Sobre simplificación periodística

Este año Cuadernos de Información se concentra en la simplificación periodística, es decir, cómo los contenidos que presentan los medios de comunicación no reflejan lo complejo de la realidad actual. Esa es la idea fuerza, el tema. Pero, ¿es tan así? ¿Podemos decir a ciencia cierta que el periodismo en general nos está presentando una versión sesgada e insuficiente del mundo, una visión que coarta nuestro entendimiento de él? ¿Es este sesgo algo nuevo, ha estado siempre, o se ha vuelto peor con los años? Y más importante aún, ¿quién tiene la culpa?
Parte del problema tiene que ver con condiciones de facto. Actualmente vivimos en la que quizás sea la época más dinámica y compleja de la Edad Moderna. La globalización avanza y con ello aumentan la interdependencia económica y el contacto entre las personas y sociedades. Los mercados se diversifican mientras día a día las redes de información extienden su alcance a los lugares mas remotos del planeta, haciendo que las culturas se crucen, mezclen, y también se enfrenten. Incluso dentro de los límites de Occidente, los principios y convicciones tradicionales pierden su exclusividad ante un múltiple escenario de verdades en competencia donde ninguna puede imponerse a ciencia cierta sobre las demás. De hecho el mundo de hoy se ha descrito como uno que se debate entre McDonald’s o Yihad, igualdad o crecimiento, sexo casual o abstinencia, la parroquia o el mall.
A este escenario hay que sumar el hecho de que los medios de comunicación están al centro del debate en torno a la globalización. Son ellos quienes tienen la sartén por el mango en la aldea global. Y esto no sólo porque el actual sistema no sería viable sin los desarrollos tecnológicos en información y comunicación (principalmente el desarrollo de una infraestructura de red satelital –que permite comunicación real time- y los grandes avances en digitalización y procesamiento de datos –que hicieron posible un formato único de almacenamiento y un radical abaratamiento de sus costos). Sino también por las consecuencias culturales, axiológicas, simbólicas, y de construcción de identidad que la creciente mediatización pueda tener en las distintas sociedades.
Ahora bien, si las industrias de información y comunicación han cambiado radicalmente estos últimos años, ¿es necesario que el periodismo también lo haga? Y si así ha sido, ¿de qué modo se han visto afectado el corpus de contenidos, de que modo se ha alterado la manera en que el periodismo hace referencia de la realidad? Más importante aún, su posible incapacidad de traducir apropiadamente un mundo que se vuelve más y más intrincado y complejo, ¿es intencional?
A grandes rasgos hay dos corrientes de interpretación. La primera dice que no, que si bien puede haber simplificación periodistica en algunos casos, el fenómeno no es generalizado. Lo que está ocurriendo es más bien una segmentación. Esta corriente de interpretación es principalmente analítica, esto es, que se dedica a describir y detallar lo que ocurre, y generalmente proviene de disciplinas como la economía, el media management, o las ciencias técnicas. El énfasis lo pone en la descripción de los cambios en la infraestructura tecnológica de los medios y sus modelos de gestión. Si bien aborda tangencialmente los cambios en los contenidos periodísticos y sus efectos sociales, cuando lo hace se concentra en la segmentación de las audiencias y la diversificación de los mercados (o cultural). No reconoce de manera tajante un fenómeno de simplificación periodística y, en el fondo, hay una visión optimista de los efectos del liberalismo económico, la globalización, y la influencia del mercado. Quizás por eso mismo esta perspectiva no se detiene demasiado en los medios masivos sino que destaca el potencial de internet, los blogs, la cultura del download, la interacción en línea, incluso la televisión satelital. El periodismo va cambiando de la mano con el mundo, se va diversificando en distintos canales, adaptándose, cambiando de piel acorde se va haciendo presente el futuro.
El problema de esta postura es que muchas veces peca de naif y puede ser bastante aburrida. La complacencia puede devenir en aridez teórica y pobreza crítica. No pega, no duele. Y esto en ocasiones lo lleva a uno a sospechar sobre quién está detrás de la investigación, quién la está financiando.
La otra corriente de interpretación, en cambio, considera que nosotros los ciudadanos comunes nos hemos visto limitados o coartados por un discurso periodístico que, debido a la concentración de los medios de comunicación, ha pasado más bien a ser una herramienta del status quo. Generalmente esta posición proviene de las ciencias sociales y como tal, no se queda sólo en la descripción sino que examina causas y efectos. Se asume al periodismo como servicio público, es decir se privilegian sus funciones educativas y de contribución a la democracia a través del escrutinio del poder. Al ser asimilado por grandes cadenas mediáticas, el periodismo pierde autonomía y debe privilegiar criterios como la rentabilidad y el entretenimiento. Ergo, se hace más ramplón, trivial, simple, e inofensivo. No es que haga un esfuerzo -de hecho le está dando a la gente lo que esta quiere- es simplemente que ahora se ve coartado para ir en dirección contraria. No puede revertir las tendencias sino que contribuye a que cada día exista una mayor brecha entre la élite informada y las masas entretenidas, a la despolitización de la población, y a la incapacidad de generar cambios en el sistema.
Esta visión de tono pesimista generalmente se basa en una visión favorable de la social democracia y el estado benefactor, el cual estaría encargado de redistribuir el capital cultural y la información. Globalización, liberalismo, y el libre mercado acentúan las desigualdades, y por eso hay una urgente necesidad de desarrollar mecanismos paliativos. Su principal falencia es que pone demasiado énfasis en los mass-media y las audiencias populares, sin profundizar en los fenómenos actuales que corresponden a la segmentación de audiencias o diversidad. Y si las trata, tampoco se detiene mucho en sus posibles ventajas sociales. Naturalmente, si nos dedicamos a ver los estelares prime-time de la televisión abierta, a leer el The Sun con sus noticias sobre los aerolitos con forma de órganos sexuales, uno puede llevarse una idea de que el mundo se ha vuelto una cosa un poco trivial.
Además, esta corriente crítica asume que los medios son actores sociales de cambio y democratización. Que deben generar participación y conciencia ciudadana, que son cruciales para el mantenimiento y desarrollo de la democracia. Todas estas afirmaciones se asumen como supuestos, los que muchas veces no vienen avalados por evidencia empírica.
Lo mejor de esta corriente es que destaca ciertas prácticas actuales que llevan a preguntarnos sobre la naturaleza del periodismo. Es una pregunta ontológica que pone el dedo en la llaga. ¿Qué es ser periodista? ¿Cuáles son sus atributos esenciales? ¿Cómo se diferencia de otros entes similares, como por ejemplo de un relacionador público, un asesor comunicacional o un publicista? ¿Qué define al periodismo? Qué se mantiene inalterado a pesar de que la realidad se vuelva más compleja y dinámica, a pesar de que cambien las tecnologías, los soportes, los modelos de gestión y los requerimientos de las audiencias.
Por: mariana — 2007-03-05
me parecio muy interesante