empresa donde tiene participación de un 20% el mismo Ricardo Claro, controlada por la empresa de capitales norteamericanos, Liberty Media. No lo considero para nada delicado gracias a que Telefónica entró fuerte al mercado. En el sector de radios se está formando otro conglomerado importante alrededor del grupo español Prisa. Junto a estos grandes medios se encuentran otros actores menores, un medio escrito estatal más bien nominal, otros actores menores en la prensa periódica y en el sector de radios, algunos con cierto grado de influencia como la otrora clave radio Cooperativa. Creo que este marco, en el contexto de un mercado global con señales internacionales cada vez más importantes, no exigen cambios en el número de actores en el mercado de la televisión como algunos pretenden lograr con la digitalización pendiente. Por ahora no comento la idea de Sergio de la licitación internacional de señales de alta calidad porque no he oído a ningún actor estatal defendiendo aún tan original propuesta.
Por: Sergio Godoy — 2007-04-09
Eduardo, si el tema es evitar que se debilite “la capacidad de los canales actuales de hacer el costoso periodismo profesional”, entonces hay que enmarcar la discusión y el debate en ese aspecto y no confundirse con estas conclusiones simplistas que han estado voceando algunos. Para eso sí que estamos en la academia.
Por: Pablo Julio — 2007-04-09
Mirémoslo son optimismo: si el periodismo profesional, además de ser costoso, es valioso para la gente, la competencia lo fortalecerá. Si no lo es, habrá que llenar la pantalla con otra cosa.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-09
Justamente por ello es que no creo en el valor social agregado ‘per se’ que otros ven en usar la digitalalización para entregar nuevas señales. Pienso que la única consecuencia duradera será debilitar un poco más la capacidad de los canales actuales de hacer el costoso periodismo profesional.
Por: Pablo Julio — 2007-04-09
Eduardo, de tu alusión en el seminario sólo tengo grabada la imagen de las miradas de desconcierto del público -estaba contigo en la testera- ante tu intempestiva descalificación de la norma europea mientras hablabas de un tema distinto. Lo que hago aquí es comentar lo que escribiste en el blog. Creo que es innecesario aclarar el significado de -me cito- “supuestos tácitos en que pareces basarte”, así que vamos directamente a eso de “naif”.
Naïf es creer que lo de la norma es una discusión puramente técnica. Detrás de la norma está el modelo de concesiones que se toma como referencia. La ANATEL aspira a que tras optar por la norma norteamericana también se opte por el modelo norteamericano de concesiones, que inequivocamente apunta a la preservación del statu quo. Como bien sabes, las tres normas permiten casi lo mismo. Lo que se discute es el modelo de operación. Los norteamericanos optaron por poner barreras de entrada a nuevos actores, lo que dista mucho de ser un modelo pro competencia y es lo que busca la ANATEL. Si la televisión no explora modalidades de financiamiento distintas a la de la prensa del siglo XIX, por supuesto que la competencia la destruiría. Lamentablemente, si las alternativas no se desarrollan desde dentro de la televisión abierta, se desarrollarán por fuera, en alguna de las múltiples opciones que ya mencioné u otras, y la televisión abierta pasará a la historia. No darse cuenta de eso es peligrosamente naïf.
Por: Sergio Godoy — 2007-04-09
Eduardo tiene razón en el sentido que con digitalización de la TV abierta es probable que se termine consolidando un oligopolio o monopolio en esta industria, antecedido por un proceso de fragmentación parecido al de la radio. En lo que está equivocado es que eso vaya a ocurrir por escoger el estándar “europeo” DVB de TV digital. De hecho el efecto podría ser exactamente ése si, por ejemplo, la SUBTEL aprobara el estándar “estadounidense” ATSC tan defendido por los canales de TV y acto seguido llamara a asignar las nuevas concesiones de TV digital mediante licitación internacional al mejor postor.
En resumen, la discusión de la norma técnica es DIFERENTE a la discusión sobre cómo se van a asignar las nuevas concesiones de TV digital. Y esa discusión es mucho más compleja que la burda simplificación que ha estado aflorando en los medios chilenos, haciéndonos creer que (a) basta con resolver entre ATSC y DVB, que (b) cada uno de ellos implica inevitablemente una manera rígida y única de concesionar el espectro, y (c) que los beneficios de cada uno de estos estándares son completamente incompatibles entre sí (DVB supuestamente implicaría sólo más canales de definición estándar, y ATSC menos canales pero de alta definición).
Por ende la expresión “nuestra televisión le deberá al fracaso del Transantiago que nos hubieran salvado del formato europeo de televisión digital” no sólo es frívola y gratuita, sino basada en supuestos erróneos o en el mejor de los casos bastante discutibles.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-09
Pablo. Aparentemente conoces más que yo mismo lo que aludí con la alusión a Cortazar y el Transantiago. No veo tan clara la defensa del statuo quo en lo dicho, más bien considero naif e interesada tu búsqueda: que, mediante la elección de norma, se puedan aumentar las licencias de televisión abierta. No me parece correcto el argumento, que está tras del lobby por la norma europea, de que la norma europea permitirá la existencia de más dueños de señales. Pienso que las mismas tendencias que tu aludes reagruparán las señales en un grupo similar o menor de dueños en el mediano plazo.
Por: Pablo Julio — 2007-04-09
Eduardo, apuntas a lo que realmente mueve la discusión cuando afirmas que:
“Personalmente creo que aquello significaría condenar a la televisión a una situación parecida a la de nuestro mercado de revistas y de radios: un sector con muchos canales menos rentables, lo que al final se traduce en un periodismo barato junto el desarrollo de grupos económicos que al controlar varias señales revierten el pluralismo inicial conseguido”.
Aunque personalmente no tengo una opinión totalmente formada sobre la decisión de la norma, discrepo en los supuestos tácitos en que pareces basarte:
1.- Que la norma norteamericana dejará las cosas tal como están.
VTR por sí solo ya factura más que toda la televisión chilena. Agrégale a Telefónica que está entrando con mucha fuerza; las empresas de telecomunicaciones que incipientemente están explorando productos de televisión móvil; el crecimiento de la banda ancha, que en unos años nos dará acceso a un torrente de contenidos… el etcétera es largo. Defender el status quo es como pretender cambiar el curso del Amazonas con unos saquitos de arena.
2.- Que es la digitalización la causante de la crisis de financiamiento de los canales.
Si el argumento es que al dividir los US$350 millones de inversión publicitaria anuales en televisión entre más actores el pedacito que le toca a cada uno ya no alcanza, bueno… evidentemente es así. El punto es que no alcanzará incluso sin televisión digital, cualquiera sea la norma. En 1997 la inversión publicitaria representabla el 0,9% del PIB. Ahora está en 0,6%. El modelo publicitario de financiamiento de la TV, aunque aún le queden muchos años de vida, está en crisis. La televisión necesita reinventar su modelo de financiamiento. Intentar preservar el status quo es conformarse con una muerte lenta. Y esto es independiente de la norma que se elija.
3.- Que la norma europea permitirá que grupos económicos controlen múltiples señales.
Además de rogar porque eso sí pase, ya que las economías de ámbito son beneficiosas en esta industria al disminuir los costos y segmentar los contenidos, hay que dejar en claro que lo que temes ya ocurre.
El señor Angel González, directamente o indirectamente, ya controla dos canales. Nuestra Universidad Católica tiene a su haber un canal de televisión abierta, un canal de cable, una señal por internet y es el proveedor casi total de contenidos de un segundo canal de televisión abierta.
Si la preocupación es por el pluralismo, son precisamente las limitaciones de acceso las que lo impiden. Restringir artificialmente la oferta es garantizar que el acceso será controlado por unos pocos. Tal como hoy ocurre.
4.- Que la televisión es una industria que debe ser protegida.
Perdón, pero no. Si vamos a proteger la televisión, partamos protegiendo a los textiles, a los remolacheros y a cuanto grupo de presión toque la puerta. No. La televisión es un sector económico como cualquier otro. Si la asignación de frecuencias bajo régimen de concesiones se justifica es porque se trata de un bien escaso. Ahora la tecnología permite que sea menos escaso. Si puede haber más competencia, que la haya. Hoy pago a través de los avisos que veo unos US$20 anuales a la televisión abierta y casi US$40 mensuales a VTR por lo que la televisión abierta no me da. Eso son unos US$500 al año. Con más competencia obtendría mucho más de lo que obtengo hoy.
Por: Eduardo Arriagada — 2007-04-07
Roberto, intuyes bien lo que se comentó, en la presentación dije que tras la tesis de Paul del documento Publicidad 2.0 existe lo que considero una sobrevaloración de la importancia que pueden tener los negocios puros de internet. Pienso que en ese sector nos falta mucho todavía, el periodismo ciudadano que se da en un blog personal llega a pocas personas, la mayor parte amigos o familiares, muchas visitas llegan casualmente y por una única vez de parte de adictos al google, son excepciones los casos de blogs que realmente se masifican y en general en lo sitios informativos el éxito pasa también por tener una pata en el mundo real. Comenté el intento actual de El Mostrador de sacar un diario en papel. Los productos que solo viven en internet tienen en nuestro mercado un problema parecido al de los medios ultra segmentados: radios, revistas… que el mercado es demasiado chico para permitir hacer proyectos rentables. Se pueden hacer mini empresas, más parecidas a una tienda, pero no proyectos empresariales. Las revistas y las radios segmentadas solo funcionan en conglomerados. En esa línea comenté que Internet puede llegar a ser un negocio empresarial si se piensa en un proyecto para todo el continente, en ese contexto mostré las dimensiones de las audiencias locales, para segmentos de ese tamaño no debe existir un mercado publicitario mayor a unos 2 millones de dólares al año para todos los actores que en él se desenvuelvan.
Por: Roberto Castro — 2007-04-07
Muy interesante el tema, así como la presentación powerpoint. My two cents, en una slide vi que se habla de la segmentación de los medios masivos, y que en EEUU un 5% del mercado alcanza a varios millones de personas mientras que aquí en Chile a 93 mil, por lo tanto deduzco que en la exposición se debe haber comentado que era inviable. En mi opinión, creo que la segmentación no es sólo llegar a menos personas, sino lllegar a personas que realmente les interesa tu aviso. Prueba de esto son las revistas especializadas que están proliferando como nunca, con avisos altamente especializados de empresas que no les conviene hacer publicidad masiva. Finalmente, con una buena segmentación, la publicidad adquiere sentido, ya que sucede que el lector de un nicho está mucho más interesado en ver publicidad de productos asociados a su interés. No creo sea el fin de la prensa, pero si un detrimiento de los medios de comunicación masivos en pro de los de nicho.