El pie de la historia

El tercer episodio de la genial serie de televisión Six Feet Under termina con Freckles, una perra chica rojiblanca, que sale de un sitio eriazo luciendo, en primer plano y con toda su ingenuidad canina, un pie humano en su hocico. Como el arte y la vida se copian mutuamente sin escrúpulos, una imagen muy similar es la que inició el caso del descuartizado Hans Pozo. O más bien ésa es la imagen con la que debió haber comenzado, pero mis colegas nos negaron el nombre del perro o su aspecto –la raza, con toda seguridad, era la quilterry–, así como otros detalles que pudieron ser significativos en la construcción de la historia y que pasaron inadvertidos en el empeño de la descripción de otros asuntos que parecían mucho más escabrosos, incluidos el perfil más novelesco que psicológico del asesino, harto distinto de lo que finalmente resultó.

La periodista y escritora Linda Wolfe se ha especializado en historias de sangre entre personas comunes y corrientes, publicadas casi todas en la revista New York y en varios libros. La más famosa, tal vez, es la de los gemelos ginecólogos Marcus, que murieron drogados en medio del chiquero en el que convirtieron su consulta y que inspiró la magnífica Mortalmente parecidos de Cronenberg. Hay detalles de esa historia que son espantosos y Wolfe podría haberse concentrado en ellos, aumentando las sensaciones que producen de suyo; es decir, haciendo sensacionalismo. Pero en cambio incorpora en su narración aspectos bien investigados que humanizan, que hacen personas a los infelices protagonistas.

En este caso local algo se ha hecho al respecto, pero está claro que aquí todavía falta que el arte (en este caso, de contar historias) le copie a la vida.