Las palabras en el tiempo (1)
Cronos: Siempre es hoy
Si, abstrayéndose de las alteraciones operadas en la percepción de los procesos a través de las sucesivas revoluciones tecnológicas, se pudiera bisectar la realidad, su anatomía, sería posible delimitar un plano de existencia en el que las cosas parecieran encontrar su correspondencia espacio‑temporal objetiva.
Dicha esfera, que podríamos llamar cronos ‑en honor del rey de los dioses griegos antes de Zeus o Júpiter ‑ estaría conformada por el mundo real antes de ser representado, objetivado y manipulado por el sujeto y sus artefactos de procesamiento, y en ella, cada entidad ‑piedra, pelota, auto, televisor, árbol, perro, gato, niño, viejo, chino ‑ debiera remitir a priori a un cuerpo y significado unívoco. Al menos para ser considerado tal: sal y no agua, oro y no incienso, incienso y no mirra.
En esta dimensión del cronos, del tiempo, los seres se suceden y encuentran su duración en un continuo, donde lo único imposible es echar pie atrás y desprenderse de su eternidad, la eternidad del presente.
“El tiempo ‑decía Bergson‑ es lo que nos impide hacer todo a la vez”; en tanto que Jorge Luis Borges, se apoyaba en Heráclito, para gruñir: “El río me arrebata y soy ese río/ De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo”.
El cronos es el reino de lo efímero y aunque es tan breve que nunca puede ser atrapado, su valor es que siempre está ahí, hasta que deja de estarlo.
Si algo distinguió a la sociedad occidental moderna, de las culturas premodernas y no occidentales, es precisamente la concepción del tiempo. Pues mientras estas dos últimas se desprendieron de la preocupación que involucraba tratar de coger lo inasible asociando el tiempo a los ciclos de la naturaleza ‑el paso del día a la noche, los cambios de la Luna y la sucesión de las estaciones ‑ y a lo sumo se construyeron relojes casi poéticos de agua, sol y arena; la modernidad se esmeró en fijar, en coherencia con su economía y su ciencia, lenguajes y fracciones ‑horas, minutos, segundos ‑ para explicar, o al menos utilizar, lo inexplicable. Al seccionar el presente, la modernidad pudo objetivar la realidad y establecer las ecuaciones tiempo/espaciales que necesitaba para aquietar la razón.
El cronos moderno es, entonces, el ámbito de la materia experimental, de los pesos y las medidas, de las leyes físicas, de los cronómetros, de la gravedad, de las aceleraciones, de la distancia partida por el tiempo y, por extensión, del más acá, de lo concreto.