The Economist, una vez más.

Hace unos cuatro años recibí de Oracle -no sé por qué yo, pero gracias- una suscripción de regalo a los contenidos premium de la edición online de The Economist. A diferencia de la mayoría de los otros medios con una versión en la red, The Economist no regala sus contenidos. Parte de ellos son de acceso libre, pero lo más atractivo está reservado para los suscriptores. Gracias a Oracle, por un año me convertí en uno de ellos. The Economist no regalaba, pero permitía que otros lo hicieran en su nombre.

A comienzos de marzo, ya por años sin suscripción y sin ánimo de pagar su alto precio, entré curiosear en www.economist.com para ver su contenidos gratuitos. En vez de la página de inicio, apareció un mensaje indicándome que podía entrar como siempre a la versión limitada, pero que tenía la opción de ver los contenidos premium si antes veía unos avisos. Por supuesto que eso hice y se desplegó en tres pantallas consecutivas un mensaje publicitario. Tras él, acceso total.

Antes y ahora, con una suscripción de regalo o con publicidad de alta visibilidad, The Economist explora nuevas fórmulas de financiamiento. Pero lo hace con una pureza conceptual que parece reflejar una cruzada, muy coherente con la línea del propio medio.

No es sólo que The Economist no esté dispuesto a regalar contenidos que sabe valiosos. Nos está diciendo que no hay nada que sea gratis. Que la cuestión a resolver es quién está pagando. Y The Economist lo hace explícito. Puesto así de manifiesto, la publicidad que contiene no es a los ojos del lector un mero accesorio o una molestia junto a los contenidos. Es el modo de financiar el acceso a contenidos valiosos. O paga el lector o paga el anunciante, pero pretender obtener algo valioso a cambio de nada, está fuera de lugar en la ética de The Economist.




Por: Franciscus — 2006-03-22

HACiendo uno del encabezado de los últimos dos post, HACE dos años me suscribí a El Pais.es y me convertí en uno de los pocos que pagó por ver las noticias de ese diario, además, en formato pdf. El año pasado, en una campaña para captar más suscriptores online y de la cual me sentí ajeno, pues ya me habían cobrado los 80 euros del segundo año de manera automática -y sin avisarme ni antes ni después-, los de El País.es regalaron como bonus track el acceso a los contenidos de Le Monde. Y claro, ese regalo no fue gratis: todos los días me llegan tres o cuatro mails del matutino francés. No hay publicidad, pero gasto cerca de cinco segundos en borrar los mails y, de paso, la marca Le Monde se fija cada día como referente franchute. Mishhhh!!!!!