Medios de Comunicación, Política y Democracia

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La falta de tensión sobre el futuro le resta drama a la vida social, pero lo más importante, le expropia a los medios de comunicación y a la actividad política, la razón y la emoción de las cuales se alimentan.

Si algo distingue a nuestro país al inicio del siglo, es que ha logrado altos niveles de consenso respecto del “qué hacer” para resolver los problemas que nos impiden ser una nación plenamente desarrollada en el futuro. Muchos piensan que este consenso se refiere solamente al modelo económico que instala en Chile el gobierno militar a partir de la década del 70, sin reparar en el hecho que el modelo de consenso es mucho más que economía.

Estos consensos abarcan múltiples dimensiones de la vida social, y por tanto, cuando hablamos “del modelo”, nos referiremos al “Modelo de desarrollo global de Chile”, el cual está definido por un conjunto de otros consensos perteneciente a todos los ordenes de la vida social, los cuales guían tácitamente el comportamiento de la gran mayoría de sus actores.

El primer consenso se refiere al hecho que la democracia representativa es imperfecta, pero indudablemente mucho mejor que cualquier otro sistema político al que podemos acceder para resolver los problemas de la sociedad en su conjunto.

En segundo lugar, el capitalismo es salvaje, pero el mercado asigna mejor los recursos que el Estado.

En tercer lugar, el motor del desarrollo está en la iniciativa privada, y el Estado debe ser subsidiario, es decir, hacer las cosas que los particulares no pueden o no tienen la capacidad para hacer, pero en lo fundamental, debe ocuparse de aquellos actores que no participan en el mercado y resolver así los problemas de inequidad que el mismo modelo produce. Además, el Estado, debe generar iniciativas para ejercer el control y la supervisión de sus múltiples actores, tanto del ámbito público como privado.

En cuarto lugar, la globalización, con sus luces y sombras, es un hecho del cual no nos podemos sustraer y por último, lo que nos diferencia, de vez en cuando, es la agenda valórica, pero ya nos hemos acostumbrados a que siempre nos arreglamos para volver al equilibrio indicado por el modelo.

Esta realidad consensuada hace desaparecer, en gran medida, la tensión sobre el futuro, y le resta drama a la vida social, pero lo más importante, le expropia a los medios de comunicación y a la actividad política, la razón y la emoción de las cuales se alimentan.

Si cualquier opción política nos lleva al mismo final, y los medios no tienen la controversia y el drama para despertar el hambre de comunicación y sentido que los mueve, se explica, al menos a nivel de hipótesis, la baja de la lectura de la prensa (la televisión es otra cosa) y la apatía por la política. Ambas actividades se han transformado en “commodities”. Las diferencias entre la “izquierdas” y las “derechas” se han acortado a tal punto, que hoy es posible encontrar gente que se auto declara de derecha preocupada auténticamente de los pobres, y gente que se auto declara de izquierda, preocupada auténticamente de su bienestar personal y familiar.

Hoy vemos, sin extrañeza, que personeros de la izquierda tradicional, han asumidos altos cargos ejecutivos en organizaciones empresariales, como el “Consejo Minero” y la “Confederación de la Producción y el Comercio”.La línea divisora de los territorios en política ha perdido nitidez.

¿Qué hacen los medios y la política para enfrentar este nuevo escenario? Ambos, si no hay tensión sobre el futuro, se vuelcan a la realidad del presente como eje articulador de su discurso, ahí sustituyen el drama del futuro por el drama del presente. Ambos, obligados a sobrevivir, se han embarcado en la tarea de sobre consumir el presente, corriendo la línea de lo público y lo privado a extremos nunca antes visto. La política habla hoy de “resolver los problemas concretos de la gente”, y los medios, no todos los medios, de participar de las conversaciones habituales de la gente, que normalmente giran en torno de la explotación de la vida privada de personajes que ellos mismos han inventado. Quizás, el deseo oculto, es que debieran ayudarnos a”vivir el tiempo”, en vez de ayudarnos a “matar el tiempo”.

Indudablemente esto ha provocado un cambio valórico. Antes, sobre todo la juventud, tenía una ética sacrificial, es decir, estaban dispuestos a sacrificar su presente por un futuro mejor, a eso le llamábamos tener ideales. Hoy es todo lo contrario, hay que vivir el presente, porque el futuro llegará de una manera igual para todos y no lo puedo evitar. Entonces debemos vivir la vida a tope, porque vida hay una sola. Cada uno tiene su propia agenda, la que de vez en cuando, coincide con la agenda de la política y de los medios.

¿No será la llamada “revolución de los pingüinos” el primer estallido social que hace manifiesto el malestar social por la falta de coincidencia entre la agenda de las personas, respecto de la agenda de la política y de los medios?.

Las personas miran al mundo desde sus necesidades humanas fundamentales, y estan son: La subsistencia, la protección, el afecto, el entendimiento, el ocio creativo, la participación, la identidad, la libertad, necesidades que no se registran en ninguna encuesta, porque son necesidades latentes que las personas no sabemos expresar. La satisfacción de éstas necesidades contruyen el sentido de la existencia y, por supuesto, pertenecen a una dimensión superior respecto de las necesidades que pretende resolver la economía: techo, comida, abrigo, salud, educación. etc. El malestar social, entonces, es una crisis de sentido.

La pregunta queda abierta.




Por: Cristóbal Fernández — 2006-06-22

Y, bueno, la imagen de arriba nos da las pistas para una respuesta significativa. Esa misma imagen se usó en la portada del texto “Nosotros, el medio”, de Bowman y Willis, que muestra cómo los blogs son la nueva herramienta que ayudará a fortalecer el periodismo participativo o ciudadano. Las personas comunes ahora pueden poner sus temas en la agenda. Se acerca la brecha entre la opinión pública y la opinión publicada, que nunca es igual. El problema es que los que tienen acceso a eventualmente crear un blog son muy escasos y, tal como dice Castells, puede que sólo sirva para cohesionar los lazos de los que están en la elite, separándose aún más del resto… definitivamente terminaríamos por tener dos sociedades, casi opuestas, sin nada en común… dos comunidades o, más bien, una multiplicidad de ellas.

Con respecto a la “revolución de los pingüinos”, creo que hay que detenerse a pensar quién está detrás de esas movilizaciones. Si nos damos cuenta, todos sus líderes militan en partidos políticos o tienen alguna relación con ellos. Esto no surgió por iniciativa propia de los estudiantes, sino que hay gente que está detrás. De cualquier forma, creo que en el Gobierno de Ricardo Lagos esto no hubiese sucedido, dado su carácter paternalista y autoritario. Creo que los chilenos, por su naturaleza como nación, necesitan de ese tipo de gobiernos, pues sino, se desbandan, se sienten inseguros. Lagos les daba seguridad… sino entonces, ¿por qué esta “revolución” no ocurrió antes? La LOCE existe desde hace varios años, ¿por qué recién ahora protestan? Necesitan una mano firme.

Además la política de Bachelet de no hablar, de no poner los temas en la agenda (Lagos sí lo hacía, hablaba de todo, todos los días), perjudica su gestión y da la sensación de inseguridad. Y a nadie le acomoda la inseguridad. Menos a los chilenos.




Por: carolonline — 2006-06-09

El poder político será realmente servidor del Bien Común cuando, respetando la legítima libertad de los individuos, de la familia y de los grupos intermedios, se esfuerce por crear eficaz y justamente las condiciones adecuadas para alcanzar el verdadero bienestar del hombre, incluido su fin espiritual,cosa que constantemente omitimos por nuestras actitudes egoístas.