Comunicación, empresa y virtud: La virtud de lo virtual

Dali reloj.jpgAunque se opone a lo real, lo virtual no es lo irreal ni lo eventual. Tampoco es lo probable, lo informe, y menos, lo vacío. Su significado remite más bien a su etimología latina,virtus, que indica fuerza, energía, impulso, virtud. Aquello que, según la Real Academia Española de la Lengua, tiene la capacidad de “producir un efecto, aunque no lo produce de presente”. Lo implícito, lo que tiene existencia aparente, sobreentendida, tácita.
En su acepción virtual, virtuosa, la empresa es mucho más que un conglomerado de edificios, una mesa de capitales, un agrupamiento de personas o un stock perecible: es una fuerza que conduce a la organización, que empuja las voluntades, que potencia al medio.


Su contenido es omiso, y quizás por ello requiere ser comunicado o, al menos conocido. Porque, si lo que mueve a la empresa no la conmueve, ésta difícilmente alcanzará su identidad, que, para este efecto, es lo mismo que integridad. La virtualidad que le otorga a la organización su transparencia, su ideario traslúcido, es la materia de trabajo de las comunicaciones, el tema que enfrenta.
La virtud está en movimiento, aunque no siempre en fase con la empresa. Es una energía que se transforma y que necesita explicitarse, hacerse verbo, ícono que atrapa el ímpetu y le otorga sentido a la acción. Las crisis y éxitos económicos no son otra cosa que crisis y éxitos, debilidades y fortalezas, del discurso llevado a la acción. El logos es el fondo de la producción.
Apelando de nuevo a la imagen holística de la piedra en el estanque de agua, de la irradiación, es posible detallar en su centro el nudo de la organización. Un núcleo de identidad que contiene el carácter, el ADN de la empresa, el cual está compuesto por sus proyectos y valores.
El núcleo de la organización es su virtus, el cual se expresa al menos en dos interrogantes claves: el qué hacer, que refiere al proyecto; y el cómo hacerlo, que remite tanto a los valores involucrados, como a los instrumentos ‑humanos y técnicos‑ necesarios para desarrollarlos.
Es a partir de este nudo, de su claridad y potencia, que la empresa se despliega alrededor, convertida en imagen, sensual y sensible. Es en éste, su componente genético, que encuentra la química de seducción, las palabras y formas capaces de congregar el ánimo de la organización y de su entorno para el cumplimiento de metas.
La organización no es un cuerpo objetivo, sino un cuerpo ideal. Un nus que se desenvuelve y revela, que da y quita en cuanto deviene formal. Es a partir de ahí que la empresa se hace tangible, medible, observable; sólo entonces se vuelve imagen, fetiche ‑cobre, leche, envase, atención, colores, edificios, logos, publicidad, identidad corporativa, prestigio, cotizaciones‑, o sea, objeto de contemplación, deseo y transacción.




Por: Cristóbal Fernández — 2006-06-22

¿Y qué metodología existe para llevar el discurso a la acción de forma eficiente y así lograr el éxito? Me imagino que se requiere de algo más que saber qué hacer y cómo hacerlo… ese es el punto básico, pero en definitiva, es sólo la punta del iceberg, ¿no?