La fotografía de Prensa: Testigo involucrada y espejo de identidad

La fotografía de prensa, para bien o para mal, es la que mas ha tomado contacto con el público masivo a través de más de un siglo en Chile. Nuestra fotografía de autor (o de arte) no alcanza, entre exposiciones y publicaciones, ni siquiera a ser conocida por un dos por ciento del total de un público que, en cambio, está expuesto mayoritariamente a la fotografía de prensa y publicitaria.

En paises desarrollados relación que toma la discusión sobre fotografía de prensa, supera largamente a aquellas sobre expresión autoral. Paradojalmente, en nuestro país, las publicaciones sobre fotografía de prensa son casi inexistentes. Lo anterior no deja de ser un hecho sorprendente, si se considera que la educación (o la malformación) del público como espectador de fotografías depende mayoritariamente del fotoperiodismo.

Una comunidad en la cual el fotoperiodismo no maneje, por lo general, más allá de recursos semiológicos primitivos e intuitivos genera, evidentemente, espectadores básicos de fotografía, que sólo entienden la anécdota, lo explícito, sin otorgarle la necesaria segunda mirada al documento fotográfico. Así mismo, un público con mayor capacidad de interpretación de las imágenes fotográficas sería un público mejorado, más exigente y sofisticado en otros lenguajes de arte, tales como la fotografía de autor, el cine y la televisión. De ahí que me parezca no sólo importante sino que urgente el generar una historia y una discusión al respecto.

La fotografía de prensa me semeja un espejo de la identidad, con memoria, que deja un registro que va desde lo vulgar a lo sublime. Existen, en el conjunto de imágenes que han sido publicadas por los medios impresos, infinitas resonancias que suelen prolongarse mas allá de su uso primitivo, cambiando muchas veces de signo, con los tiempos. La imagen de prensa rescata el instante de siluetas o ademanes, en muchos casos también es una proyección de la personalidad de su propio autor; en definitiva son imágenes testimoniales subjetivas que transmutan la fugacidad del instante fotográfico en memoria colectiva.

El fotoperiodismo no es, como a menudo se supone, un registro mecánico, es un lenguaje en propiedad, que encapsula en su interior los aspectos de barrios desaparecidos; retratos de modas y costumbres; paisajes de viajero; las gestas deportivas y la historia de los triunfos y derrotas; se muestran máquinas que fueron pulidas y eficaces, hoy disueltas en la obsolescencia de la tecnología; las flores de desierto florido; las mujeres que fueron bellas; los niños y los asesinos. Todas estas fotografías son trozos de humanidad, que salen a la luz renovándose a sí mismas, en el ojo cómplice de quien las contempla en nuevas dimensiones del tiempo.

Es, este tipo de fotografías, frente a los múltiples “asesinatos evanescentes” del tiempo, el patrimonio para los ejercicios de interpretación de nuestra identidad. Las mas de las veces el único vestigio de lo que fue. Finalmente, estas imágenes impresas nos ayudan a comprender desde donde vienen nuestras virtudes y defectos; los mitos construidos y las verdades ocultadas de nuestro imaginario colectivo. Han sido, con mas fidelidad que los textos, verdaderamente, el espejo de nuestra verdadera identidad.

Por lo todo lo anterior, el preocuparnos de construir la historia de sus autores, de los medios en que aparecieron, de las condiciones que tuvo su edición adquiere enorme importancia para la reinterpretación de sus significados.

Toda fotografía periodística es, de algún modo, una interfaz, una escritura universal. Les es inherente, despojadas de su texto, una ambigüedad que la catapulta en infinitas vertientes de interpretación, de acuerdo a la percepción de los diferentes espectadores en cada época distinta. En cada espacio-tiempo que vuelva a ser observada, mas allá de su época y contingencia, percibimos una suerte de comprensión de “lo que ha sido” diferente a la lectura de los textos. La fotografía testimonial permanece con una persistencia increíble en nuestras mentes. Yo mismo no puedo olvidar la cara triste y resignada del “Chacal de Nahueltoro”, aparecida en una revista ”Vea” , en1963, que muestra el momento de ser conducido al lugar de su ejecución; también puedo evocar las curvas de la “Pitica” Ubilla, vedette del Bim Bam Bum, vistas en una revista “Flash” de 1965. No se me olvida el vuelo espectacular del guardapalos nacional Sergio Livingstone en una portada de un “Estadio” cuya fecha no puedo precisar. Ciertamente, de acuerdo al juicio o pre-juicio de su editor toda fotografía testimonial se puede convertir en un eficiente medio de manipulación de un público analfabeto acerca de la subjetividad de su lenguaje. Por ello es necesario que exista una educación para la correcta apreciación de la imagen periodística.

Mezclando física y metafísica, autoría conciente o inconsciente, el fotoperiodismo debiera ser considerado, por sobre todo, un lenguaje subjetivo con honestas pretensiones de testimonio. Cada imagen esconde en su interior cosas que es bueno y legal volverlas a proponer con nuevas interpretaciones que arrojen luces complementarias sobre épocas diversas.

En el aspecto histórico de un país, la fotografía de prensa constituye, un lenguaje muy valioso. Sin embargo para su re-interpretación se requiere cultura y método para descifrarlas desde su contexto de ser aparentemente desechables. Algunas, es cierto, se manipularon políticamente, acercándose más a la propaganda que al testimonio; pero hay otras que denunciaron la arbitrariedad y el horror para los que viven encerrados en una burbuja aséptica. Las más constituyen un espionaje cómplice de los famosos, de un voyerismo ingenuo que nos permite acercarnos a la intimidad de la pompa; el testimonio lo heroico y de lo inhumano que habita en nosotros. El conjunto de las imágenes periodísticas constituye un álbum colectivo de nuestra memoria afectiva y de nuestra identidad visual, construida sobre el registro documental de las costumbres, las angustias, las euforias, la ternura, el amor, la soledad, la desnudez, la opulencia, el hambre, la victoria y la derrota. Aunque, necesariamente toda imagen de prensa pasa en su captura, por la personalidad del reportero gráfico y del que decide su publicación, siempre constituirán pistas valiosas y apasionantes del derrotero histórico de Chile.

El presente trabajo reúne mis propias obsesiones y apuntes sobre la historia e identidad de nuestro periodismo gráfico con el íntimo deseo de interesar a otros más capacitados en el método de la investigación histórica en el tema. Ha sido una inquietud y un hobby que me ha acompañado más de treinta años. Muchos de los datos son de transmisión oral, por parte de viejos amigos de mi época de reportero gráfico.

Tuve la fortuna de iniciarme en la fotografía periodística en la empresa “El Mercurio”, a fines de los sesenta. Allí conocí a grandes hombres de nuestro fotoperiodismo, que me enseñaron, sin academia pero con afecto, a conocer y querer este extraño y apasionante oficio. Estaban llenos de anécdotas; varios eran Premios Nacionales de Periodismo; todos testigos directos de muchos grandes acontecimientos de nuestra época. Ellos se formaron en los años en que el aprendizaje profesional del reportero gráfico era empírico; tal vez ninguno de ellos tenía una mayor conciencia de ser autor, pues su trabajo casi siempre aparecía como anónimo para la gran mayoría del público. En general el original de sus fotografías, obtenidas con el riesgo y la adrenalina de ser testigos oculares, fueron condenadas a desaparecer, en la medida que era costumbre generalizada vender placas y negativos originales a empresas que se dedicaban a recuperar la plata desde la emulsión fotográfica. Un mezquino negocio, a la luz de lo que hoy podrían valer esos archivos conservados. Sin embargo todos ellos fueron son legítimos autores de fotografías.

Es importante destacar que por su naturaleza, el reporterismo gráfico no cuenta entre sus filas a extremistas ideológicos. La cámara y la obligación de presenciar la realidad humanizan y atemperan las ideologías. No es la fotografía periodística en sí la que, a veces, manipula falazmente, si así sucede, son los sistemas de edición y el contexto ideológico los que le dan significados equívocos. Por ello un juicio completo sobre el fotoperiodismo no puede sustraerse al contexto social en que dichas imágenes fueron obtenidas y publicadas.

Así mismo, la riqueza o pobreza de la expresión gráfica en periodismo, depende de los ciclos socioeconómicos de un país, en la medida que generan posibilidades editoriales más ricas o más pobres. Por último, lo mismo que toda la expresión de prensa, más allá del talento de sus autores, esta dependerá de censuras o autocensuras ideológicas o guiadas por intereses publicitarios.

Así expuestas las cosas, en este pequeño ensayo nos referiremos a los protagonistas del lente. A través de ellos, de algunas de sus anécdotas y recuerdos, que me fascinaba anotar en dispersos cuadernos, me enteré en de algunos de los ricos antecedentes del fotoperiodismo chileno.

El poseer, alguna vez una historia escrita e ilustrada deberá otorgarle a nuestra fotografía de prensa una propia identidad, necesaria para “creerse a sí mismo”. A su vez, el reconocimiento de una identidad definida, le confiere cualquier actividad un progreso permanente y continuado, evitando “volver a empezar”, con cada nueva generación.

Chile es poseedor de una rica historia en el reporterismo gráfico, sin escribir y por ende desconocida. Aunque con las limitaciones propias de no contar con un método histórico, y la subjetividad propia que me da el haber sido actor involucrado en nuestro fotoperiodismo por mas de treinta años, reúno en este artículo lo que considero debiera ser la “espina dorsal” de un trabajo que, no me canso de insistir, necesita ser mayor; que deberá ser realizado con las herramientas y el rigor de la investigación histórica. Si mismo, marco, tal vez subjetivamente, los hitos y periodos relevantes que el periodismo gráfico chileno ha ido dejando a través de más de un siglo de ejercicio, pero lo hago como necesaria clasificación para mejor entender los ciclos que esta actividad ha vivido.

Recién, cuando podamos contar con una historia escrita e ilustrada que aunque basada en la tradición oral (siempre enriquecida, pero adulterada por el narrador de turno), se eleve sobre lo anecdótico y esquive nuestra chilena tentación al mito. Una historia que reconozca a los autores anónimos a través de las imágenes que dejaron testimonio de cada época. Cuando lo anterior exista se les otorgará, finalmente, a nuestros Periodistas Gráficos el respeto y reconocimiento, muy disminuido en la actualidad, por parte de nuestros pares en el quehacer periodístico actual. Así también nuestras Escuelas de Periodismo podrán integrarla a sus programas como un lenguaje propio y distinto.

La fotografía de Prensa

Antes de comenzar creo necesarias alguna precisiones sobre lo que se entiende por foto periodismo. Cuando hablamos del periodismo gráfico, estamos considerando un área que es una parte muy importante del universo de la expresión fotográfica. Genéricamente se considera como fotografía periodística aquella que es utilizada como testimonio (o evidencia) y por consecuencia, se constituye en memoria de acontecimientos, personas, modas y costumbres.

Personalmente, he afirmado el periodismo gráfico es en mi concepto como la realización de un gran álbum colectivo, que va siendo permanentemente completado, que va dejando memoria visual del acontecer histórico de nuestra sociedad y de los detalles que configuran nuestras raíces e identidad.

Otro aspecto que hay que tener claro, es que la imagen periodística no es tan neutral y objetiva como el público, en general, la considera. No es un registro autómata o mecánico. Detrás de la cámara hay siempre un ojo intencionado con sus simpatías y antipatías. Por esta potencialidad de subjetividad inherente, interesa el autor que existe detrás. El conocer su vida, su idiosincrasia, nos permitirá entender la parte de subjetividad con que fueron realizadas.

El análisis y re-interpretación de la fotografía de prensa, en la perspectiva del tiempo, son siempre apasionantes y aportadores, tanto en sus aspectos sociológicos como culturales. El documento fotográfico debe ser observado, tanto como testimonio social que genera la memoria visual de nuestra identidad así como la de constatar su función como vehículo de transculturación que contribuye a un cambio de esa misma identidad.

Por sobre todo, consideramos a la imagen periodística como un elemento extraordinariamente importante en el reconocernos a nosotros mismos. Aunque desconocida para muchos, la presencia del fotoperiodismo, ha sido particularmente importante en nuestro país.

El presente trabajo no pretende, de ninguna manera, ahorrarles el trabajo a los historiadores que tomen como motivo este entretenido tema. Mi deseo es aportar una suerte de columna vertebral a los futuros esfuerzos, marcando los hitos y personas que a mi juicio son señeros en el desarrollo de esta área de la fotografía.

Los Precursores

Entre los precursores de nuestro reporterismo gráfico es importante considerar el trabajo realizado por Mauricio Rugendas, entre los años 1830 a 1850.
Si bien Rugendas no era un fotógrafo, en el sentido de la manipulación de aparatos mecánicos de registro de la imagen, su trabajo y concepción de sus imágenes son las de un documentalista. Sus trabajos son testimonios de usos y costumbres de la sociedad chilena de entonces. Sus grabados representan realistamente desde paisajes pasando por costumbres populares y retratos de personajes oficiales, hasta los bailes de salón de la alta sociedad de Santiago. Su pluma se sensibiliza, al igual que la cámara del reportero gráfico por la belleza de las damas de la aristocracia o los personajes del pueblo; capta la majestuosidad del paisaje chileno. Mauricio Rugendas se constituyó, por lenguaje y derecho propio en el proto - reportero gráfico chileno.

Pero desde la perspectiva integral del hombre y la cámara, el pionero fue, sin lugar dudas William Henry Oliver. La factura de sus fotografías, la inquietud por el instante, plasmada en sorprendentes fotografías sobre el bombardeo en Valparaíso en 1862, tal vez la primera acción de guerra directa fotografiada en el mundo. Fueron, también, sus fotografías las que sirvieron de base a los grabados del “Chile Ilustrado”, propiedad del editor porteño Recaredo Tornero. El trabajo de Oliver nos revela un auténtico fotoperiodista. Sus imágenes de edificios de Valparaíso, de personajes populares; sus paisajes, ofrecen una perspectiva fotográfica documentalista muy moderna y vigente, hecho aún más extraordinario considerando la precariedad de la técnica de la época. Paralelamente, llegan Chile profesionales extranjeros, atraídos por el ciclo de prosperidad que vivía la nación. Muchos de ellos cumplieron trabajos relevantes en el campo de un incipiente fotoperiodismo a través de completos trabajos documentales. Spencer, Heffer, Millet, Bequin fueron fotógrafos foráneos que merecen ingresar a la lista de pioneros de la fotografía testimonial. Particular interés presentan las fotografías etnográficas de Heffer y Millet, realizadas con un subjetivismo muy diferente entre ellos, pero de una enorme evidencia interpretativa. El caso de la sociedad Díaz y Spencer, que cubrieron las campañas de la guerra de 1879, se presentan aspectos notables en relación a factores de propaganda y manipulación de las escenas (En la fotografía del izamiento de la bandera en el Morro de Arica se advierte claramente un montaje previo de los muertos y prisioneros peruanos).
En aquella época, la burguesía chilena, progresista y muy interesada en lo moderno, estaba fascinada por el progreso tecnológico y descubrió en la fotografía un medio de difusión novedoso y de gran impacto.

Benjamín Vicuña Mackenna, un representante genuino de esta burguesía progresista, le encargó a Eduardo Spencer la confección del “Álbum del Santa Lucía”. Por su parte el magnate minero Carlos Cousiño contrató a Obder Heffer el extraordinario “Álbum del carbón de Lota”, una joya, de escaso tiraje, pero de relevantes fotografías de paisajes y caracteres sociales.

Desde el punto de vista masivo, el más notable de estas expresiones pioneras de fotografía editorial, lo constituyó el atribuido encargó del ministro plenipotenciari de la guerra, donRafael Sotomayor, al norteamericano Eduardo Spencer y a su asociado, el chileno Carlos Díaz, para cubrir las campañas de la guerra del Pacífico. Este trabajo se publicó bajo el tituló de. “El álbum de las glorias militares de Chile”, cuya difusión posterior fue cercano los veinte mil ejemplares. Fue el álbum fotográfico mas vendido en Chile. A comienzos del siglo XX, se realizó una edición impresa.

A fines de siglo, se realizaron notables trabajos documentales sobre la vida de las salitreras, encargados a Tomás Caballero, un fotógrafo español y del catalán Arsenio Bequin. El último de serie de “álbumes periodísticos”, fue, probablemente el del “Terremoto de Valparaíso de 1906”, editado por la casa de Hans Frey, del mismo puerto. Desde 1890, en adelante la explosión de revistas ilustradas en el país fue la base de un periodismo gráfico sorprendente.

La pionera: “La revista Ilustrada”

Ha sido un error muy común y repetido en nuestro país, sostener que la primera fotografía periodística impresa apareció en “El Diario Ilustrado”, en el año 1902. En rigor debiera indicarse que este hecho solamente constituyó un hito en cuanto a una publicación “diaria”. En efecto, ya en el año 1897 en “La Revista Ilustrada”, de Santiago, impresa por “Heliograbados e impresos del Universo”, se publicaban semanalmente, fotografías periodísticas impresas en trama, a gran tamaño. Destacaban, especialmente las colaboraciones de un entusiasta aficionado, el viajero Sr. Juan Guillermo Brandt.

Durante la misma década, “La Lira Ilustrada”, incluyó clichés fotográficos. Pero no fue en los periódicos, sino en las revistas ilustradas, donde el fotoperiodismo tuvo una breve pero verdadera época dorada durante las dos primeras décadas del novecientos. Particularmente en los inicios del siglo XX la revista “Zig-Zag”, creada por Agustín Edwards R., incorporó la fotografía como elemento básico protagonista de la información magazinesca.

El nivel de “Zig-Zag”, desde el punto de vista gráfico, fue similar, técnica y conceptualmente, al de revistas norteamericanas y europeas. En sus páginas se dio cabida, por igual, a imágenes internacionales y nacionales. Las internacionales provienen, preferentemente de la agencia “Underwood and Underwood”, una importante agencia de fotógrafos norteamericanos. A través de las imágenes de esta agencia se introdujeron en nuestro país las modas y costumbres norteamericanas. Sobre todo las de arquitectura y vestuario modificaron los gustos chilenos. Entre las imágenes fotográficas que arribaron vía esta agencia estuvieron el pino de pascua y posteriormente el viejo pascuero nórdico. Ambas, en el afán de modernidad de la sociedad capitalina desplazarán, para siempre, a la Fiesta de Reyes, de tradición hispana. Así mismo el colonial mantón de calle que usaban las damas chilenas fue reemplazado por las cambiantes modas de turno cuyas fotografías aparecían asiduamente en la prensa ilustrada.

Ya en esa época, el fotógrafo de prensa comenzó a ser un personaje individualizado. En 1908, Mr. John Ricalton, “photo - reporter” estrella de la agencia “Underwood and Underwood”, visitó Santiago y dictó una charla ante más de cien interesados en la manera de hacer fotografía de prensa. “Zig-Zag”, cubrió la vida social; lugares remotos, deportes, novedades tecnológicas, moda, policía, cultura y, en general, todos los aspectos que constituyen un estilo de vida. Fue una “revista de magazine”, con una notable diagramación al modo “art nouveau”, que se estilaba en los principales medios impresos ilustrados del mundo.

La cobertura fotográfica estaba a cargo, en esos comienzos, de fotógrafos profesionales, establecidos comercialmente en la plaza, normalmente dueños de un estudio comercial. Otra forma de proveerse de material gráfico era la participación de entusiastas aficionados, que hacían las veces de corresponsales o colaboradores; también tuvo algunos fotógrafos contratados de planta, entre los que destacaron Eulogio Torres, Francisco Villa, Enrique González y otros. Se hace difícil saber mas nombres, pues no era usual colocar el nombre del reportero gráfico de planta en las fotografías, salvo en el caso de colaboradores externos destacados.

Una especial relevancia en el caso de esta publicación tuvo la participación de un francés avecindado en Chile, León Durandin, de profesión químico. Era uno de los dueños del importante establecimiento “Droguería Francesa”, y posteriormente del “Atelier y Comptoir de Photographie”.
Durandin, inquieto e investigador, muy atento a las novedades y desarrollo de la fotografía mundial, fue el primero que obtuvo en Chile fotografías en color, conservadas aún hoy día. Para ello utilizó el complicado proceso químico de las placas “Autocromas Lumiere”. Gracias a sus trabajos la revista “Zig-Zag”, publicó, sorprendentemente, portadas en color de obras de este francés, en 1912.

Las empresas editoriales “Zig-Zag” y “Universo”, dieron origen a numerosas revistas, que incorporaron el reportaje fotográfico, como elemento protagonista de la información.

Tras “Zig-Zag”, aparecieron, en rápida sucesión, “La Familia”, publicación dedicada al mundo femenino; la excelente revista “Selecta”, especializada en el ámbito artístico cultural. Con mayor tiraje que “Zig-Zag”, aunque de formato más pequeño, destacó la revista “Sucesos”, inicialmente creada en Valparaíso por la Imprenta del Universo. Desde el punto de vista de influencia masiva y popular fue más importante que “Zig-Zag”.

En sus comienzos destacó por la novedosa realización para Chile, de un verdadero documentalismo fotográfico. “Sucesos”, además cubrió temas de interés popular, preferentemente la política, el drama policial y los conflictos sociales. Destacan entre sus fotoperiodistas contratados, Emilio Duflocq, quién realizó un notable documental fotográfico, acompañando diariamente, y fotografiando los últimos días de vida del reo quillotano Alfredo Brito Brito, ajusticiado una madrugada del 1· de julio de 1912). Otra revista ilustrada de corte popular fue “Monos y Monadas”, de características similares a la anterior.

Emilio Duflocq, reportero gráfico chileno, casi veinte años antes que Erich Solomon, ya buscaba fotografías “cándidas”. De hecho la aplicó en muchos de sus trabajos. Su postura fotográfica tuvo gran influencia en el trabajo de su amigo y colega del “Club de Fotografía de Valparaíso”, el joven fotógrafo porteño Luis Ross. Ross aplicó estos principios a la realización de sus famosos álbumes gigantes (30 x 40 cms.), que rescataron la cotidianeidad de su familia y la de sus amigos, todos personajes pertenecientes a la alta sociedad de ese Valparaíso mítico anterior a 1906. Una de las injusticias de no poseer historia, es que Erich Solomon fue mundialmente reconocido como padre de la fotografía “cándida”, en cambio Duflocq es prácticamente un desconocido y Ross recién está emergiendo de las sombras del olvido. Junto a Duflocq trabajaba en “Sucesos” don Roberto Aspée, un joven que llegará en 1954, a recibir, por primera vez para un fotoperiodista, el Premio Nacional de Periodismo.

Roberto Aspée cubrió el terremoto de 1906; las fiestas del Centenario de la Independencia de Chile; los funerales de Manuel Montt; el juicio de Emilio Dubois; los primeros vuelos de los pilotos Acevedo, Figueroa, Fuentes, y Cortinez. En los años veinte el presidente Arturo Alessandri, admirador de su trabajo, lo invitó a tomar té en La Moneda. Roberto Aspée será el decano de los fundadores de la “Unión de Reporteros Gráficos” en 1938.
Aureliano Vera, colaborador de casi todas las revistas de esa época, destacó por la calidad de sus fotografías de arquitectura, sobre todo de Santiago. En los próximos años se convertiría en el principal autor y editor de tarjetas postales de su época, fue un muy rentable negocio. También surgieron, antes de 1920, revistas especializadas que le dieron gran importancia a la cobertura fotográfica. Fueron “Sport”, dedicada al deporte; la famosa revista infantil “El Peneca”, que comenzó publicando fotografías en portada e interiores. Asimismo vieron la luz publicaciones gráficas dedicadas al cine, e incluso a la fotografía misma. Sin embargo, desgraciadamente, el desarrollo del fotoperiodismo, no fue ajeno a las vicisitudes sociales y económicas del país y por lo tanto dependiente de sus avatares. Ciertamente, toda la industria de la prensa necesita contar con una cuantiosa inversión que, necesariamente demanda el sostener un medio masivo y periódico. Chile, afectado permanente de una economía fundamentalmente cíclica y dependiente, afronta en los años veinte una fuerte depresión económica, agravada por la baja de ventas del salitre y de la recesión mundial. Los anteriores factores hacen que el mercado editorial - extraordinariamente desarrollado en los principios del novecientos se estanque, tanto en el número como en la calidad de las publicaciones gráficas. El número de éstas disminuye paulatinamente en la década del veinte, impresas en papel de inferior calidad su reproducción técnica sufrirá una perdida importante. La importancia de las fotografías, como elementos complementarios de la información, son utilizadas comúnmente como”ilustraciones y adornos” del texto más que como un lenguaje de la noticia. Las primeras ediciones de nuestras revistas gráficas, fueron desordenadas, pudiendo aparecer una imagen policial al lado de una boda, o sin ninguna relación, , la fotografía de un millonario norteamericano en medio de un texto sobre problemas de salud pública.

La década de los veinte

Los años veinte se iniciaron, para nuestros diarios y revistas, en forma mucho menos auspiciosos que durante las décadas anteriores. En este periodo emergieron los primeros grupos de fotógrafos dedicados preferentemente, a las publicaciones periodísticas. Los hubo independientes y contratados de planta. Estos se repartían entre las empresas “Zig-Zag”, “El Diario Ilustrado”, “El Mercurio”, “La Nación”, la “Imprenta y Litografía Universo” , que terminará adquiriendo a “Zig –Zag” en los años treinta.
Las revistas ilustradas, al igual que el periodo final de la anterior década siguieron siendo poco ambiciosas con respecto a la calidad y contenido de las fotografías de prensa y se extravió definitivamente el rumbo marcado por las revistas de los comienzos del novecientos. Los diarios de esta época no ofrecen aspectos muy destacables en el campo del reporterismo gráfico situación que nos permite aseverar que la época de oro de nuestro periodismo gráfico se sitúo, en estricto rigor, entre los años 1900 y 1920. No obstante, la inquietud social y económica que agitó esa época, trasladó el interés de la noticia gráfica a la calle. Sin perjuicio de lo anterior es posible encontrar notables trabajos en la prensa nacional, como ejemplo están los retratos que George Sauré realizó del joven poeta Pablo Neruda.

Fue en esta década donde se produjeron las primeras inquietudes por agruparse entre los hombres del periodismo gráfico. La mayor cantidad de asignaciones fotográficas se refería a acontecimientos sociales, políticos, deportivos y policiales. Esto, a juicio de los editores favorecía el tiraje y a la venta del diario o revista. Con la fotografía social (homenajes, fiestas, recepciones y otras) sucedió que muchos fotógrafos de revistas y diarios, formaron una verdadera y muy prospera empresa, en la que aparte de su trabajo periodístico, vendían una enorme cantidad de copias, en forma particular, a la gente que aparecía en las revistas. Esta práctica recibió el nombre popular de “hacer hojalata”. Tan prospero era el negocio, que muchos profesionales, en vez de recibir sueldo, le pagaban al jefe de fotografía por disponer de las credenciales de la publicación, pudiendo así ingresar a estos acontecimientos sociales. No existió, entre esos profesionales una verdadera inquietud para formar una agrupación gremial, ya que el eje de su interés era la venta a particulares.
No obstante, con la irrupción de la noticia política, comenzaron a ser muy frecuentes las labores del reportero gráfico que tenían como escenario la calle. Los medios periodísticos empiezan a apreciar la importancia de estas fotografías, que interesaban al público y por ende aumentaban el tiraje y venta de los medios. Esto aparecía, en los años veinte, como un paliativo a la disminuida inversión publicitaria con respecto a la de los inicios del novecientos y que financiaba la mayoría de los lujosos medios impresos.

En todas estas primeras publicaciones la relevancia periodística de los reporteros gráficos fue muy poco mencionada. Los gráficos de planta eran escasamente mencionados, y por supuesto las imágenes nacionales no señalaban su autor. De las fotografías provenientes del extranjero, solo tenían la obligación de poner en un borde el nombre de la agencia que las distribuía. Pero, el cambio de escenario de las tomas fotográficas periodísticas, realizadas ahora preferentemente en sitios públicos, trajo consigo las dificultades naturales inherentes al trabajo callejero. La frecuente obstrucción policial y las reacciones negativas de los protagonistas, comenzaron a preocupar a estos hombres. Pronto sintieron la necesidad de generarse una protección gremial para la profesión. Esta preocupación madurará en la siguiente década dando origen a la formación de la “Unión de Reporteros Gráficos y Camarógrafos”.

Por último, entre las curiosidades del fotoperiodismo de este periodo, es interesante destacar el trabajo documental realizado por el fotógrafo Evaristo Guzmán. Este fotógrafo, por encargo del arzobispado, cubrió periodísticamente, el Congreso Eucarístico, y su trabajo se publicó en 1922, con el nombre del “Álbum Gráfico del II Congreso Eucarístico Nacional”, con más de 100 fotografías. También en provincias hubo expresiones importantes de fotografía documental. Citamos en especial las imágenes de Teodoro Schenck, fotógrafo de Puerto Varas, que generó lujosas y exclusivas publicaciones de promoción turísticas, sobre paisajes y personajes del Sur. El mas difundido fue el que llevo el nombre de “La Suiza Sud-Americana”, publicado en 1924.

La década del treinta

Un grupo de muchachos jóvenes que estaban contratados, para defender los colores de empresa (amateurs disfrazados), en los famosos “Desafíos Inter-Empresas” que constituyó una suerte de campeonatos de fútbol, de mucho arrastre popular en esa época, se formará el primer contingente de reporteros gráficos de planta en un medio importante.

Viendo venir la profesionalización inminente, del fútbol, y por lo tanto la pérdida del interés de la empresa en sostener esta forma de amateurismo deportivo, don Carlos Eatsman, socio de la empresa “El Mercurio SAP”, para evitar el despido de estos jóvenes, decidió importar cámaras fotográficas desde Estados Unidos y convertirlos en Reporteros Gráficos. Así se consolidó, el primer grupo de profesionales conocidos oficialmente como “reporteros gráficos” y no como “fotógrafos”.

Durante los años treinta nacieron revistas que le vuelven a dar tribuna preferencial a la ilustración y fotografía, especialmente las dedicadas al cine, como “Ecran”, o las incipientes revistas femeninas como lo fueron “Eva”, “Margarita” o “Rosita”. Desgraciadamente, para el desarrollo del fotoperiodismo, estas comenzaron a utilizar, preferentemente, material fotográfico extranjero.

Lamentablemente, como fue el caso de todos estos primeros notables periodistas gráficos, sus archivos desaparecieron, por la costumbre de vender las placas y películas para extraerles la plata. Este negocio, hoy día, nos aparece mezquinamente rentable frente al valor que hubiesen tenido los archivos si se hubiesen conservado.
Es pues definitivamente es una labor muy difícil el precisar la autoría de las fotografías periodísticas, aparecidas en los medios debido a que ningún medio acostumbraba a publicar los nombres de los autores de las fotografías. En cambio lo hacía con los cronistas. Afortunadamente, eran mencionados, de cuando en vez, en los textos de los reportajes realizados por sus pares de la prensa escrita.

La década del treinta también vio nacer, algo tardíamente con respecto a otros países, a la organización gremial que cobijará a los hombres de la cámara. El día 2 de enero de 1938, con la importante asesoría del sacerdote salesiano, don Gilberto Lizama se fundó la “Unión Reporteros Gráficos de Chile”.
Entre sus fundadores se contaron Emiliano Rubio, José Valladares, Baltasar Robles, Mario Vargas, Vicente Portero, Félix Rubio, Román Rubio, Atilio Rojas, Enrique Mella (camarógrafo de cine), Andrés Hidalgo, Guillermo Hidalgo, Eduardo Fuentes, Carlos Dalenz (padre), Ciro Cortés, Luis González, Heliodoro Torrente, Cristian Torrente, Bienvenido Feliú, Johann Steiner, Ernesto Ruiz, Jorge Contreras, José Fernández, Fernando Valenzuela, Luis Bernal, Vicente Vergara Gaete, Juan Pérez Soto, Guillermo Pavez.
Ya se advertía en esta lista la presencia de numerosos lazos familiares, sobre todo de hermanos, (como fue el caso de los Rubio, de los Torrente, de los Vergara, de los González, de los Dalenz). Con el tiempo se incorporarán a esta saga hijos, sobrinos y nietos, repitiendo nombres y apellidos. Al punto de que un mismo apellido se repite a través de toda la historia de la Unión. Esta curiosidad será una impronta familiar que acompañará a la Unión hasta nuestros días. Una explicación a este hecho es que siendo la formación profesional fundamentalmente empírica era un asunto normal el ir incorporando parientes a las tareas de asistente o laboratorista.

Desde el comienzo, la “Unión de Reporteros Gráficos”, incorporó a los camarógrafos de cine de Chile, en la persona de Enrique Mella, que era en esa época camarógrafo de cine de La Moneda (mantuvo su puesto de trabajo por más de cincuenta años, no siendo jamás removido de su cargo, ni siquiera por los cambios de los gobiernos de turno). Se le bautizó como el “MaestroMella, fue el formador de numerosas generaciones de camarógrafos, especialmente de los que formaron parte de la primera generación de los noticieros de televisión. Su prestigio y presencia hizo que definitivamente la “Unión incorporó a su sigla el nombre de “Camarógrafos”.

La década de los cuarenta

Los años cuarenta trajeron la presencia notable, en la fotografía deportiva, de la revista “Estadio”, de Zig - Zag. En la que destacó nítidamente el “Mago del lente” , Eugenio García. Autor de un sinnumero de memorables portadas y fotografías deportivas de nivel mundial. García fue tentado numerosas veces para emigrar a Buenos Aires, a trabajar en la revista “El Gráfico”, de la editorial “Atlántida”, de la familia Vigil.
Eugenio García y otros como Heliodoro Torrente, Luis González, Bibí de Vicenzi, José Muga, le dieron a nuestro fotoperiodismo la característica principal que lo define hasta nuestros días. Fueron reporteros gráficos excelentes pero muy individualistas en su oficio, incapaces de generar una escuela. Los medios afincaron entonces, sus expectativas en las calidades personales del autor, desdeñando el crear un sistema de edición gráfica. Por otra parte estos profesionales permanecieron durante largos periodos en sus respectivas empresas, pero al abandonar estas, generalmente la fotografía de prensa no era capaz de reemplazar el oficio y calidad del que se iba.
Se consolidaron también, durante esta década, tal vez como particularidad, de nuestra idiosincrasia, las revistas gráficas dedicadas a la crónica policial y al drama social, que lograron un enorme éxito entre el público chileno.

La revista “Intimidades y Sucesos Policiales”, aparecida a comienzos de los cincuenta, así como el “Vea”, publicaban en sus portadas e interiores, reiterativamente, primeros planos de la muerte violenta, en forma directa. Destacó en esta última publicación la labor de José “Pichanga” Muga, reportero gráfico que trabajó allí por mas de cincuenta años.

En “Ercilla”, una revista de corte magazinesco, político – cultural, la presencia, más conceptual y subjetiva, de Heliodoro Torrente, un notable gráfico que realizó novedosas portadas explorando nuevos ángulos de toma y relación de planos.
En “La Tercera”, la presencia del “GordoJuan Ferreira, formador de la posterior dinastía de “los Moreno”. Su trabajo contribuyó a la formación del que fuera llamado estilo tercerino, toda una escuela en nuestro periodismo gráfico.
Otros nombres protagonistas de los cuarenta fueron Julio Brynildsen, Alberto Páez y especialmente los hermanos Emiliano, Miguel y Félix Rubio.

Los cincuenta y los sesenta

A fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta es importante mencionar lo que fue el montaje y edición de la muestra internacional de fotografía testimonial llamada “El Rostro de Chile”, encargado por el Ministerio de Relaciones Exteriores a los fotógrafos de la Universidad de Chile, Roberto Montandón, Domingo Ulloa y Antonio Quintana.

Otro hecho editorial curioso fue la publicación de “Fotografías de Chile”, reunidas y editadas, a modo de documental, en un libro de la editorial Zig-Zag, por el destacado miembro del “Foto-Cine Club de Chile”, Jacques Cori. Este libro suscitó una enconada polémica en el pequeño mundo de la cámara, por ser cuestionada, sin fundamento aparente, la autoría de Cori, en algunas de las fotografías de las que allí aparecen.

Otro nombre importante en el fotoperiodismo, desde el cincuenta en adelante fue el de Juan Enrique Lira, el primero que detenta el cargo en propiedad de Editor Gráfico en Chile. Lira se desempeñó por muchos años en ese puesto en la empresa “El Mercurio”. Desde su cargo se preocupó de la formación conceptual y el buen equipamiento técnico de su planta de Reporteros Gráficos. A estos efectos, logró la venida a Chile, en 1964, de Roger de Piante, Instructor en fotoperiodismo, designado por la “Sociedad Interamericana de Prensa” (SIP).

De Piante, autor de varios libros sobre el tema, gozaba de gran prestigio en los Estados Unidos. De hecho fue uno de los primeros maestros de reporterismo gráfico en ese país. Permaneció en Chile durante tres meses dictando un curso a la planta de profesionales gráficos de la empresa.

Juan Enrique Lira junto a Julio Lanzarotti, notable periodista de la década, crearon en la editorial “Lord Cochrane”, para circular acompañando el matutino “El Mercurio”, la “Revista del Domingo”. Esta publicación, junto a revista “Paula” incorporó al fotoperiodismo a notables fotógrafos del área autoral y comercial. Algunos relevantes fueron Horacio Walker, Waldo Oyarzún,Jaime Jul, Luís Poirot, Bob Borowicz, Luís Ladrón de Guevara y René Combeau entre otros.

Alberto Núñez, Francisco de Silvestre, apodado cariñosamente como El viejo de la tos”, José Muga, apodado El Pichanga”, así como los de Hernán Farías, un eximio fotógrafo de hípica y deportes, Gastón Franco, Leopoldo Canales, Carlos Daza, Sergio Cortés Southerland, Samuel Mena, a quién se le atribuye la anónima fotografía de Allende con casco en una puerta del patio de La Moneda, tomada el día 11 de septiembre, ganadora del Premio Mundial de Fotografía, de prensa y recibido por la “Associated Press en 1973.
Otros nombres jóvenes incorporados en esta década fueron los de Carlos Dalenz (hijo), Alejandro Basualto, Alberto Castillo, Guillermo Gómez, Rubén Norambuena, Héctor Rojas, Roberto González, Raúl Contreras, Pepe Carvajal, José Cifuentes, Eduardo Gómez, Iván Lepe y por último Celeste Ruiz de Gamboa, que fue la primera mujer en ingresar a la “Unión de Reporteros Gráficos y Camarógrafos”.

Especial mención corresponde a los fotógrafos de prensa chilenos más notables en el campo internacional, ellos fueron Marcos Chamudes, quien trabajó para la agencia “UPI” (United Press Internacional) y la revista “Life”, cubriendo la segunda guerra mundial y a Sergio Larraín Echeñique que se desempeñó en la Agencia “Mágnum”, junto a Cartier Bressons, fotografiando, entre otras cosas, en forma exclusiva el matrimonio del Sha de Irán con Farah Diba, en 1961. Desgraciadamente, su labor profesional no tomó mayor contacto con nuestro público y se considera más como parte del fotoperiodismo extranjero que del nuestro.
Tampoco puede quedar en el olvido el premio “Mergenthaler” que en el año 1960 obtuvo el reportero gráfico Luis González Núñez por su trabajo que muestra la explosión del volcán Villarrica. También es digno de mención el premio mundial logrado por Hernán Oróstica, consistente en la medalla de oro otorgada por la “Agrupación de Países de Prensa Democrática”. El premio se le concedió por sus fotografías sobre la represión policial en la población Cardenal José María Caro, en 1963.

Los Premios Nacionales de Periodismo, fueron obtenidos por Roberto Aspée, José Fernández, Alberto Núñez, Luís González Núñez, Miguel Rubio y Heliodoro Torrente. Estos premios hicieron justicia a la importancia de este oficio dentro del periodismo. Inexplicablemente, desde la década del setenta la nominación tradicional y rotativa de los premios de Periodismo, se suprimió arbitrariamente y no se nominó desde ahí en adelante a otro reportero gráfico
Un aspecto desconocido es el trabajo de Eduardo Molina La Hitte, un notable fotógrafo de la alta sociedad. La Hitte también realizó notables fotografías de literatos, gente de teatro, e incluso las “vedettes” mas renombradas y las figuras masa importantes de la bohemia santiaguina, para diversos medios periodísticos, en especial la revista “Pingüino”, que editó Guido Vallejos e imprimió la recientemente formada “Editorial Lord Cochrane”.

Las revistas gráficas de los sesenta

Los años sesenta fueron particularmente activos y brillantes. Una suerte de renacimiento para el fotoperiodismo. Surgieron en el mercado nacional importantes medios que privilegian el documento fotográfico. En la década de los sesenta, el empresario Guido Vallejos, creó y dio impulso a revistas Ilustradas como lo son: “Flash”, “Novedades” y “7 días”, medio para el cual trabajó Enrique Aracena. Todas fueron revistas del tipo “magazine”, de gran éxito de venta, en las cuáles la fotografía pasa a constituirse en el lenguaje protagonista de la noticia. Vallejos, lo mismo que Alberto “Gato” Gamboa, fueron notables intuitivos de la pauta periodística. Sus creaciones editoriales constituían éxitos de venta sin excepción.

Con singulares trabajos en la cobertura del terremoto de Valdivia de 1960 (el cataclismo telúrico más intenso de la historia moderna), es necesario nombrar al profesional de “Vea”, José “Pichanga” Muga, declaraba “no me cambie calcetines ni me saqué los zapatos en treinta días”, el mismo permaneció oculto un día y una noche entre matorrales para obtener imágenes de la reconstitución de un famoso crimen de la época, el asesinato de Alicia Bon, con tan mala fortuna que casi muere debido a que el juez ordenó, sin saber de la presencia de Muga, disparar el arma homicida contra dichos matorrales. Enrique Aracena, fue el fotógrafo estrella de las publicaciones de Vallejos. En una hazaña digna de Ripley, escaló un cerro cordillerano con terno y mocasines para obtener imágenes de un avión de Lan Chile, siniestrado en el Cajón del Maipo, causando la sorpresa e incredulidad de los socorristas andinos.

Alberto Núñez, José Fernández, Alejandro Moreno, Hernán Oróstica, Mario San Martín, Waldo Yánez, Luis González, Leopoldo Canales, Julio Bustamante, Bibí de Vicenzi destacaron con luces propias en esta década. Un interesante trabajo periodístico a comienzos de los sesenta lo realizó el reportero gráfico Oscar Rosales, para revista “Vea”. Rosales realiza un verdadero documental sobre José del Carmen Valenzuela Torres (a) “El chacal de Nahueltoro”. Desde su detención hasta su ejecución. Lo acompañó con su cámara hasta el trágico desenlace de su ejecución el día 30 de abril de 1963. Las imágenes de Rosales, cosa nunca reconocida públicamente, fueron la base de la ambientación de la película del director Miguel Littín acerca de la vida de Valenzuela en la galardonada película de “El chacal de Nahueltoro”.
Este periodo, verá al aproximarse el final de la década, un florecimiento del número y calidad de las revistas, que le entregan a la fotografía, un protagonismo olvidado desde los años veinte. La aparición casi simultanea de “La Revista del Domingo” de El Mercurio SAP y de revista “Paula” editada por Lord Cochrane. La “Revista del Domingo” creada por Julio Lanzarotti y Juan Enrique Lira, a cuyo “staff” inicial tuve la honra de pertenecer, marcó rumbos editoriales en fotografía. Con periodistas de la talla de Graciela Romero y Luis Alberto Ganderats, y la presencia de grandes fotógrafos como Bob Borowicz, Luis Poirot, Antonio Vilamitjana, entre otros, son un éxito editorial. Así mismo, Roberto Edwards junto a los diseñadores Nelson Leiva y Jaime Tejeda, bajo la dirección periodística de Delia Vergara, lanzó la revista “Paula”. Esta revista constituyó una verdadera revolución en cuanto a la originalidad, libertad de la fotografía como expresión propia y un intento de generar una escuela de Edición Gráfica.

Otros nombres en esta década abundante en talentos individuales y en la reñida competencia de los medios, tanto diarios como revistas, fueron los reporteros gráficos Fernando Valenzuela y Fernando Pavez (ambos trabajan para la revista “Ritmo”, dedicada a la “nueva ola” chilena), Manuel Martínez, Alejandro Basualto, Gastón Franco, Gustavo Pueller, Sergio Cortes-Southerland y Alejandro Moreno.
En este periodo, más que una edición gráfica fue el talento innato de estos gráficos lo que produjo un elevado nivel en nuestro fotoperiodismo. Mención aparte merece la revista “Mundo”, interesante semanario gráfico del Arzobispado de Santiago, creado en 1968 que publicó el trabajo moderno y relevante de Martín Hombauer y por sobre todo mostró una concepción editorial definida. El tiraje de medios impresos logró el nivel más alto de la historia, alcanzando cifras que no se volverán a repetir en el futuro.
En esta época, como lo hemos destacado anteriormente, se incorporan al área de diarios y revistas fotógrafos que sin pertenecer a la “Unión de Reporteros Gráficos”, realizaron un aporte técnico y cultural muy importante al fotoperiodismo nacional. Ellos fueron el y mencionado Martín Hombauer, Waldo Oyarzún, Luis Ladrón de Guevara. George Munro, junto a Luis Zúñiga fueron los gráficos mas importantes de la interesante y muy leída revista “En Viaje”, editada por los Ferrocarriles del Estado , Horacio Walker, en la especialidad editorial de la moda y René Combeau, con sus notables imágenes del teatro chileno, publicadas en Zig – Zag y otros medios. Waldo Yánez en la revista “Eva”, Sergio Larraín Echeñique, que aceptó trabajar para revista “Paula”, junto a los documentalistas Luis Poirot , Patricio Guzmán y otros. La revista “Mampato”, publicación infantil de la editorial “Lord Cochrane”, mostró interesantes documentales sobre flora, fauna, lugares y personajes de Chile, realizadas por el creativo Ismael Espinosa.
Este notable desarrollo, lamentablemente, fue bruscamente frenado por la contingencia política a que se vio enfrentado el país en 1973. La inicial censura explícita y la posterior autocensura fueron la causa del cierre de numerosos medios, perdiéndose la competitividad y restringiéndose la temática.

Desde la década del setenta en adelante la historia es más fácil reconstruirla, en la medida que sus protagonistas viven y muchos de ellos permanecen activos en la profesión. Sin embargo es importante destacar la participación que la “Asociación de fotógrafos independientes” (AFI) tuvo desde su fundación, a comienzos de los ochenta hasta los noventa, en la realización de un periodismo gráfico, valiente y decidido en años de difíciles circunstancias para la labor periodística en general.

Actualizado en 2007
Juan D. Marinello K.




Por: alicia — 2008-03-11

En esta investigación mencionan a mi abuelo y a mi tío, ambos llamados Carlos Dalenz. Me dio harto gusto saber algo más de ellos.




Por: Manuela — 2008-02-20

Marcia hola! te comento que vivo en Paraguay y estoy haciendo una tesis sobre el trabajo del reportero gráfico, y me gustaría hablar con vos y que me ayudes en cuanto a bibliografía y al bendito marco teórico!! te dejo mi email: manumedina@yahoo.com
Agradecería inmensamente tu ayuda!




Por: Marcia — 2008-02-18

Considero que la información está bastante completa y además es muy buena, soy estudiante del octavo semestre de la carrera de comunicación y me encuentro preparando mi tesis, la cual será sobre la importancia de la fotografía en la prensa escrita, y es que me parece verdaderamente interesante como la fotografía refuerza la información y nos transporta de manera impresionante al lugar de los hechos.




Por: Miguel González — 2008-02-15

Quisiera dejar unas observaciones con respecto al bombardeo de Valparaíso.
Éste ocurrió en el año 1866 y no en 1862 como se indica en el presente artículo.
Con respecto a William Henry Oliver, sólo se conoce una única foto del bombardeo a Valparaíso, muy extensamente reproducida. La fotografía en cuestión, que he revisado en varios impresos (obviamente no tengo acceso a más), me parece una foto trucada.
Las humaredas y los cañonazos muestran unos retoques algo burdos que parecen haber sido hechos sobre una foto original del Puerto. Tal vez fue “armada” como encargo para ser publicada junto a un artículo sobre el tema. No se, algo tiene de falso y un analisis más científico pudiera arrojar mejores luces.
Eso, por lo demás el artículo es muy entretenido.
Gracias, Miguel.-




Por: Roman — 2007-12-26

Es interesante que la pasión por la fotografía periodística sea una cosa familiar. Al comentario de Daniela sobre José Pichanga Muga (mi medio tío) que le enseñó el oficio a su hijo Marco quiero añadir que él (José) lo aprendió junto a su medio hermano Bienvenido Feliú.




Por: hugo cruz beltrán — 2007-12-15

Hola quiero saber como puedo ingresar a la union de reporteros graficos y camarografos de chile estoy sacando un periodico humilde pero con mucha mistica y compromiso en arauco lota y coronel agradeceria si alguien me pudiera orientar mi fono celular es 08-4186527 fono periodico 2878375




Por: Quena — 2007-11-30

Vaya que orgullo de tener tres de mis tios como premiados.

Tio Emiliano mi padrino…………te fuiste joven.

Tio Roman que agradable que eras ¿recuerdas como te hicimos rabiar
cuando vivias con nosotros en calle Las Hiedras?

Tio Felix te recuerdo mucho…………..lo mismo a mi Tia Julia tu esposa

Hoy estaran felices todos, incluso mi madre querida Matilde

Que Dios los bendiga, y un hasta siempre

Orgullosa de Uds. vuestra sobrina

Quena




Por: Lorena De Vicenzi C — 2007-09-25

me hubiese gustado admirar las fotografías. Sería un orgullo.




Por: FRANCISCO MILLARD RUBIO — 2007-09-05

SOY UN HOMBRE ORGULLOSO DEL PASADO DE SU PAIS, Y ME SIENTO MAS ORGULLOSO AL RECORDAR A LOS “FAMOSOS HERMANOS RUBIO”.

LOS HERMANOS RUBIO HICIERON HISTORIA EN EL PERIODISMO GRAFICO CHILENO E INTERNACIONAL.

ES EL UNICO CASO EN QUE TRES HERMANOS RECIBEN EL PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO EN DIFERENTES AÑOS.

GRANDES “EMILIANO, FELIX Y MIGUEL” VUESTRA HERMANA, MI MADRE MATILDE, ESTABA MUY ORGULLOSA DE USTEDES.




Por: Iván Lepe — 2007-09-04

Felicito a Juan Domingo, por su trabajo y dedicación, en Chile no existen estudios de esta profesión, concuerdo con una carta que muchos gráficos quedaron en el tintero y merecián estar en esta investigación.




Por: Manuela — 2007-08-23

Hola les quiero comentar que soy argentina, pero vivo en Asunción - Paraguay, y estoy haciendo mi tesis para recibirme de Lic. en Ciencias de la Comunicación, y es sobre fotografía. Quiero investigar la condición del fotografo de prensa y porqué están así. Ellos no son reconocidos, es un trabajo pesado, complicado muchas veces. No tienen instituciones que avalen su profesión. Bueno tengo muchos amigos, inclusive un hermano fotógrafo, y conozco sus problemas. La cuestión es, q me gustaría tener mayor bibliografía, o artículos que me ayuden construir mi MARCO TEÓRICO. SOBRE FOTOPERIODISMO O REPORTERISMO GRÁFICO. Gracias. Mi mail: kukifool@gmail.com




Por: Pedro Arroyuelo — 2007-06-26

No existió Raul Alvarez en Revista Paula?????????? primer fotógrafo de ella




Por: Alonso Benavides — 2007-06-25

Gracias por la información expuesta, me sirvió para realizar
un análisis iconológico de las fotografías periodísticas de Oscar Rosales, sobre el Chacal de Nahueltoro.

Me gustó bastante el texto




Por: Patricio Buller — 2007-06-21

Creo que la fotografía ayuda a mostrar la realidad de algunas personas, la pobresa, las drogas….etc
Los fotografos son importantes ya que con su trabajo le muestran a la sociedad y al mundo entero la realidad que hay en cada lugar de este planeta.

Que piensan si cada uno de los que son y no son fotógrafos tomaran una camara y fotografiaran algo que les impacta y lo subieran a una pagina en comun, que cada persona de este planeta hiciera eso, con que realidad nos encontrariamos o descubririamos.




Por: DANIELA — 2007-05-25

Realmente es interesante el mundo de la fotografía. Destaco a José “Pichanga” Muga que fue un excelente profesional y pionero en las fotografías de crímenes. El “pichanga” que ya no está con nosotros, tuvo la virtud de enseñarle la fotografía a su hijo menor y nos dejó como legado a Marco Muga uno de los mejores fotógrafos que existen en la actualidad. Ambos (padre e hijo) hicieron de la fotografía una forma de vida.




Por: Manuel Basualto — 2007-04-10

Es desconcertante lo que acaban de escribir en este artículo, el nombre de un destacado reportero gráfico cambiado. Aparece Manuel Basualto, dado que en esos años el reportero grafico era Alejandro Basualto, lo cual lo pueden comprobar por funcionarios aun vigentes o investigar mejor antes de publicar este articulo.




Por: Rosa Basualto — 2007-04-08

En la decada de los sesenta menciona a Luis Basualto y Manuel Basualto, al parecer es un error ya que el nombre de un reportero gráfico de esa época era Alejandro Basualto y si no me equivoco el fué que plasmó con su cámara el fusilamiento de El Chacal de Nahueltoro, tambien el mostró el desastre que dejó el terremoto de Valdivia en el año 60. fotografió por primera vez en Chile un trasplante de corazón, no recuerdo exactamente en que año fué, que tristeza, que después olviden hasta el verdadero nombre de una persona que nos mostró con su trabajo la vida que se vivia en esa época, yo soy una orgulloza hija de ese reportero gráfico




Por: Manuel Olivari — 2007-03-27

Muy bueno el articulo de don Juan Marinello,como visión panorámica del fotoperiodismo chileno. Me trajo recuerdos,porque conocí y estuve al lado de muchos de ellos en jornadas de prensa,como corresponsal periodístico en Perú. De Heliodoro Torrente un gran recuerdo, excelente fotografo, quien me ayudó a fotografiar escenas de la Antártida (cuidado con la luz,cierre un poco el lente…me decía) en aquel vuelo memorable de hace medio siglo que hizo una aeronave de LAN sobre el Polo Sur. Heliodoro,no solo me aconsejó tomar las fotos,me dió una cátedra y él captó unas extraordinarias,siendo una de ellas portada de Ercilla. Las mias, salieron buenas e ilustraron una página central del diario “La Crónica”, de Lima. Don Heliodoro fue un gran reportero y amigo , exponente del fotoperiodismo chileno.




Por: CHRISTIAN GARCIA — 2006-12-29

me gustaría saber mucho mas de don ELIODORO TORRENTE PREMIO NACIONAL , ya que mi esposa en nieta de el, gracias




Por: Samuel Salgado — 2006-12-20

Estimada Marietta me gustaría contactarme contigo.
Me puedes llamar al teléfono 6762269 y preguntar por Samuel Salgado.




Por: miguel — 2006-12-19

Busco fotografías que aparecieron en la revista Ecran que se publicaba en Chile en los años cincuenta de la actriz española Carmen Sevilla. Alguien sabe si el fondo de la revista todavia está al alcance de alguien. Gracias.




Por: HENRRY GONZALEZ — 2006-12-18

MUCHAS GRACIAS,ES IMPORTANTE TENER ESTE SERVICIO EN AYUDA DE MIS ESTUDIOS,SOY ESTUDIANTE DE COMUNICACION SOCIAL EN VENEZUELA…




Por: BIBI DE VICENZI — 2006-11-27

pudieron incluir algunas fotogafias era mi padre




Por: Marietta De Vicenzi — 2006-11-20

Esta buena la informacíon, pero deberían destacar mas.
Bibi De Vicenzi era mi abuelo




Por: pia belen — 2006-10-21

lo encuentro muy interesante pero deberia ser un poco mas resumido pero no importa son detalles pero me intereso la informacion porque yo queria encontrar una otra informacion pero empese a leer esta informacion y me intereso lo que decia asi que lo empese a leer bueno ¡los felicitos por escribir esta informacion¡¡¡¡




Por: Jaime San Martin — 2006-10-16

Espero con ansias el período entre el ‘73 y el presente. No se si concuerda conmigo, pero me parece que el legado de La Epoca es el que ha marcada la generación de fotógrafos de prensa contemporáneos. También merecen atención las agencias internacionales, de las cuales cada vez más forman parte chilenos, como Roberto Candia, Víctor Ruiz y Tomás Munita, sólo por nombrar algunos.